Verano 2019, sexo en la terraza para la mirada de los vecinos

Por Pablo Kulcar

Una pareja fue denunciada por tener relaciones sexuales en público por vecinos que la filmaban desde sus teléfonos celulares. Pero, si nos ponemos detallistas, el hecho ocurrió en la terraza de un edificio a ocho cuadras del Obelisco. En Avenida Belgrano y Bernardo de Irigoyen, donde quizá alguno de los dos, ella o él, es propietario. O alquila. Por lo que es propiedad privada. Negar que la vida sexual nos encontró en miles de lugares diferentes y desafíos también diferentes, es ser necio. El placer es algo que se nos asocia a determinadas cosas. Puede ser el exhibicionismo, el miedo, el desafío a la situación peligrosa. Podría seguir con los ejemplos, pero pongamos unos miles de etcétera.

Sexo en lugares expuestos es un desafío a lo establecido o quizá, solamente el resultado de una circunstancia que se dio allí, y que ninguno de los dos estuvo dispuesto a reprimir o dejar pasar. Algo tan ligado al desenfado como al amor.

El sexo fue siempre un poder personal. Es allí donde nuestra libido, fuerza o pulsión de vida se manifiesta hasta un clímax. Este nos da placer pero también nos reafirma como individuos/es en esos segundos, minutos, o lo que dure. Hay una individualidad que se manifiesta por sobre preceptos culturales. A eso se lo intentó reprimir desde la Iglesia, desde el Estado, desde la Moral. Si bien en función de esto se han cometido violaciones permanentes, abusos, el hecho es que la manera de vivir nuestra sexualidad, si es consentida solo responde a dos postulados. El de los involucrados.

El ser social participa de la construcción de esto que llamamos sociedad y allí reconoce ciertas obligaciones y límites en pos de la convivencia. Pero aquí, después de haberlas visto, lo único que las imágenes me sugieren es la falta de muralla en la terraza, dónde agazaparse y disfrutar del desafío sin tanta exposición.

Hoy la pulsión escópica, que es la que nos da placer al ver, está fomentada por una tecnología que coloca al narcicismo en las manos de todos y todes. Podemos filmar todo lo que nos rodea y podemos ser filmados y monitoreados. Es una manera de abrir puertas que estaban cerradas y también a veces exacerbar lo público en detrimento de lo privado. Se suben fotos de cualquiera haciendo cualquier cosa.

La pregunta es entonces quién filmó, para qué, qué lo impulsó a sentir que esto debía ser visto. Dos personas teniendo sexo en una terraza. Sé que no es lo más visto pero también sé que la exposición social abarca todas las conductas.

Una pareja fue denunciada por tener relaciones sexuales en público por vecinos que la filmaban desde sus teléfonos celulares.
Una pareja fue denunciada por tener relaciones sexuales en público por vecinos que la filmaban desde sus teléfonos celulares.

Personas teniendo sexo es natural y cada uno lo vive acorde a su forma de sentir el placer. Podemos inferir si hay algo emocional los llevó a esa terraza, casi escenario. Acaso algo tan viejo como el origen de la vida.

La Iglesia relata una conocida metáfora para explicar la aparición del hombre. No es más que un cuento mágico en el que dos personas ya totalmente desarrolladas y maduras viven en cierto lugar aparentemente paradisiaco. Allí dedican su tiempo sabe Dios a qué (literalmente, es el único testigo) hasta que una víbora le sugiere al tal Adán que sería bueno darle una mordida a unas manzanas. El tal Adán, no sabemos por qué arranque esotérico, tiene una mágica idea. En lugar de comerse la manzana, tendra relaciones sexuales con Eva, su compañera de hastío. Allí nomás se pudre todo y el tal Dios entra en una cólera injustificada, ya que él es el supuesto creador de esos mismos impulsos. Y los raja del paraíso a los gritos pelados, instalando por los siglos de los siglos la palabra Pecado.

Las iglesias mantuvieron estas miradas juzgadoras del acto sexual por diversos motivos. En algunos lugares responde a la composición de su grupo social y en otras, al deseo de imponer culpas donde no las había.

Debemos mantener nuestra intimidad. En estas cosas prefiero que sí. Pero también podría ser que esporádicamente algo nos pasara y eso fuera naturalizado, aunque creo que algo de nuestro pudor no lo permitirá masivamente.

Quiero volver al amigo de la cámara. Me gustaría saber qué es lo que lo asombró tanto como para retratarlo. Yo vi a una persona semiagachada pegada a otra que realizaba movimientos sincronizados que podrían intuir que estaba concentrado en una sola cosa, y que esa estaba por ocurrir. Es decir, dos personas manteniendo una relación sexual que no mostraba nada importante, salvo la vitalidad de él frente a un posible público pasivo, incierto e invisible.

Final feliz. Quiero imaginar que los dos llegan con placer a ese clímax. Que nuestros amigos dieron gritos de libertad anarquista al cielo de una terraza apenas escondida entre edificios, con fisgones de distintas categorías, sonrisas cómplices, envidia suprema por el coraje, e indignación por hacer aquello que te enseñaron “es malo y Dios te castiga”.

El último saludo a la cámara los despide. Abajo, vecinos y policías exigen decoro y moral. Pero yo tengo mi propia teoría. Pienso que la pareja estaba en el living de su departamento viendo por tv unos documentales sobre el desplazamiento de las capas tectónicas y las posibilidad de maremotos y sismos. Allí es cuando suena el timbre y del otro lado de la puerta un amable Testigo, con su libro en la mano, listo para evangelizar, pide que lo escuchen sólo unos minutos.

La pareja le abre lo hace pasar y le escuchan. Éste detalla durante 45 minutos todas las calamidades que están por ocurrir. Les enumera cada una de las catástrofes que ocurrirán, todo lo que Dios considera pecado. Les afirma una y otra vez que vendrán plagas a limpiar la inmoralidad. Que el calentamiento global es solo la puerta al infierno. Que el sida se quedó corto. Que la muerte, el desastre y etcétera etcétera. Cuando lograron despedirse, subieron a respirar a la terraza, y allí, en un mismo y cronometrado segundo, se desvistieron gritando:

¡¡A coger que se acaba el mundooo!!!”. Y lo hicieron.

Un informe canadiense, publicado en la revista The Journal of Sexual Medicine, partió de una muestra obtenida a través de 1.516 adultos (799 hombres frente a 718 mujeres), de los cuales el 85,1% eran heterosexuales y el 3,6% homosexuales. Hacerlo en un espacio público contó con la aceptación del 58% de las mujeres y del 66% de los hombres encuestados.

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