Mi Sangre, historia de narcos, espías y sicarios

Por Pablo Kulcar

Henry de Jesús “Mi Sangre” López Londoño fue encontrado culpable por un jurado de Miami bajo los cargos de conspiración para cometer delitos de distribución de sustancias controladas. El acusado enfrentó una pena de prisión perpetua. El anuncio fue oficializado por el fiscal del Distrito Sur de Florida, en Estados Unidos, Benjamin G. Greenberg.

Según la acusación de la fiscalía estadounidense, los hechos atribuidos a López Londoño, ocurrieron entre octubre de 2006 y febrero de 2013, cuando se llevaron a cabo diversas reuniones para gestionar el envío de cargamentos de droga desde Colombia a Estados Unidos, con paso previo por Costa Rica y Panamá, en el marco de las actividades desarrolladas por la organización criminal colombiana “Los Urabeños”.

“Mi Sangre” fue apresado a fines de octubre de 2012 en el restaurante Fettuccine Mario de la zona de Pilar. El juez federal Sebastián Ramos había ordenado su detención e intervinieron el comisario Aníbal Fernando de Simone, jefe de la división Drogas Peligrosas de la policía Federal, dos agentes de la inteligencia argentina y dos miembros de la policía nacional de Colombia.

Mauro Federico es el único periodista argentino que entrevistó a Henry de Jesús López Londoño, colombiano acusado de narcotraficante, en el inhóspito Anexo 20 del Módulo VI del Complejo Penitenciario 1 de Ezeiza. Sus encuentros están retratados en su libro Mi Sangre (Historias de narcos, espías y sicarios).

“Este personaje, detenido en el penal de Ezeiza desde octubre de 2012, negaba sistemáticamente algo que hizo y está comprobado. Participó de organizaciones criminales que utilizaron el narcotráfico como fuente de financiamiento. ¿Esto significa que era un narco? No hay un bachillerato que te dé un título para eso, pero tiene muchas materias aprobadas”, narra el actual conductor de ‘Siempre Noticias’ en el Canal Crónica TV.

“¿Cuál era su verdadera función? Ser un cuadro político de una organización de ultraderecha, creada a instancias de la protección de los hacendados y latifundistas del Valle del Cauca y Antioquía, desde fines de los años 80″, marca Mauro Federico, quien también conduce en la actualidad el programa ‘Wake Up’ por FM Delta 90.3.

Primera entrevista

Mi Sangre no estaba en un pabellón VIP, sino en uno de máxima seguridad con condiciones muy estrictas. Mi primera pregunta, por qué estaba ahí. Es el único que tiene cámaras las 24 horas porque es un pabellón psiquiátrico y esto me garantiza la vida, me respondió.

El lugar era muy sencillo. Me senté en una silla de plástico frente a una mesa de ping pong que hacía de escritorio, y esperé. Entró con un equipo de gimnasia, camiseta deportiva, bucito y el pelo mojado de recién bañado. Se me acerca ceremonialmente, me extiende su mano y saluda qué tal Mauro como estás, es un gusto conocerte. Era bajo, de 1,60m. A mi lado, casi un enano. Parecía un marcador de punta de Independiente de Medellín.

A primera impresión me costaba verlo como el criminal sanguinario que era. Parecía vulnerable. Casi que pensé con dos sopapos yo lo tiro al suelo. Él me ofreció un café, que hizo con unos saquitos asquerosos y el agua de un termo que estaba en un costado, y se sentó frente a mí. Me propuse olvidar de quién se trataba y hacer mi trabajo. El tipo tenía una ductilidad, una capacidad de palabra y expresión notable. Yo ya sabía que no iba a encontrarme con un negado a la hora de hablar, pero me sorprendió su riqueza de vocabulario y su amabilidad.

Hablamos 3 horas que se pasaron volando. Lo primero que se intenta en una entrevista cara a cara es generar empatía. Sabía que era hincha de Atlético Medellín y como Racing Club, mi equipo, había contado ese campeonato con dos colombianos (uno Gio Moreno, extraordinario jugador) le lleve una camiseta de Gio, y sonriendo me dijo acá yo soy de Racing. Arrancamos hablando de futbol.

Para generar empatía le llevé la camiseta de Gio Moreno, colombiano extraordinario jugador que en aquel momento jugaba en Racing Club, mi equipo, y me dijo entonces acá yo soy de Racing

Durante la charla noté que el tipo se sentía muy cómodo, lo que en verdad me preocupaba. Creo que se dio cuenta se que yo estaba sin ningún prejuicio contra él, cosa que es muy difícil para un periodista colombiano. Para nosotros los argentinos, Colombia está todavía lejos geográficamente y temporalmente. En el transcurrir de la charla fue viendo que yo no venía a escribir su biografía. La entrevista era el punto final de una investigación que tuvo sus ramificaciones en el extranjero y en diversas áreas judiciales.

