True Detective funciona bien, pero necesita más

Por Toto Plibersek

El mayor problema de la segunda temporada de True Detective fue no parecerse a la primera, tan alabada por la crítica y el público. Demasiados personajes sin utilidad concreta en la trama, múltiples crímenes sin un hilo real entre ellos, un final inverosímil. Tuvo críticas variadas, pero en su mayoría negativas. La tercera, estrenada hace unos días, busca parecerse a la primera. En serio, lo busca. Pero, hasta ahora, no lo logra del todo. Lo cual no quiere decir que no sea buena. La comparación con la primera es irresistible. Es muy difícil hacer una mejor.

Poco puede decirse de una serie sólo con los dos primeros capítulos. Pero la historia ya es atrapante. Dos niños, Will y Julie Purcell, desaparecen de su casa en la ciudad de Ozarks, en el condado de Arkansas. Los investigadores asignados al caso vuelven a ser dos: Wayne Hays (Mahershala Ali, óscar en Moonlight) en el rol principal y Roland West (Stephen Dorff) como su ayudante. Como es de esperar, la historia se centra en el primero, que estuvo en la guerra de Vietnam como oficial de reconocimiento, o sea, los oficiales que se dedican a surcar el terreno buscando al enemigo. Wayne es un sabueso. Ninguna otra definición le queda mejor. El crimen lo marcó. Su vida estuvo atada durante muchos años a él y, en el fondo, algunas cosas siguen sin resolverse, cabos que siguen sueltos, respuestas que faltan.

Los productores de la serie decidieron volver en esta temporada a los puntos fuertes que fueron alabados en la primera. La narración no lineal y el desarrollo profundo de los personajes. La historia está contada en tres líneas temporales: los años 80, cuando el hecho sucedió; los años 90, cuando se revocó la condena del principal sospechoso -que todavía desconocemos- por una nueva pista; 2015, cuando Wayne es entrevistado para un programa de televisión y tiene que enfrentarse a su pasado. Filmar dos o tres veces en las mismas locaciones, ambientadas en líneas temporales distintas, es un desafío de producción que pocos pueden asumir. El guión tiene que estar bien construido y la continuidad tiene que ser cuidada al extremo. Un error se notaría mucho. Eso ésta temporada lo hace muy bien. En la trama, los detalles del presente se ignoran en el pasado, lo que genera suspenso.

Este particular modo de narrar beneficia al desarrollo profundo de los personajes sin recurrir a tácticas más habituales como el flashback, la voz en off o el monólogo. Es interesante ver como Wayne se muestra diferente en las tres líneas temporales. En los ochenta es un verdadero detective, un rastreador, un perro de presa. En los noventa se lo ve más enérgico, movedizo, como con ganas de comerse al mundo, pero no tan concentrado en un crimen que aparentemente ya resolvió. En 2015, ya viejo y retirado de la fuerza, Wayne está cansado y no repara en mostrarlo. El crimen lo afectó, tanto que le cuesta hablar de él. Pero sigue siendo el mismo detective que cuando era jóven. Cuando recuerda no puede no pensar, no atar cabos, no investigar a su manera. Mahershala Ali se luce en el rol. Su interpretación, francamente, es crucial para la serie.

Volver a los orígenes virtuosos le funciona a True Detective. Sin embargo, corre riesgo de transformarse en un refrito. El elemento que le daba más sabor a la serie en su primera temporada, la rareza cuasi surrealista del crimen y la particularidad de los detectives, no se siente aún del todo presente. Escenas de la primera temporada tan recordadas, como la de Matthew McConaughey tallando figuras de humanos con una lata de cerveza usando una tijera mientras da su declaración a otros detectives, no se hicieron todavía presentes en la serie. Pero la trama funciona. No sorprende, pero funciona.

Mahershala Ali, en la piel de Wayne, el gran protagonista de True Detective 3. (Foto: Upi.com)
Mahershala Ali, en la piel de Wayne, el gran protagonista de True Detective 3. (Foto: Upi.com)

No hay elementos nuevos y tan disímiles en una serie de este tipo como lo había en la primera temporada. La relación entre los investigadores no está tan desarrollada. El crimen tiene una característica surrealista que se siente como la repetición de una fórmula. Seamos francos: no todos los asesinos tienen una mente enferma. Esta vez, lo retorcido podrían ser los motivos, y por lo que se ve, no parece que vayan a insistir por ese rumbo.

Hasta ahora la serie no será la gran sorpresa que fue la primera temporada, pero la cosa funciona. Algunos elementos retienen un efecto de repetición que podría haberse omitido, y otros que hubiesen sido interesantes de haber aparecido, no están por miedo a parecerse demasiado a la fórmula del debut. Hasta ahora, ese es su punto más débil. El desopilante trabajo de Ali para caracterizar a Wayne le da a su personaje la humanidad necesaria que se necesita para cumplir con el guión. El misterio es tangible y el suspenso alcanza para reclamar atención constante, esperando el próximo capítulo. Si no hubiese existido la primera temporada, la serie quizá nos gustaría más. Por eso el título True Detective coloca la vara bastante alta.

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