Puilquén, el sabor de la calma

Por Lola López Quai

¿Qué comés?
¿De qué hablás?
¿En qué pensás?

Roxana lo dice así, con naturalidad y con una sonrisa, con el tono de quien te pregunta si el café lo querés solo, cortado y si las tostadas te gustan con queso o manteca. Vaya sorpresa: era una entrevista sobre turismo rural y de pronto la conversación vira hacia los caminos de la mente, del corazón y de la felicidad. Ay.

“La comida sana, la charla atenta y el contacto con la naturaleza tranquilizan, te reconectan con vos mismo e inevitablemente te hacen sentir mejor”, asegura Roxana mientras amasa el pan de harina integral, semillas y pimienta que servirá en el desayuno.

Junto con Pablo, llevan adelante Puilquén, un emprendimiento que propone un turismo rural y ecológico, con una gran cuota de silencio y “calma activa” porque podés hacer muchas actividades, pocas o ninguna… según como fluya. Están en General Belgrano, a solo 180 km del Obelisco, pero una vez allí la ciudad te va a parecer apenas una lejana abstracción, como algo que habitaste alguna vez, hace mucho.

“También el hecho de volver a jugar es importante, por eso creamos la ecoludoteca, que al mismo tiempo es un prototipo de casa sustentable basada en los principios de la construcción natural o permacultura, y en cuya construcción participaron más de 120 personas, lo cual refuerza el valor de trabajar en comunidad”, cuenta. Será por esto que, en vez del Monopoly, en la ecoludoteca se juega al Coopolis: sí, un juego donde “gana” el que respeta los valores del cooperativismo, es solidario y ayuda al de al lado. ¿Al leer esto no te da la sensación que de verdad hay posibilidad de un mundo mejor?

Una propuesta que apunta a encontrar la paz y la felicidad con lo simple.
Una propuesta que apunta a encontrar la paz y la felicidad con lo simple.

Para que se entienda bien: en Puilquén te podés alojar en las cabañas, hacer camping, caminar entre los árboles, conocer cómo funcionan los colectores solares y pluviales (para agua de lluvia), ver cómo está hecha una pared de barro y estar cerca de animales de granja como patos, gallinas, conejos y ovejas (hasta hay una negra, con la cual seguro te vas a identificar). Y, por supuesto, lo que todo urbano desea soñando o despierto: hamacaparaguayear hasta decir basta.

“También, ver cómo es una huerta agroecológica y comer directo de la planta un tomate de esos que te recuerdan los sabores de la dicha”, agrega Pablo, que también es el responsable de proponer menús poco convencionales y que te abren un mundo nuevo para el paladar y la mente. Sino, mirá esta escena: siete y media de tarde, galería con vista al campo, mesita con platos y cerveza.

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza como maridaje típico? Maní, palitos salados o, a lo sumo, papas bravas con cáscara. Pues no, muchache. Nada de eso. Aquí la propuesta es bardana, una planta considerada una maleza pero cuyas raíces son comestibles, idealmente en bastones y fritos, y que van como los dioses con esta mayonesa de zanahoria que Pablo nos acerca. “¿Y?”, pregunta riéndose y con gesto cómplice junto a Roxana. No hay nada para decir y tampoco hace falta. Silencio, ya no te tenemos miedo. Comer bien, pensar bien, hacer bien. Esa es la clave.

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