Para mí era importante reconstruir ciertas situaciones que estaban en la instrucción hecha por la policía. Allí se detallaba como hora de detención las 14 y el arresto antes del almuerzo. Mi Sangre me dijo que ellos estaban dentro desde las 16 y que terminaron de almorzar. Fui luego al restorán y verifique el relato del colombiano. Si yo tomo el de la policía incurro en un error pelotudo, que si bien no invalida al contexto del relato, le resta credibilidad. Narró con detalles su tarea dentro de la agrupación, siempre dándole un sentido de heroicidad patriótica.


Henry de Jesús “Mi Sangre” López Londoño (Foto: cij.gov.ar)

Segunda y tercera entrevista

En la segunda entrevista, ya no era el mismo. Estaba muy lejos de parecer un tipo común. Parecía que la historia misma lo había transformado. Su historia de vida le había modificado. A este tipo le mataron un hermano a los golpes los de la Banda 1119, su padre muere en un accidente de trabajo y él tiene que hacerse cargo de su familia. Transitó los últimos 20 años de su vida en el corazón de una Colombia donde la sangre siempre estaba caliente, donde latía día a día el conflicto.

Parecía temer por el resultado final de la entrevista, por la inseguridad que podría llevarle a personas allegadas a él e inclusive muy puntualmente me dijo que si publicaba textualmente todo, las podría tener mi familia. Fue tan directo que recuerdo sus palabras. “Esas vidas no valdrían nada”. Lo dijo fríamente como si pudiera estar diciendo te voy a romper las piernas o te voy a regalar un millón de dólares. Sin inmutarse. En un tono neutro. Parecía esos actores malos de cine diciendo te quiero o te odio con la misma cara.

No me vayas a fallar, eh! Como lo hagas, la vida de personas cercanas a mí, inclusive la de tu familia, esas vidas, no van a valer nada”

Después de tres entrevistas, aunque quedaban datos por saber, su predisposición ya era distinta y creí conveniente darla por terminada. Tenía datos suficientes sobre las tareas de las organizaciones paramilitares que lucharon en Colombia siempre al amparo del Estado por la recuperación de territorios de latifundistas y hacendados que los habían perdido en manos de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

Tenía la certeza de que en esos territorios se embutaba droga a 30 o 40 metros, y cuando algún grupo tomaba el lugar, encontraba la covacha y se quedaba con la droga. Sabía que López Londoño trabajaba para un personaje siniestro de las Autodefensas Unidas Colombianas, Carlos Cataneo y sus dos hermanos, Vicente y Felipe, para quienes se había infiltrado en las organizaciones narco criminales para después marcar a los objetivos y matarlos. Lo mismo hizo en las FARC.

El tipo era un topo. Se infiltraba y delataba. Se dedicaba a esa infiltración, de forma estratégica y muy cotizada. Fue chofer en la redada que atrapó a Pablo Escobar Gaviria en 1993. Detrás de estos tipos hay mucho más que narcos. Hay espías, sicarios, y un poder que se consolidó en la década de los 80.

Despedida

Nos despedimos. Llegó al borde de la sala, abrió la reja, y como en una escena de película, se dio la vuelta, volvió a mirarme y me dijo “no me vayas a fallar, eh”.

Unas palabras le retratan y reflejan el entramado narco político de la época. En una oportunidad me dijo “Mauro, yo no soy un narcotraficante. ¿Te imaginas? Sí he confesado haber participado en tares en las que murieron miles de personas. No tendría problemas en aceptar que fui un narco si lo fuera, pero no lo fui. Sólo combatí en una lucha llena de distintos poderes, pero siempre fui un cuadro político dentro de una guerra. Sangrienta y contaminada”.

Confesé mi participación en tares en las que murieron miles de personas. No tendría problemas en aceptar que fui un narco si lo fuera, pero no lo fui. Sólo combatí en una lucha llena de distintos poderes, pero siempre fui un cuadro político dentro de una guerra. Sangrienta y contaminada”

Conclusión

La historia marca que las Fuerzas Armadas colombianas y los grupos guerrilleros que tenían ocupados vastos sectores, empiezan a avanzar sobre sus territorios. El Estado no encuentra manera de detener el accionar de las FARC dejando a estos hacendados sin sus tierras productivas. Pero se convierte en cómplice al darle carta blanca a grupos paramilitares de la ultraderecha para que luchen e intenten desalojar a la guerrilla a cualquier costo. Estos se abastecen de armas, se entrenan en Estados Unidos, y comienzan a tener independencia. Allí aparece nuestro amigo López Londoño en una cruzada a la que siempre consideró patriótica.

