Marche una con algas, por favor

Por Lola López (www.instagram.com/quailola)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

«Antes había tratado de emprender con empanadas pero no me fue bien«, recuerda Alejandra Pichiñan, «y un día mi hija me dijo: ‘Mamá, ya que hay tanta gente acá que se está cuidando y que va mucho al gimnasio, ¿por qué no hacés ensaladas?‘. A mí me parecía raro y que no iba a funcionar, pero decidí probar y los pedidos empezaron a llegar«.

Resumida, esta es la historia de esta emprendedora que está sorprendida y contenta porque las cosas le van bien. Además, porque lo logró sin moverse del lugar donde nació y se crio: Camarones, en la provincia de Chubut, a 260 kilómetros de Comodoro Rivadavia.

Alejandra asegura que una vez que alguien prueba sus ensaladas ya queda como cliente y hay hasta quienes le hacen pedidos semanales, en especial desde que consigue verduras agroecológicas gracias a la iniciativa de la organización local Transición Camarones de crear un invernadero, que tuvo el apoyo de la municipalidad, de distintas organizaciones y el acompañamiento del INTA. 

Alejandra y sus ensaladas, el puntapié para un emprendimiento que ya dio sus frutos. Foto: gentileza de la entrevistada.

En Camarones contar con verdura fresca es clave, ya que, antes del vivero, las frutas y verduras debían recorrer 200 km para llegar, con las complicaciones y los costos que eso implica. Otro de los beneficios que trajo esta iniciativa es que el Concejo Deliberante sancionó la ordenanza de fomentar la agroecología en Camarones y que hay un proyecto para tener 3 predios de más de 3000 m2, que puedan sostener un cinturón productivo cercano.

A todo esto se le suma algo diferenciador: que a las ensaladas que Alejandra venía haciendo ahora se ha incorporado un ingrediente local y que tiene que ver con su propia infancia: las algas, un producto natural de la zona: «Me gusta porque tiene que ver con lo mío, porque yo de chica iba con mi papá a cosechar algas, es mi infancia… y a la vez es algo nuevo para el cliente«, dice Alejandra. «Mi objetivo es también incorporar el alga en distintos productos, como humus a base de garbanzos o porotos con ajo y aceite de oliva y también hacer escabeches. Más allá de que conozco las algas, ahora estoy realizando capacitaciones para saber cómo manejarlas y que queden ricas en las comidas«.

Además de ensaladas, las algas también sorprenden en otras preparaciones. Foto: gentileza de la entrevistada.

La cuestión de las algas se enmarca dentro de las diversas acciones en terreno para recuperar productos y saberes locales en peligro que, en este caso, tiene que ver con que las poblaciones de algas empezaron a escasear por diversos motivos, entre ellos una sobreexplotación, en su mayoría para la producción de agar agar, un aglutinante para la industria alimenticia.  

Experimentando con algas. Foto: gentileza de la entrevistada.

Por ese motivo se están realizando algunas «plantaciones» experimentales en la zona, que consisten en buscar lugares donde una especie en peligro esté todavía presente y se cortan pequeños trozos de alga que luego un buzo planta, a mano, y en una superficie previamente delimitada (todo bajo el agua). 

De este modo, además de volver a tener un recurso económico para la comunidad se genera una gran captura de carbono porque las algas tienen esa capacidad, así que recuperar su población es también restaurar el ambiente.

Mientras tanto, Alejandra sigue contenta: además de los pedidos que le hacen de lunes a viernes, ahora se le suman las megaensaladas que le encargan los que se juntan a comer asado. «Cada día me llegan nuevos clientes… e ideas«, cuenta. «A veces no doy más de lavar, pelar, cortar y rallar, pero con mis hijas somos un equipo y estoy feliz porque por primera vez siento que tengo un trabajo propio«.