“Un comunista en el más allá” habla del eterno conflicto empresario-obrero

Por Guillermo Tagliaferri (guilletaglia60@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.co»)

«Un comunista en el más allá», obra teatral que se presenta en el Teatro El Ojo, refleja la vida de un sindicalista, con sentimientos contradictorios de utopía, desengaño, esperanza, abandono, pasiones amorosas y traiciones, que es juzgado, bajo distintos interlocutores, en el más allá, para determinar el legado que dejó. 
En un ambiente surrealista que no es el más allá religioso, ni el más acá del materialismo excluyente, el juez de la conciencia tratar de determinar el verdadero legado de la vida de este sindicalista -interpretado por Facundo Serrano-, desde sus 20 hasta los 50 años, en un país como la Argentina, en las décadas de 1970 hasta el 2000.

En forma vertiginosa y progresiva, de escena a escena, se van desarrollando la conflictividad de la vida del sindicalista, atrapando la atención del espectador. Pasan su madre soltera y religiosa (Miriam Nóbili), su pareja militante comunista (Cecilia Fontana), los compañeros obreros y sindicalistas con sus ideas e intereses (Claudio Alejandro Gayol y Alfredo Deri), la joven secretaria enamoradiza, idealista y algo pícara (Carola Della Paolera), el dueño de la fábrica, que al final de la obra se despacha con una gran revelación (Jorge Nemirovsky) y la empresaria voraz e insensible (Alejandra Baglietto).
Todo está  impregnado de un realismo social, económico, político, judicial y humano de la vida cotidiana, fácilmente reconocible para el espectador. Un espejo de la realidad donde las partes en conflicto exponen sus posiciones en confrontación. Y con un final donde los participantes de la vida del sindicalista exponen sus sentimientos hacia él, para que el juez -interpretado por Eduardo Aste, también autor y director de la obra– de la conciencia dicte sentencia.     

Ana, la militante comunista

Cecilia Fontana -actriz anteriormente en «Quienes somos»; «La de enfrente«; «Recogiendo malas palabras»; «Puercas» y «Cuerpos Desnudos«- asume el papel de Ana, la militante comunista que se convierte en la pareja de Facundo, el sindicalista que lucha por sus compañeros de la fábrica.

¿Cómo fue la construcción del personaje?
Para mí resultó todo un desafío porque no tiene nada que ver conmigo. Ana es una militante política y atea, todo lo contrario, a mí, yo soy muy creyente y no soy militante. Por eso fue maravilloso. Tuve que prepararme para lograrlo. Y lo estoy disfrutando mucho, me gusta hacer cosas que no tengan que ver conmigo.
¿La preparación fue complicada?
Me entrené mucho. Vi películas, participé de marchas, busqué en Internet, hice todo lo que podía hacer para incorporar al personaje. Miré gestos, caras, todo lo que veía lo tomaba. Cada vez que había manifestaciones por TV las veía, no me perdía ninguna. Hasta me metí en marchas y estuve largo tiempo atenta a todo, para ir empapándome del tema. Todo suma. Uno de mis compañeros me mandó un video de un discurso de una militante comunista, que me re sirvió, lo sigo mirando y utilizo todo lo que puedo.

Cecilia Fontana (Ana) y Facundo Serrano (Facundo) en una escena de la obra. Foto: redes sociales de «Un comunista en el más allá«. 

¿Cómo es ser dirigida por Eduardo Aste?
Un placer. Como director, Eduardo tiene que indicarnos qué pretende, pero es muy flexible, acepta la impresión que uno puede tener del personaje, acepta las opiniones y es abierto. Repito que es un placer realmente. 
¿Qué reacción nota en el público?
Noto que la gente está muy contenta al terminar la obra y eso me pone feliz. Hay un común denominador: relacionan la obra con épocas vividas en la Argentina en las décadas del 70, 80, 90 y 2000. Dicen que está relacionado con lo que se vivió acá. Los sindicatos, los empresarios, la lucha de la clase trabajadora, un eterno dilema que se mantiene vigente. 

