Una mirada sobre el periodismo posmoderno

 Por Pablo Kulcar

Los hechos suceden y la gente accede a un discurso parcial o fragmentado de los mismos, sin la exigencia de una comprobación de las fuentes, del rigor profesional con que se han estudiado, por lo que miles de datos que circulan en esta red global tienen escasa verosimilitud.

Para establecerse como un periodista profesional y poder ser un filtro o un prisma de desglose de esta cantidad de datos en unas ideas constitutivas de relatos claros y enriquecedores para el colectivo social es fundamental saber y entender qué estamos leyendo.

Descifrar los códigos culturales desde donde viene el hecho, y también tener en cuenta los mismos códigos de nuestros posibles receptores, a quienes se los queremos hacer saber, es básicamente la nueva tarea periodística.

Los caminos del periodismo posmoderno.

Esta es una exigencia que hace la diferencia entre la lectura de un simple consumidor de información de los medios, ya sea digitales o de otra forma, y un profesional que debe tener un equilibrio entre aquello que le es dado y aquello que él da.

La tarea es por lo tanto capacitarse para entender realidades y contextos culturales diferentes con una mirada que siempre incorpore al tejido social al que nos dirigimos.

Esa capacitación implica dedicación, tiempo y dinero. Todo esto es algo que la rapidez informativa y laboral no permite acomodar a lo que esperamos de nuestra formación.

La Ética que proponen los medios

El problema de la ética es básico, ya que la que nos proponen los medios es básicamente nula. El concepto es de una empresa que vende un producto. Los bienes culturales son mercancías de intercambio comercial, por lo que sólo aquello que genere la expectativa de mayor consumo será lo que el medio persiga.

Nuestra tarea es reconocernos como parte importante de un tejido social dinámico, al que le damos pautas de aquello que le informamos. La responsabilidad de saber qué es inmoral para un lugar y qué es ilícito para una legislación nos obliga a seleccionar desde una mirada ética y moral que respete a rajatabla derechos ya adquiridos y conductas tomadas como legales.

Los Derechos Humanos son básicamente un punto de inflexión. Desde allí y sólo hasta allí tenemos la libertad de manejar este flujo imparable de datos e informaciones. La conducta ética es aquello que será fundante de una nueva relación entre medios y tejido social. Por lo que el conflicto será permanente entre la necesidad de los dueños de los medios de imponernos
con oficio su mirada de comerciantes, de la mercancía informativa, y la nuestra de reconocernos como parte de la cultura a la que ayudamos a difundir.

Nuevas tecnologías

La pluralidad desmedida de información hace difícil la selección en determinados temas, a los que siempre parece que les podemos agregar otro dato. En su rapidez mediática, estos mismos datos son muy difíciles de corroborar en la que respecta a su verosimilitud, dependiendo del criterio del profesional y su formación su aceptación como verídicos y plausibles de tomar en cuenta.

Las nuevas tecnologías determinan los circuitos de la información.

La imposibilidad de manejar toda la nueva tecnología hace que estemos presentes sólo en un recorte de flujos informativos. El conocimiento de las posibilidades que da la era informática nos obliga a estar capacitados para su dominio. Si esto no ocurre estaremos fuera de circuitos que hacen a la construcción de aquello que debemos conocer, ya sea para utilizar o para saber cómo se producen algunos conceptos que corren por determinados lugares de la red.

Ética de los medios

Prima la precarización laboral. Los dueños de un medio de comunicación, al considerar sus contenidos como sólo mercancías intercambiables en un mercado globalizado, tendrán poco interés en la mirada profesional, más allá de algún aspecto estético o legal. Esto hace que los periodistas sean vistos a veces como solo portadores de un oficio y no formadores de opinión.

Se generan conflictos personales originados en la mirada ética del medio en el que se está trabajando y la disyuntiva moral de enfrentar un despido o ser permeable a esta mirada efectista y condicionante de la libertad de información de aquellos que lo manejan.

También surgen conflictos entre pares por las diferencias en la formación profesional, lo que repercute en la idea de qué es lo que se está diciendo y lo que queremos que se entienda como noticia o hecho a comunicar. Puede que lo que es lícito para uno no lo sea para el otro.

Formación profesional

La falta de capacitación directamente excluye a determinados aspectos de algunos hechos que desde esa misma capacitación serían fundamentales a la hora de su publicación, por lo que el resultado no tiene el nivel de análisis que un periodista está obligado a ofrecer, en diferencia a aquellos que sólo los leen, y su única exigencia es entenderlos.

Hay subestimación por parte de los editores de todo aquello que podamos incorporar como mirada propia y análisis también propio de una información que a ojos vista de éstos ya está lo suficientemente desarrollada. Existe la idea general de que con el manejo de las herramientas informáticas y un caudal importante de recursos, ya sea estéticos o de redacción, el periodista no es indispensable en la constitución de algunos medios.

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