Secretos bajo la sotana, entre el amor celestial y el humano

Por Pablo Kulcar (pablokulcar@hotmail.com)

El celibato no es un dogma de fe (creencia considerada como verdad absoluta), y por lo tanto, es modificable. En el caso sacerdotal es la elección a no contraer matrimonio (célibe) a cambio de amor y dedicación total a los servicios religiosos.

El sacerdote debe tener vocación virginal, que no es exactamente virginidad (condición de aquel que nunca tuvo relaciones sexuales) sino la renuncia a una vida sexual activa.

Esta exigencia no fue única del cristianismo, los monjes budistas también imponen este requisito como condición para una entrega mayor a Dios.

Monseñor Xavier Novell i Gomá.

Renuncia indeclinable

Monseñor Xavier Novell i Gomá, obispo catalán, le presentó su renuncia al Papa Francisco, quién sin dudarlo, la aceptó. La oficina de prensa de la Santa Sede informó que el padre adujo razones personales, aunque clérigos allegados al renunciante comenzaron a tejer distintas hipótesis mucho más osadas.

Esta dimisión puso a debate la necesidad de actualizar las condiciones para ser ordenado sacerdote en el catolicismo. Hay una disminución sensible de postulantes a ejercer el sacerdocio, y por parte de sus autoridades existe un cuestionamiento permanente en temas que involucran a la sexualidad.

De Catalunya, con amor

El religioso de la Diócesis de Solsona, hombre de 52 años que fuera en su momento el obispo más joven de España, tomó esta decisión «después de un período de reflexión y de discernimiento». La verdad no tardó en ser descubierta. Novell i Goma, se enamoró de una autora de novelas eróticas, y podemos suponer que su acercamiento, en primera instancia, fue poético-literario.

Xavier Novell y Silvia Caballol.

Ella es la sicóloga Silvia Caballol, de 38 años, divorciada, oriunda de Barcelona y madre de dos hijos. La prensa también la asoció a la práctica de ciertos rituales satánicos. Autoridades eclesiásticas vincularon el cambio brusco del obispo a alguna intervención del mismo Satán, quien ya había intentado cooptarlo en su juventud, con «el estigma de la homosexualidad».

Los medios recordaron que Novell participó de las llamadas «terapias de conversión». Dichas terapias no son otra cosa que un adoctrinamiento consiente para reprimir aquello que se desea. Una vez anulado el impulso pasional, la homosexualidad desaparece. Como cualquier deseo reprimido es una bomba a estallar con el transcurso del tiempo.

Sobre la homosexualidad

Sin embargo el joven obispo tuvo siempre fuertes declaraciones contra la comunidad gay, lo que le valió el repudio de muchos representantes y activistas del LGBT. La citada terapia de conversión le generaba todavía anticuerpos y actuaba en consecuencia.

Todo obispo tiene la potestad de nombrar a un exorcista en su diócesis para aquellos casos en que la Iglesia determine que se ha hecho presente el demonio y hay que expulsarlo. Novell se autoproclamó en la propia, y asumió la responsabilidad de luchar contra él. La Iglesia cree que finalmente perdió la batalla.

El clérigo tuvo posturas terminantes e inflexibles frente al aborto, al que denomino «genocidio», pero no expresó esa misma contundencia en lo político. Allí mostró una ambivalencia pendular frente al movimiento independentista catalán.

«Yo no soy un obispo catalanista. Tampoco españolista. Soy obispo. Si hay fieles independentistas y logran la independencia, voy a felicitarles. Si los hay españolistas, quieren que desaparezca la autonomía y lo logran, también», proclama.

Les negó a los sacerdotes la posibilidad de participar directamente en manifestaciones de orden político en la vía pública. Y tuvo participación activa en diferentes ocasiones durante el sonar de las campanas en iglesias convocando a manifestaciones catalanas pro-separatistas.

Hace años en Argentina

Jerónimo José Podestá fue un sacerdote y obispo católico argentino que se destacó por inaugurar en la América Latina la corriente de los curas obreros.

Ingresó al Seminario de La Plata en 1940 y se ordenó sacerdote en 1946. Fue licenciado en Derecho Canónico y Teología. y se destacó por ser uno de los primeros sacerdotes que adhirió a la Teología de la liberación y al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Entre los años 1962 y 67 fue obispo de la diócesis de Avellaneda (después Avellaneda-Lanús).

Hay que destacar el contexto en el que ocurrían estos hechos. Una férrea dictadura militar cuestionada sistemáticamente por el Obispo, cosa que lo enfrentó constantemente a la curia argentina.

Jerónimo Podestá y Clelia Luro.

La pasión de Clelia

En 1966 conoció a Clelia Luro, una mujer separada y con seis hijos, con quien inició una relación sentimental. En 1967 Podestá fue catalogado como «enemigo» por la dictadura de Juan Carlos Onganía. Enfrentado con toda la curia nacional por su compromiso social, fue obligado a renunciar a su obispado y suspendido a divinis (ejercicio del sacerdocio) por la Santa Sede.

Roma, la luz

Podestá accedió a su renuncia, puso como condición que se le permitiera hablar con el Papa Pablo VI, y así lo hizo. En declaraciones a medios extranjeros (los únicos que le entrevistaban) adjudicó su dimisión a sus críticas constantes a las políticas económicas, a su participación política y a su presencia en actos gremiales; y obviamente a su expuesta relación sentimental con Clelia.

Su reunión con el Papa fue sólo una exposición pensada para garantizarse la vida. Jerónimo y Clelia contrajeron matrimonio en 1972. En ese mismo año fue suspendido de su estado clerical. Juntos fundaron y dirigieron la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados, que representa a 150.000 sacerdotes y lucha para que el celibato no sea obligatorio, sino opcional.

El exilio

Amenazado por la temible «Triple A» (Alianza Anticomunista Argentina) tuvo que dejar el país en 1974 y recién pudo regresar con al advenimiento de la democracia en 1983.

Falleció en Buenos Aires el 23 de junio de 2000 y Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco) fue el único funcionario de la Iglesia que le visitó en su comparecencia.

En persona

Hace unos años, tuve la oportunidad de entrevistar a Clelia con motivo de la edición de uno de sus libros. Finalizada la misma, le pregunté si sería posible conversar con su esposo Jerónimo. Me respondió que no estaba dando notas, pero que fuera al día siguiente su casa y allí, ella encontraría el momento para presentármelo.

Estuvimos un rato largo tomando mate en el fondo de una hermosa casona, hasta que Clelia me sugirió la siguiera. Pasamos por un pasillo y en un escritorio de madera lleno de libros estaba Jerónimo leyendo. Su mujer nos presentó, él se puso de pie y me dio la mano. Era muy alto e infundía respeto.

Tenía puesto un saco negro y en el cuello, la tirita blanca de sacerdote. Me senté a su lado y le pregunté por este detalle. «Porque soy un cura», contestó. «Estoy inhabilitado para ejercer como tal, pero de ninguna manera voy a dejar de serlo».

Jerónimo era sabio y su pasión era la teología que iba de la mano de la justicia social. Le pregunté cómo se hace desde la razón para aceptar una presencia divina que todo lo dirige.

Me aconsejó que cuestionara todas las posibilidades y de las respuestas que encontrase, que elaborara nuevas preguntas. Que al final de todo ese camino cognitivo iba a encontrar un punto ciego sin explicación alguna. «Allí esta Dios», me aseguró. Y le creí.