Estas bandas combaten, asesinan y recuperan territorios quitándoselos a las FARC. Eso implicaba quedarse con todo lo que había en ellos, inclusive droga. Por lo tanto se comienzan a financiar, por un lado, con el dinero que el Estado les aportaba para la lucha, y por la otra, con la venta de esta mercadería que encontraban en los lugares recuperados. Fue en ese momento cuando el mercado de la droga se expandió. Y como a los Estados Unidos no le interesa combatirlo, sino sólo regularlo, la DEA se impone a sí misma el control del negocio, no su desaparición.

Crecieron personajes que administran estas inmensas fortunas, insertándolas en el sistema financiero a través de los bancos y de otras maniobras de lavado. Uno de ellos es Ignacio Álvarez Meyendorff.

Nacho o Gran Hermano

Nacho era el financista de los cárteles que operaban en Colombia, y a los que estos tipos le confiaban la guita, que de hecho era mucha. En 2005 llega a la Argentina con su familia, se instala, compra propiedades, hace negocios, y nadie le pregunta nada. Total impunidad para su tarea de lavado de dinero. Un día este tipo se va de vacaciones a Tahití y cuando vuelve, por alguna razón del destino, el operador de la aduana se da cuenta que es un personaje buscado, le suena una alarma y allí mismo lo detienen.

Va a parar a Ezeiza, a un pabellón VIP. Como buen narco, distribuye guita en todo el pabellón e inclusive camisetas de fútbol para el esparcimiento y la camaradería del lugar. En uno de estos partidos le pegan un pelotazo en los genitales. Cuando los médicos le revisan, le comunican que necesita una operación. El tipo dice ok. Alquila una clínica en Belgrano, se trae cirujanos de Colombia, y ya que está, pide que en la intervención le agreguen 5 cm a su miembro. No quería dejar pasar esta oportunidad para darse el gusto. Desde ya, paga todo el operativo para su traslado, con 50 policías, helicópteros, y hasta perros, muy hábil para demostrar quien tenía el poder y quien tenía lo más preciado, el dinero.

Extradición

En declaraciones públicas, el fiscal de Distrito Sur de Florida, agradeció la colaboración que brindó la Argentina a la estadounidense y resaltó que el enjuiciamiento de Henry de Jesús López Londoño es el resultado de una cooperación internacional extraordinaria”.

El colombiano es una fuente confidencial del gobierno norteamericano. Tal como lo reconoce el propio Gobierno de los Estados Unidos, agentes del Departamento del Tesoro estadounidense habrían contactado a Mi Sangre para infiltrarlo en distintas bandas criminales colombianas.

A cambio, le ofrecieron asilo para él y su familia, algo que Argentina aún no le había concedido. Para cumplir con el requerimiento de Estados Unidos, López Londoño viajó a Colombia y cumplió con las dos condiciones que le exigió el Departamento del Tesoro. Demostrar el interés en la contratación, y probar que tenía la capacidad para las tareas.

De esta manera, Londoño se habría infiltrado en distintas bandas criminales colombianas con la contratación inicialmente propuesta por el Departamento del Tesoro norteamericano. Para llevar adelante estos trabajos de “fuente confidencial registrada” del Gobierno de los Estados Unidos, López Londoño fue documentado como agente confidencial bajo el seudónimo de “Assis”.

Sin embargo, según asentó la defensa del colombiano, en agosto de 2010, y como consecuencia de lo que se cree fue una guerra interna entre las agencias gubernamentales (ICE y DEA), la DEA habría boicoteado la cooperación a partir de una acusación criminal al colombiano, a fin de sacar del juego al agente. Gracias a la conservación de algunos de los registros por parte del acusado, la defensa de Mi Sangre logró que el Gobierno de Estados Unidos tuviera que descubrir y reconocer su condición de “agente encubierto”.

Daniel Bladimiro Fedel, abogado argentino de López Londoño en la extradición declaro que “de haberse conocido esta circunstancia por el Gobierno de la República Argentina, la extradición no habría podido realizarse, en tanto no se habría cumplido con el requisito mínimo legal exigido por el Tratado de Extradición firmado entre la Argentina y Estados unidos. El delito imputado, para ser “extraditable”, debe ser delito tanto en el Estado requirente como en el Estado requerido”.

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