La supremacía (económica) del fútbol de Brasil es tendencia

Por Bernardo Falvella (ber_falve@hotmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Históricamente, Brasil fue y es una potencia en el fútbol a nivel mundial. A lo largo de décadas, tanto la selección nacional como sus populosos clubes dieron muestras de buen juego, que se tradujeron en múltiples títulos, lo que le granjeó el respeto y la admiración de los amantes del deporte más popular del planeta.

Lo que llama la atención, y merece el debate de los seguidores de la redonda, es que por lo menos en la última década, los ingresos económicos de los clubes brasileños se incrementaron de manera exorbitante. Esto ha marcado (y sigue haciéndolo) una hegemonía económica en comparación con el resto de las instituciones de Sudamérica, incluso de Argentina.

Los principales equipos brasileños invirtieron millones de dólares para incorporar futbolistas de primer nivel. Filipe Luis, Hulk, David Luiz, Gabriel Barbosa, Diego Costa, Douglas Costa y Willian, son apenas algunos de los ejemplos de figuras que arribaron en el último tiempo al Brasileirao.

El Cristo Redentor y el Estadio Maracaná, dos símbolos cariocas que distinguen a Brasil.

¿Pero cuáles son las verdaderas razones por las que el fútbol brasilero atraviesa esta realidad que lo vuelve un privilegiado en la región?

Desde Brasil, la palabra de una experta

Leticia Navarro, periodista brasileña que colabora para diversos medios argentinos como INFOBAE, C5N y La Nación comentando los temas más trascendentes de su país, y que además conoce sobre la historia y actualidad del fútbol «verdeamarelo», charló con El Café Diario y enumeró una serie de items que permiten analizar y entender esta realidad. 

Leticia Navarro: «Las empresas multinacionales entendieron la importancia que tenía el fútbol».

«La primera causa y tal vez la más influyente, refiere a que a principios de los años 2000, Brasil como nación se integró de lleno al mercado internacional como parte del proceso de globalización» explica Leticia.

Y agrega: «Hasta ese momento nuestro país carecía de empresas multinacionales que vinieran a invertir y predominaba sobre todo la industria nacional. Pero, en las últimas dos décadas, el país explotó como potencia económica siendo comprador y vendedora en el mundo».

El panorama cambió: «Las empresas multinacionales se instalaron en nuestro territorio y entendieron la importancia que tenía el fútbol y el dinero que este podía generar en materia de inversión a través de los clubes», señala Leticia, quien pone de ejemplo al tradicional club Flamengo, que tiene en la marca Parmalat a una de las mayores inversionistas en todo Brasil.

«Una segunda causa responde a los derechos de televisación que cobran los clubes por los partidos. Se trata de cifras exorbitantes… derechos que están en manos del multimedios ‘TV O Globo’. A este dinero que ingresa hay que sumarle lo recaudado por venta de entradas y cuotas sociales, que significan mucho por la cantidad de hinchas que asisten a los encuentros», relata la colega.

El caso Flamengo es tal vez el ejemplo más claro para entender todo esto. Para 2022, el «Fla» tiene proyectado recaudar más de 176 millones de dólares, una cifra impensada para cualquier equipo no europeo.

Esos ingresos están distribuidos de la siguiente manera: 26 millones de la venta de entradas, 40,6 millones de lo que pagan las cadenas de televisión para transmitir sus partidos, 23 millones en concepto de premios, 45 millones por marketing y el resto se reparte entre contratos publicitarios.

«El tercer factor está vinculado al trabajo estructural deportivo en Brasil, y que tiene impacto directo en la importación y exportación de futbolistas. Aquí toma mucha importancia lo que en Brasil denominamos la ‘copinha’, un torneo que forma juveniles a partir de los 16 años, que está en un crecimiento constante», revela Leticia.

La periodista amplía el concepto de la «copinha»: «Es la etapa previa a jugar en un club grande. Es una competencia que crece y puede significar un crecimiento económico mayor, ya que es seguida de cerca por muchos inversionistas». 

Escudo de la Confederación Brasileña de Fútbol.

Y cuando se habla de prestar atención, significa poner dinero, porque así funciona el negocio, como bien explica Navarro: «Se suele decir que en Brasil se danza como se juega al fútbol. Pero, en realidad, quienes llevan las riendas, los dirigentes, parecen administradores de empresas que tienen una visión estadounidense en cuanto a la manera de trabajar, donde la disciplina y el perfeccionamiento son claves».

Por último, «el cuarto punto tiene relación con el buen manejo administrativo que encabezan las máximas autoridades de la Federación Brasileña de Fútbol. No tiene que ver sólo con lograr un equilibrio en los balances económicos, sino en la creencia de un proyecto deportivo serio».

Es que «la estructura de campeonatos como el Brasileirao vuelve atractiva la venta del producto, dentro del país y en el exterior, porque además de ser un campeonato altamente competitivo, se le suma que en él juegan grandes futbolistas», sentencia Navarro.

Brasil y el resto de Sudamérica: una brecha económica que impacta en lo deportivo

En la última década, Flamengo, Atlético Mineiro, Palmeiras, Atlético Paranaense y Corinthians fueron las instituciones que más incrementaron sus ingresos económicos, con los sponsors como factores claves.

Es inevitable resaltar que, gracias a este crecimiento económico, las instituciones brasileñas lograron fortalecer sus plantillas con jugadores de primer nivel. Esto trajo como consecuencia una superioridad futbolística que se vio reflejada en los principales torneos de Conmebol.

La prueba está en que por ejemplo, si se toman como referencia las últimas diez ediciones de Copa Libertadores disputadas, siete quedaron en manos de equipos de Brasil: Santos, Corinthians, Atlético Mineiro, Gremio, Flamengo y Palmeiras (último bicampeón del certamen).

Palmeiras vence 2 a 1 a Flamengo y obtiene la Copa Libertadores 2021.

El fútbol que viene

Teniendo en cuenta el escenario planteado, no sería extraño pensar que la paridad del fútbol sudamericano corra peligro en los próximos años. Ni siquiera Argentina, una referencia en fútbol pero que vive un contexto económico de crisis (sumada a las malas administraciones), no está en condiciones de competir en este aspecto con su clásico rival.

Además, la pandemia tampoco colaboró para que muchos clubes puedan levantarse de ese duro golpe. La propia Leticia Navarro reconoce que «de no haber sido por el Covid, el proceso de desarrollo económico del fútbol brasileño hubiera sido todavía más notable que el que vemos hoy», dejando en claro que las diferencias entre Brasil y las naciones vecinas están lejos de achicarse.

Sobre fútbol no hay nada escrito, porque además sabemos que se trata del deporte más impredecible del mundo. Pero en principio, las cartas parecen estar echadas y el futuro de la redonda, al menos en Sudamérica, también.