lun. May 25th, 2026

Wyndham Clark ya tenía el CJ Cup Byron Nelson cocinado. Podría haber jugado a lo seguro para cuidar el resultado, pero en el hoyo final decidió ir directo a la bandera de todos modos. Dejó el tiro de aproximación a menos de un metro y liquidó el pleito. Con esa jugada y la firma final, se convirtió en el primer golfista en la historia del PGA Tour en ganar dos torneos cerrando con una vuelta de 60 golpes.

El campeón del US Open 2023 metió un domingo de locos con 11 bajo el par. Con esa arremetida pasó por arriba al surcoreano Si Woo Kim por tres golpes y dejó totalmente atrás al campeón defensor, Scottie Scheffler, con quien arrancó el día empatado como el gran favorito de la casa.

Hay un antecedente fresco de Clark y el mágico 60. En 2024, en Pebble Beach, también firmó ese número para llevarse la victoria, aunque en ese momento ni él sabía que era el golpe de gracia. Resulta que el clima obligó a cancelar la ronda del lunes y le dieron el título por default. La otra diferencia que se le vino a la cabeza al campeón es que hace dos años, en el mítico green del 18 de Pebble Beach, tuvo un putt para águila que le hubiera dado un 59 histórico, pero se terminó conformando con el birdie.

Ahora la historia fue distinta en el TPC Craig Ranch, una cancha al norte de Dallas que fue renovada pero que igual se dejó atacar. En su primera victoria desde aquel torneo, Clark apretó el acelerador y embocó cuatro birdies en los últimos cinco hoyos. Terminó el campeonato con -30 (254 golpes) y una vuelta de 28 en los segundos nueve hoyos. Fiel a su estilo, no especuló.

“Pienso en lo de Pebble y fue increíble, pero allá me quedé con la sangre en el ojo de no hacer 59. Acá esa marca no estaba necesariamente en los planes. Simplemente estoy orgulloso de no haber dudado, de no tirarme atrás a buscar tiros conservadores para entrar cómodo. Me mantuve muy agresivo”, soltó Clark tras festejar su cuarta victoria en la gira, quedando a un solo golpe del récord del torneo que fijó Scheffler el año pasado.

Del otro lado estaba Kim, que arrancó el domingo arriba por dos golpes. El asiático clavó un 65 y cerró en -27, pero el envión no le alcanzó. Como ironía del destino, el noveno birdie de Clark en la vuelta final igualó el 60 que Kim había logrado en la segunda ronda, cuando el surcoreano también coqueteó con el 59 pero un bogey en el último hoyo le pinchó el globo. “Si sigo golpeando la puerta, algo va a caer. Creo que es el mejor golf que jugué en mi vida. Obvio que frustra un poco, pero no hay nada que hacerle, Wyndham jugó bárbaro”, admitió Kim, que viene buscando levantar un trofeo desde el Waialae en 2023.

Por el lado de Scheffler, el número uno del mundo sumó -25. Lo loco de su fin de semana es que estuvo a punto de convertirse en el primer jugador del PGA Tour, desde al menos 1983, en completar un torneo entero sin anotar un 5 o más en su tarjeta. La racha se le cortó recién el domingo en el par 5 del hoyo 12, cuando paseó la pelota de bunker a bunker y erró el putt para birdie. Cuando le preguntaron si estaba al tanto del dato, fue clarito: “No. Pero en una cancha como esta, si querés pelear los 30 bajo el par que hizo Wyndham, no podés darte el lujo de hacer muchos 5”.

Atrás en el tablero también hubo mucho movimiento. Jackson Suber metió la mejor ronda de su carrera con un 63 para quedar cuarto con -23, seguido muy de cerca por Keith Mitchell en el quinto puesto. Brooks Koepka, que todavía anda rastreando su primer triunfo desde que pegó la vuelta de la liga LIV Golf, cerró con un 68. Y el otro crédito local, Jordan Spieth, logró maquillar el fin de semana con un 66, cerrando en -15 después de haberse caído feo de la pelea el sábado.

La irrupción de Blades Brown

Pero el torneo no fue solamente una exhibición de los que ya están consagrados. También sirvió como escenario para confirmar que viene una camada pisando muy fuerte. Acá entra la historia de Blades Brown, un pibe de apenas 19 años que se acaba de ganar el derecho a usar exenciones ilimitadas de sponsors por lo que resta de la temporada del PGA Tour.

Para conseguir esta membresía temporal especial, a Brown le alcanzaba con terminar en el puesto 21 en solitario, pero se despachó con un 67 el domingo en el TPC Craig Ranch, cerró con -18 y se metió 14º en el tablero general.

Ojo con el contexto de este chico: terminó el secundario recién en enero de este año. Ese mismo mes ya estaba compartiendo el grupo final en The American Express ni más ni menos que con Scheffler y Kim, aunque se desinfló en la recta final y terminó 18º. Poco después, en el Puerto Rico Open, llegó a liderar los últimos nueve hoyos antes de comerse un triple bogey por tirar la pelota al agua y quedar tercero.

Brown se hizo profesional el año pasado, tiene los genes deportivos de su lado (su mamá, Rhonda Blades, jugó en la WNBA) y actualmente marcha 13º en los puntos del Korn Ferry Tour. Si logra mantenerse en el top 20, se asegura la tarjeta del PGA Tour para el año que viene. Ahora tiene sobre la mesa ocho torneos potenciales del circuito grande para jugar, y la idea es mechar eso con el calendario de ascenso. Seguramente se lo vea en ambos frentes.

Sabe que su recorrido no es el tradicional, pero la tiene clarísima cuando le toca hablar de su entorno. “Mis viejos son mi mayor soporte. Mi viejo se habrá perdido unos dos torneos en toda mi vida, y me bancó siempre, hasta cuando yo mismo no me la creía”, contó el joven de Nashville apenas terminó su paso por el Nelson. Y con esa cabeza, queda claro que este pibe recién está arrancando.