Una mini Machu Picchu en la ciudad de Londres… de Argentina

Por Guillermo Tagliaferri (guilletaglia60@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

El Shincal, reserva arqueológica de la poderosa civilización inca, conserva vestigios de una importante ciudad, sede provincial de gobierno del Imperio emplazado en Cuzco (actual territorio de Perú) que se fue expandiendo hasta llegar al presente noroeste argentino.

Este enorme tesoro arqueológico y cultural  de los pueblos originarios se encuentra en la ciudad de Londres, provincia de Catamarca, y a pesar de su antigua historia recién abrió sus puertas al turismo y a los estudiosos en 2015.

Hubo, previamente, visitas e investigaciones, salteadas en el tiempo, de antropólogos, arqueólogos, historiadores y científicos a comienzos del siglo XX. Dos impulsos fuertes los dieron Alberto Rex González, en 1950, y Rodolfo Raffino, en 1950.

Pero recién en la última década se produjo la verdadera puesta en valor del histórico sitio, con el impulso de autoridades nacionales del área de Turismo y locales de la provincia de Catamarca y del Municipio de Londres.

Ingreso a uno de los talleres de actividades diarias de los incas. Foto: @guilletaglia.

Se armó un Centro de Interpretación, donde los visitantes empiezan a familiarizarse con la esencia y los orígenes del sitio, además de observar valiosos elementos de aquella época precolombina, como paso previo a la caminata, con guías que explican la historia y las características de la antigua ciudad, recorriendo senderos, escaleras y caminos que fueron hábitat de los pueblos originarios.

Urnas y vasijas recuperadas de los habitantes incas, exhibidas en el Centro de Interpretación, museo de El Shincal. Foto: @guilletaglia.

Una civilización muy desarrollada y avanzada

El Shincal, con la llegada de los incas que sometieron a los diaguitas locales, quedó anexada al Tawantinsuyu. Tuvo un enorme desarrollo político, arquitectónico, contable y cultural, sumado al típico y organizado sistema de cultivo y conservación de los alimentos de la tierra, y sistema de riego. Además del eficiente método de comunicación -el equivalente a la actual Internet- mediante chasquis, durante 1457 y 1536 este extremo del Imperio Inca vivió su época de esplendor.

Ruinas de la sede gubernamental, de los depósitos de alimentos, viviendas construidas con piedras pirca, templos donde se hacían las ofrendas a los dioses y los clásicos morteros donde se molían los granos, están expuestos para la recorrida de los visitantes, en un paisaje pletórico de montañas, flora y fauna en medio de los Valles Calchaquíes. 

La escalera que conduce al templo ubicado en la altura.
Foto: @guilletaglia.

El camino del sol y el camino de la luna conducen a elevados templos, cuadrados, exclusivos para chamames y grandes personalidades, donde se adoraba y se efectuaban pedidos a estos dos grandes astros, considerados dioses por los incas.

Otra amplia extensión de este territorio está vedada al público y allí continúan los trabajos de investigación, reconocimiento y restauración. La superficie total de las ruinas de El Shincal abarca 24 hectáreas. 

Vista de un sector donde se erigió la población inca. Foto: @guilletaglia.

Un nombre desconocido

No existen registros confiables sobre la denominación original de esta ciudad. La primera lengua de los pueblos originarios de la zona, el kakán, se borró con el paso del tiempo, y tampoco se sabe cómo la llamaron los incas. Los investigadores, siglos después, lo llamaron Shincal, porque allí abunda el shinqui, un arbusto espinoso que crece entre 50 centímetros y un metro y medio de altura.

Shinqui, arbusto que abundaba, y abunda, en El Shincal. Foto: @guilletaglia.

El ocaso del Imperio

Una ardua y violenta guerra que duró aproximadamente 130 años consiguió quebrar la resistencia del aguerrido pueblo inca ante los invasores españoles. Ese fue el punto final de este valioso antecedente de la población autóctona. 

Una Londres argentina


La ciudad de Londres, recostada sobre los laterales de la Ruta Nacional 40, que recorre el Oeste argentino casi de punta a punta, y distante 280 kilómetros de la ciudad de Catamarca, es la segunda población fundada por los conquistadores españoles en nuestro actual territorio. 

Londres de la Nueva Inglaterra fue el nombre con que la bautizó Juan Pérez de Zurita el 24 de junio​ de 1558. El origen del nombre fue homenajear a la ciudad natal, en Inglaterra, de la reina María Tudor, esposa del rey Felipe II de España. 

Abandonada, mudada a cortas distancias, la ciudad tuvo cuatro refundaciones y su denominación se acortó hasta quedar en Londres, a secas, que es como se la conoce en la actualidad.