Venado Tuerto, meca de los fierreros

Por Guillermo Tagliaferri (guilletaglia60@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Daniel Mingorance asegura que «me gustan más los fierros que las carreras«. Y aunque su gran pasión es el automovilismo deportivo y corrió en categorías regionales, ratifica su frase con el museo privado que armó en Venado Tuerto, ciudad ubicada en el sur de la provincia de Santa Fe, y en la pasión con que relata la historia de las piezas expuestas. Y cada uno de sus relatos narra la historia auténtica del deporte de las ruedas. 

El museo se encuentra en un amplio galpón, que ya está ampliándose, en el frente del domicilio particular del apasionado ex piloto. Autos de distintas categorías, prototipos, trofeos -como la última Copa conquistada por el mítico Juan Gálvez como ganador de la Vuelta a Santa Fe en 1962-, indumentaria -por ejemplo, el calzado deportivo de Luis Di Palma- y afiches e infografías gigantes.

En una recorrida por el sitio, en la ciudad santafesina, disfrutando la gentileza y los conocimientos de su entusiasta anfitrión, El Café Diario conoció la fascinante narración de este templo del automovilismo deportivo argentino.

El primero de una nutrida colección

¿Cuál fue el primer auto de esta colección? 

La Cupecita. En algún momento yo quería una Cupé para correr en Turismo Carretera. La compré a los 46 años cuando empecé a correr en Fórmula Regional. Corrí durante cuatro o cinco años, hasta que me di cuenta de que me gustaban más los autos de carrera que las carreras de autos y pensé que era preferible que lo que gastaba en correr se quedase en fierros en un galpón y, por eso, desde hace 17 años soy coleccionista.

Daniel Mingorance con uno de los autos de su museo. Foto: Guillermo Tagliaferri.

No debe ser sencillos conseguir autos de carrera, ¿no?

Cuando empecé con la colección, casi nadie buscaba autos de Fórmula, así que pude conseguir muchos, regalados o muy baratos. Con mi señora recorrimos todo el país buscando. Para mí es una forma de homenajear a los que hicieron la historia grande del automovilismo, especialmente del monoposto, en el país.

Seguramente sus vínculos como corredor le habrán facilitado la tarea.

Son años, como decía Porcel, ja, ja. Muchas veces me pasó que gente me pregunta «¿Lo conozco?» y yo respondo: «Yo a usted sí, aunque seguramente usted no se acuerda de mí. Yo tenía 17 y lo vi en el circuito tal cuando corría en un Ford T y usaba mameluco verde«. Así me pasó con muchos. Y encontrás gente que piensa que uno es millonario y pide cualquier precio, y otros son apasionados como uno y te dan una mano. Uno de los autos es de Mario Gallegos, que me dijo: «Quiero que vos tengas el auto con que corría, así cuando mis nietos van a Venado Tuerto lo pueden ver«.

De las tantas anécdotas para conseguir vehículos para el museo, ¿cuál es la más impactante o llamativa?

Hay varias. Una vuelta me llama un amigo y me dice que en Mercado Libre vendían un monoposto. Entré a mirar y no me gustó: era muy ancho adelante, chiquita la trompa, muy feo. A la noche me desperté, dándome cuenta que era un midget. A la mañana siguiente le dejé un mensaje a la persona que lo ofrecía. No contestó, un par de días después volví a mandarle un mensaje, y nada. Bueno, no será para mí, pensé. Unos días después, me suena el teléfono y era el vendedor, Leo Barbieri. Me contó que estaba con un problema familiar, lo calmé y le di algunos consejos. Me pidió que fuese a la casa para tomar unos mates y seguir hablando. 

¿Cómo terminó la historia?

Él era de Villa Ballester y cuando le dije que yo soy de Venado Tuerto, me dijo que no valía la pena hacer los 400 y pico de kilómetros, que el midget no servía para correr, apenas se podía rescatar el eje y la caja reductora. Le expliqué que esa no era mi intención, sino que estaba armando un museo. De pronto, silencio total en la línea. Creí que se había cortado. Y después de unos minutos, con voz entrecortada me dice: «Vení a buscarlo. Mi viejo corrió toda la vida, y hace diez meses falleció. Su sueño era que su auto quedara en un museo cuando él no estuviese más, para que la gente vea como era los primeros midgets». Una historia muy sentida, es gente que te entrega lo más preciado. Es un orgullo que confíen en vos, pero también una responsabilidad grande cuidarlo y mantener el legado.

Autos de carrera de distintas categorías y épocas, parte del museo. Foto: Guillermo Tagliaferri.

Una de las joyas del museo es el Ford que corrió una prueba legendaria en la provincia de Santa Fe. ¿Cuál es su historia?

Si a alguien del extranjero le cuentan que en Acebal, provincia de Santa Fe, se corrieron en los años 70 cuatro ediciones de las 24 horas de Ford en un circuito de tierra, sin iluminación y sin riego, organizado por una cooperadora policial, no lo va a creer. Eran vehículos modelo 1927, o sea, de medio siglo. Trabajaban todo el año para tener los coches listos para esas 24 horas. El circuito hasta atravesaba chacras. Eran como las 24 horas de Le Mans, pero en un terreno increíble. Y uno de esos autos vino a parar a mi museo. No hay nada directo de Juan Manuel Fangio, pero sí un auto que tiene una linda historia con el mejor piloto argentino, y de los mejores de todo el mundo, de la historia. 

¿Qué auto?

Un Ford T, entregado por la familia Matelica. Los hermanos Nazareno y Víctor Matelica, dos talleristas y corredores y quienes más autos de carrera han hecho en la Patagonia, armaban los vehículos, corrían, los vendían y armaban otros. Cuando se inauguró el autódromo de ripio en Comodoro Rivadavia, Juan Manuel Fangio fue invitado como padrino. Al ver el auto de Nazareno, Fangio le dijo: «Te vas a matar, no tenés freno«. Cuando se enteró que no se conseguían en esa zona, le prometió que de regreso a Buenos Aires le iba a mandar.

No fue una promesa en vano, sino que cumplió. 

Exacto. Unos días más tarde le llega una carta a Matelica, diciendo que de acuerdo a lo solicitado por Juan Manuel Fangio se le envió un sistema de frenos a través de una encomienda por Ferrocarriles Argentinos. Esa carta y ese auto, con los frenos enviados por Fangio colocados, están en el museo. De más está decir que fue el auto con los mejores frenos de toda la Patagonia.

Un Fórmula 2, corrido por Oscar Larrauri, en su experiencia en Europa, presente en el museo.
Foto: Guillermo Tagliaferri.

¿Cuenta con algún tipo de apoyo de empresas o autoridades de Venado Tuerto?

Para nada, y esa ayuda nos ayudaría mucho. Hacemos todo a nivel familiar, tenemos un pequeño comercio como única entrada. Es difícil mantener esto, que es netamente cultural y no da plata, sino que, al contrario, necesita inversión para mantenerse y crecer. Con apoyo empresarial u oficial sería otra cosa y, además, combinándolo con otras actividades, incrementaría el turismo de nuestra ciudad. 

2 comentarios en “Venado Tuerto, meca de los fierreros”

  1. Daniel Mingorance

    Muchas gracias por la nota y especialmente por la visita y por prestar tanta atención a cada una de las historias de los autos de nuestro «Museito» ….

Los comentarios están cerrados.