jue. Mar 5th, 2026

Arrancó febrero de 2026 y el panorama laboral muestra una dinámica compleja. Por un lado, se da la pelea constante por mantener el poder adquisitivo en los sectores de menores ingresos; por el otro, avanza una revolución tecnológica que no perdona. En Argentina, esta realidad golpea de cerca a las empleadas de casas particulares, quienes este mes van a cobrar exactamente los mismos salarios básicos que en enero, fundamentalmente porque todavía no se cerró ningún acuerdo paritario nuevo para el sector.

Sueldos congelados y la estructura de pagos

Los valores actuales siguen atados a la Resolución 3/2025 de la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares. Es decir, los montos mínimos obligatorios en todo el país se mantienen sin cambios, a la espera de que el organismo anuncie nuevas revisiones. Eventualmente, la escala se va a tener que volver a discutir en función de cómo impacte la inflación y la evolución del contexto económico general.

Los sueldos mínimos varían según las tareas específicas y la modalidad de contratación, ya sea con retiro (cuando el personal termina su jornada y se va a su casa) o sin retiro (si residen en el mismo domicilio donde trabajan). A estos salarios base se le suman los adicionales de rigor. Primero, el 1% por cada año de antigüedad calculado sobre el sueldo mensual. Segundo, un plus del 30% por zona desfavorable para quienes trabajan en el sur del país, abarcando las provincias de La Pampa, Río Negro, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, además del Partido bonaerense de Carmen de Patagones.

La integración de los bonos al salario

Un dato clave del esquema actual es qué pasó con las sumas no remunerativas. Esos bonos extraordinarios que se pagaron en noviembre y diciembre de 2025 ya quedaron incorporados de forma definitiva al sueldo básico a partir de enero.

Estos montos dependían exclusivamente de la cantidad de horas trabajadas. Se pagaron 6000 pesos para quienes hacían hasta 12 horas por semana, 9000 para la franja de 12 a 16 horas, y 14.000 para las que superaban las 16 horas semanales. Al integrar estas cifras directamente en el haber mensual, tanto el valor hora como el sueldo base se consolidaron en niveles un poco más altos que al cierre del año pasado.

El dilema global: salarios vs. máquinas

Mientras en el ámbito local la discusión pasa por cómo actualizar los ingresos para no perder contra los precios, a nivel global se está estudiando un fenómeno que complica todavía más el escenario de los trabajadores no calificados: cuando el costo de la mano de obra sube, las empresas aceleran el reemplazo de humanos por máquinas.

Erik Brynjolfsson, un reconocido economista de la Universidad de Stanford, viene armando un mapa sumamente detallado de cómo la tecnología está reconfigurando el mercado laboral estadounidense. La foto es cada vez más oscura para los que están en la base de la pirámide corporativa. En un nuevo documento de trabajo publicado este febrero por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), Brynjolfsson y su equipo pusieron la lupa sobre el sector industrial y encontraron algo contundente: los aumentos en el salario mínimo están acelerando directamente la adopción de robots en las fábricas.

Datos duros y reemplazo laboral

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigación cruzó microdatos confidenciales de la Oficina del Censo de EE. UU. con registros de importación aduanera. Así rastrearon a unas 240.000 empresas manufactureras entre 1992 y 2021, identificando el momento exacto en que las fábricas empezaban a importar máquinas de Japón, Alemania y Suiza.

El hallazgo central es muy claro. Un aumento del 10% en el salario mínimo está asociado con un incremento aproximado del 8% en la probabilidad de que una empresa decida adoptar robots industriales. Según los autores (J. Frank Li de la Universidad de Columbia Británica, Javier Miranda del Instituto Halle de Alemania, Robert Seamans de la NYU y Andrew J. Wang de Stanford), las empresas obligadas a pagar salarios mínimos más altos tienen muchas más chances de robotizarse, incluso aislando otras características económicas locales.

El estudio es riguroso porque se apoya en un cuasi-experimento geográfico. En lugar de comparar estados ricos con estados pobres, analizaron empresas ubicadas en condados limítrofes, justo a ambos lados de la frontera estatal. De esta forma, compararon negocios que operan en condiciones casi idénticas, pero sujetos a diferentes leyes de salario mínimo.

La doble pinza: la IA y la automatización

Esta lógica encaja a la perfección con la advertencia que el mismo Brynjolfsson lanzó en agosto de 2025. En aquel momento, apoyándose en datos de ADP (la principal empresa de software de nóminas del país), su equipo demostró que la inteligencia artificial ya estaba golpeando fuerte a los empleados administrativos jóvenes. Desde la adopción masiva de la IA generativa a fines de 2022, el empleo para los jóvenes de 22 a 25 años en puestos vinculados al desarrollo de software junior o atención al cliente cayó un 13% en términos relativos. Paradójicamente, los trabajadores mayores y con más experiencia en esas mismas áreas lograron mantener sus puestos o incluso crecer.

Los dos estudios terminan dibujando un mercado laboral que arrincona a los trabajadores desde ambos extremos. La IA avanza desde arriba, eliminando el trabajo codificado de oficina, mientras que la automatización presiona desde abajo en las fábricas. Un brazo robótico resulta mucho más atractivo desde lo económico cuando sube el costo del operario que ensambla o suelda, del mismo modo que un algoritmo rinde más cuando reemplaza a un empleado de call center. Ante este panorama, el desafío para sectores precarizados que dependen de las subas del salario mínimo es cada vez mayor.