Pablo Acosta, el secreto mejor guardado de Azul

Por Lola López (www.instagram.com/quailola)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

El almacén, las lavandas, la cabaña de toros Hereford y los monjes: parece un título de Peter Greenaway pero es Pablo Acosta, un pueblo de la provincia de Buenos Aires que merece ser visitado.

Una de las personas más adecuadas para hablar de este hermoso lugar es Vivivana Coluccio, guía de turismo nacional y pulpera desde que decidió dejar la ciudad y venirse el campo para tener una vida más tranquila.

Ella es la responsable del «frente» de «El Viejo Almacén» de Pablo Acosta, construido en 1900, y atiende a pura sonrisa mientras en la parte de atrás Fabián, su marido, tiene el trabajo de batalla: cocina lo dulce, lo salado y además se dedica a elaborar chorizos secos.

Viviana es pulpera, guía de turismo y gran anfitriona. Foto: Lola López.

Pero no son chorizos comunes, de esos que se compran en cualquier supermercado, son un producto totalmente diferente y que apunta a renovar el paladar del chacinado. Tal es así que algunos tienen whisky, otros innovan con avellanas y hasta hay una línea baja en sodio, algo muy demandado hoy en día por la gente que no puede o no quiere consumir tanta sal. 

«El Viejo Almacén» de Pablo Acosta es un lugar para comer y quedarse largo rato. Foto: Lola López.

Una propuesta para disfrutar y hacer

Viviana es especialista en turismo cultural y por eso el almacén (y sus circunstancias) está pensado no sólo como un lugar para ir a comer, sino también como una propuesta de turismo donde el visitante puede involucrarse.

Y es acá donde los chorizos tienen su otro valor agregado: la idea es armar el circuito completo pensando en el turista, para que la gente venga, haga su propio chorizo y se lo lleve. Y el que no quiera elaborarlo, tiene la opción de mirar el proceso completo, por eso armaron la sala de elaboración a la vista, algo que gusta mucho a la gente que se da una vuelta por el lugar.

Chorizos caseros y con gustos muy novedosos. Foto: Lola López.

A estas posibilidades se le suma que Viviana también es miembro del Club de la Lavanda, una iniciativa que agrupa a productores y emprendedores relacionados con esta planta maravillosa y que apunta a  que Azul sea la puerta de entrada a la Ruta de la Lavanda (como ocurre en el sur de Francia).

«Siempre me gustaron las lavandas, tienen algo muy especial», dice Viviana, «y además es una propuesta que tiene que ver con el turismo, y le suma tanto a la comunidad como al que viene y quiere algo más». 

El Club de la Lavanda es una iniciativa de Azul. Foto: Lola López

Pablo Acosta, sierras y monjes

Lo cierto es que Pablo Acosta es un lugar muy especial: se ubica en el sistema de Tandilia, que posee las sierras más antiguas del planeta dado, que nacieron cuando Pangea (el que era el «único continente») se separó y cuenta con una ubicación estratégica, por situarse a 60 km de Tandil y la misma distancia de Benito Juárez.

A esto se le suma que el almacén se ubica a apenas 7 km del famoso monasterio de los monjes trapenses, creado en 1958, un lugar muy bello para visitar, que transmite calma y dan ganas de quedarse.

El monasterio es un lugar para hacer retiros espirituales. Los monjes también crían toros. Foto: Lola López.

Lo interesante es que esta orden religiosa está vinculada a la producción agropecuaria, por lo tanto en las 1.080 hectáreas del predio hoy, y desde hace ya tiempo, funciona una reconocida cabaña de toros Hereford.

Desde el punto de vista del Patrimonio también hay un plus, ya que es el primer monasterio de la Orden de América Latina y el último que se construyó con arquitectura cisterciense (de la orden del Cister), de características medievales. Actualmente existen 14 casas trapenses latinoamericanas: dos en Argentina, dos en Brasil, dos en Chile, dos en Ecuador, dos en México, dos en Venezuela, una en República Dominicana y una en Nicaragua.

De vuelta en El Viejo Almacén

Además de trabajar con el turismo, desde 2018 el Almacén también se ocupa de dar de comer a los empleados de las empresas que se ocupan de instalar los molinos eólicos que suministran energía a la Red Nacional (esos blancos altísimos que se ven en las rutas), así que la cocina del almacén no descansa nunca. Sin embargo, Viviana y familia están felices porque aquí han generado comunidad y han encontrado su lugar en el mundo.