Mes de las Infancias, una oportunidad para reflexionar sobre niñez y crianza

Por Inés Tiphaine (chinisst@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

El clásico Día del Niño es una fecha emblemática, que en los últimos años ha ido cambiando de lugar en el calendario. Décadas atrás se festejaba el primer domingo de agosto, luego pasó al segundo –para que no estuviera tan cerca del comienzo de mes– y como cada dos años se superponía con las PASO, finalmente quedó fijo en el tercer domingo de agosto y ya no se habla del Día del Niño sino de las Infancias.

Concretamente, desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, a través de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) impulsó el cambio del nombre a «Día de las Infancias«, para posicionar el enfoque de derechos con perspectiva de géneros y diversidad.

La novedad es que ahora también agosto se ha convertido en el Mes de las Infancias, una oportunidad para reflexionar sobre todo lo relativo a les niñes en general. Por ello, El Café Diario dialogó con una autoridad en la materia como es la licenciada Maritchu Seitún.

Experta en temas de crianza, integra y coordina los equipos de Psicología de Niñez y Adolescencia del Centro Médico Domingo Savio en San Isidro, provincia de Buenos Aires, la psicóloga también es autora de varios libros.

Maritchú Seitún, especilista en crianza.

¿Por qué cambió el nombre del Día del Niño?

Se modificó para cambiar el foco y hablar de la niñez. Es importante hablar del Día de la Infancias.

¿En qué ha cambiado la crianza en estos últimos tiempos?

Obviamente no para todos, sino para muchos papás se ha puesto muy incómodo en el tema de la crianza, porque después de haber sido permisivos durante un determinado tiempo, les cuesta mucho volver al eje, que los chicos no traten de hacer lo que quieren todo el tiempo.

¿Influyó la pandemia?

En realidad, ya desde antes de la pandemia cambió la crianza. En la pandemia se profundizó, los papás se tendieron hacia el lado permisivo, a tratar de poner pocos límites, incluso la palabra límites tiene mala prensa. Y esto trajo muchos inconvenientes para los papás que se ven bastante superados por sus propios hijos.

¿Hablar de límites en la crianza es un paradigma del pasado?

Hablar de límites en la crianza es pasado, presente y futuro. El límite ordena, organiza, el límite encauza y si no podemos entender eso, es muy difícil acompañar a nuestros chicos. Van a hacer lo que quieren y van a intentar dominarnos y la verdad es que, como decía Jaime Barylko, son como las líneas de la ruta: cuando vamos por una ruta delineada, sabemos por dónde ir y nos sentimos seguros. Si no hay líneas en la ruta, no hay límites. Si no nos gusta la palabra, pongamos otra, pero de eso se trata un límite.

¿Es necesario ponerles límites a los hijos?

Por supuesto. Los límites fortalecen los recursos personales de nuestros hijos y nos permiten conservar nuestra mirada enamorada, que es la base de la autoestima cuando son chiquitos. Si no pongo límites, me va a costar mirarlos de esa forma. Muchas veces voy a estar enojada, desilusionada, triste, los voy a hacer sentir culpables. Y todo eso ocurre muy poco cuando somos claros y firmes en nuestra puesta de límites.

Hoy, la sociedad del consumo los anima a que dejen de ser niños más rápido. ¿Por qué?

Creo que la sociedad de consumo anima a los niños a que dejen de ser niños para que consuman más y nada más que para eso. No están pensando en el interés del niño sino en vender más. Cuanto más cortas son las etapas, más cosas nuevas necesitan los chicos y por eso les interesa que vayan quemando etapas. Pero esto a los chicos no les hace bien ni les conviene ni está bueno, necesitan tiempo para crecer como necesitaron siempre.

Seitún: «Los límites fortalecen los recursos personales de nuestros hijos«. Foto: Despitphoto.

Cuestión de empatía

En su libro «Criar con empatía» habla sobre el concepto de los padres suficientemente buenos, pero a la vez imperfectos. ¿Cómo se debería enseñarles a los hijos a ser más empáticos con el otro? ¿De qué se trata la crianza respetuosa?

Padres suficientemente buenos les permiten a los hijos ser suficientemente buenos y es un alivio que no esperemos tanto de ellos. La empatía se enseña con empatía: si a mi hijo le cuesta comprender, tengo que comprenderlo más, no retarlo porque no comprende… Lo aprenden de nosotros. De todos modos, tendrá que pagar las consecuencias si su falta de empatía le hizo cometer errores.

¿Cuál sería el mejor regalo para un niño, ahora, en Navidad, su cumpleaños…?

El mejor regalo del día del niño sería nuestra presencia. No sólo nuestra presencia del día en particular, sino nuestra presencia de todos los días de un ratito en la vida de cada uno de nuestros hijos. Es estar un ratito todos los días lo que los hace sentir elegidos, queridos, importantes, valiosos en nuestra mirada. Todo esto en este último tiempo con tanta pantalla se hace muy difícil.