Escena de «Un comunista en el más allá«, otra muestra de la notable oferta de teatro independiente que ofrece Buenos Aires.

Un juez que escribe, dirige y actúa

Eduardo Aste, artista multifunción abre y cierra «Un comunista en el más allá» en el papel del juez que busca el veredicto a la vida del protagonista principal.
¿Cómo nació la idea para elaborar la historia y escribir el guion?

Cuando terminé una obra anterior, miré el escenario y vi algo negro y una luz y me surgió la idea de cielo-infierno y arriba-abajo. Noté que faltaba algo, un comunista, y esa fue la imagen generadora. Hice cursos de teatro con Mauricio Kartun, que pregona trabajar en base a imágenes y a desarrollarlas y no en base a cabeza e ideas. Ahí empecé a trabajar en «Un comunista en el más allá» y fueron surgiendo las imágenes y los conflictos. Es una obra con muchos conflictos, por la temática, y uno le fue agregando cosas. Al principio me pareció algo religioso, pero después me di cuenta que no. Lo único es la madre.

¿Hay rasgos personales en la obra?

Incorporé parte de mis vivencias personales. Soy licenciado en Administración, ya jubilado, trabajé en empresas grandes y vivía ese mundo empresario, por un lado, y sindical, por el otro. Traté de reflejar esa realidad tan contrapuesta, con discursos dichos por abajo y no de frente. Así fui armando el conflicto. Soy un tipo inquieto, fui misionero laico, estuve en Acción Católica, después me alejé y mantuve la parte espiritual con corrientes alternativas con energía. Me casé, tengo hijos, tuve militancia en el club Atlanta, en organizaciones barriales y partidos políticos. Todo eso se volcó en esta obra.

Eduardo Aste, como el juez. También es el autor y director de la obra. Foto: redes sociales de «Un comunista en el más allá·.

¿Qué buscó con el juicio al personaje principal?

Recurrí a Víctor Sueiro y su vida después de la muerte. Después de la vida hay un juicio o evaluación de lo vivido, pero yo me aparté de lo que es religioso. Busqué evaluar la situación humana, el sentimiento. Justamente hace poco encontré una frase que cae justo: «Somos lo que dejamos en el corazón de los demás«. La obra recorre la vida personal del sindicalista, ubicado dentro de lo que pasó en la Argentina a nivel social y sindical, y sus propios conflictos. Y termina con esa evaluación final, que termina con una frase de la justicia, metafórica, el deseo de que la sociedad se reencuentre con los valores, más allá del egoísmo y los mensajes. Ese es el gran mensaje que uno quiere dar. 

Tiene a cargo la dramaturgia, la dirección y además como actor abre y cierre la obra. ¿Qué puede decir de su papel sobre el escenario?

En realidad, no pensaba actuar. Pero muchos me han dicho que mi forma de actuar refleja mucha autoridad y por eso tomé el papel del juez. Estudié dramaturgia, dirección y actuación con grandes profesores maestros como Kartun, Alezzo, Cristina Banegas, Serrano, Patricia Palmer y varios más. Hice varias obras y esta es la segunda que dirijo.

¿Qué analiza del elenco y su desempeño en la obra?

Uno empieza a construir y los personajes se independizan. Hay una actuación muy buena todos de todos. No hay banderías, están representados todos los sectores, volcando sus intereses y lo que no dicen, ofreciendo sus sentimientos descarnadamente. Busco que el espectador se lleve algo, que la obra termine de confeccionarse en su cabeza, que sea conmovido, que piense y sienta. Mucha gente me dice que ha revivido la historia de su vida, y yo también las viví. 

  
«Un comunista en el más allá«

Teatro El Ojo

Teniente General Juan Domingo Perón 2115, CABA

Viernes a las 20.30

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