‘Los cazafantasmas’, regreso con gloria

Por Gastón Dufour (egastondufour@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Los cazafantasmas’‘(‘Ghostbusters’, 1984) tenía todo para ser un fracaso. Un guion sin terminar, un elenco pensado inicialmente que se modificó por razones de fuerza mayor, inconvenientes de derechos de título, algunos efectos especiales rudimentarios, una fecha de estreno exigida demasiado apretada… ¿Qué podía salir mal?

Contra todos los pronósticos, no sólo no salió mal, sino que fue el inicio de un clásico moderno.

Los cazafantasmas originales fueron furor y se convirtieron en un clásico moderno y brindó múltiples (y vigentes) íconos pop.

 El comienzo los cazafantasmas: una idea espectral

La película que dio puntapié inicial al universo de ‘Los Cazafantasmas‘tuvo su origen en una idea de Dan Aykroyd, cuya familia tenía relación generacional con el espiritismo y las apariciones del más allá.

Su deseo era incluir a John Belushi como su partenaire, tal como había sucedió en ‘The Blues Brothers‘ –espantosamente conocida por aquí como ‘Los hermanos caradura‘– y sumar posteriormente también a Eddie Murphy, con quien había coincidido en el filme ‘De mendigo a millonario’.

Lamentablemente siempre hay un pero y en este caso fue el más triste: el fallecimiento de Belushi. Con este acontecimiento inesperado, y a partir de ese desarrollo primario de la historia en que estaba aún trabajando, Aykroyd lepide a su agente Mike Ovitz ayuda al respecto y es él quien contacta al director Iván Reitman, a quien conocía desde sus inicios en Canadá, y su primer film, atención, ‘Chicas caníbales‘, protagonizada por Eugene Levy, (el padre de Jim en ‘American Pie’) y lo propone para dirigir el proyecto.

Reitman, quien ya había trabajado junto con Bill Murray y Harold Ramis, suma a instancias de Ovitz a este último como guionista (de hecho, era él quien había escrito todos los films de Reitman realizados en los Estados Unidos) y pronto pensó que actuar en la película, además de coguionarla, era una idea estimulante. Y así fue.

Casting completo

El elenco ideado casi junto con el primer borrador de guion incluía, como dijimos, a John Belushi y a Eddie Murphy; pero dadas las circunstancias por todos conocidas, y a que finalmente decidieron reemplazar a Murphy por cuestiones varias, entre ellas presupuestarias, el terceto quedó definido con Bill Murray y Harold Ramis junto a Aykroyd.

Bill Murray, Harold Lomis, Dan Aykroyd y Ernie Hudson.

Karen Rea estaba ya a cargo del timón y cuando el guion final incluyó a un cuarto participante, el elegido fue Ernie Hudson, quien contaba en su resumeé con una trayectoria en televisión participando en las series más reconocidas de la época, como por ejemplo ‘Brigada A‘, entre muchas otras. 

A modo de broche de oro, Sigourney Weaver se interesó en el proyecto y finalmente Rick Moranis también fue de la partida, ante el rechazo del papel por parte del recordado John Candy, para quien la participación había sido escrita inicialmente. 

Los efectos especiales: el detalle más importante

Como un desprendimiento de Industrial light and magic, la conocida compañía de efectos especiales creada por George Lucas en 1975, Richard Edlund, un reconocido profesional del área, renuncia y luego reúne a algunos de sus ex compañeros en una nueva empresa: Boss Films. En ese momento se acerca a Reitman (y a Columbia Pictures) para trabajar en la nueva producción.

Cabe aclarar que la primera opción para el director fue ILM, pero el rodaje de ‘Indiana Jones y el templo de la perdición’ era por ese entonces un compromiso adquirido para ellos y les resultaba  imposible cubrir ambas películas al mismo tiempo.

De manera que el cisma y la búsqueda de nuevos retos de Edlund le vinieron a Reitman como anillo al dedo para llegar a cumplir con los tiempos exigidos por el estudio.

Convocatoria accidental de elenco: comportamiento de Bill Murray

Según cuentan las crónicas de época (algunas de las que pueden verse en los microdocumentales de NetflixLas películas que nos formaron’), no se podía saber casi hasta el último minuto si se contaba efectivamente con Murray. Y así fue. Llegada la fecha de jornada, el equipo tuvo que esperar por él prácticamente con todo listo para comenzar. Claramente, o como en cada película en que Murray participa, ameritaba la espera. 

Cuestiones de derechos

Por un lado, el director de Columbia, Frank Price, con quien se habían realizado las primeras negociaciones para comenzar con la producción, se había retirado de su puesto en la major debido a que la Junta, controlada ahora por un nuevo dueño –la más famosa gaseosa del planeta– se negaba a financiar el proyecto, al que consideraba un riesgo comercial. Y por el otro, debían luchar con una cesión de derechos por el uso del nombre pensado, ‘Ghostbusters‘. que pertenecía a una antigua serie de televisión perteneciente a Filmation

La situación se destrabó gracias a Price, el héroe sin capa que además de darle los derechos de publicidad a Reitman protegiendo así al proyecto, pudo, dado su paso a Universal, dueña del título (y de Filmation, claro) firmar la autorización para usar finalmente el nombre elegido desde el principio. 

¿A quién vas a llamar?

La canción que hoy es inequívocamente representativa del film original tanto como de sus secuelas, de una sencillez que resulta además pegadiza por su estribillo resonante, fue escrita casi de una sola vez por el cantante y compositor Ray Parker Jr., mientras buscaba inspiración en los videos proporcionados por el director.

Al parecer la musa logró invadirlo justo a tiempo, mientras la persona que debía llevar el cassette para que pudieran incluirla en la cinta del filme esperaba en la puerta del estudio de grabación. 

Desprendimientos y secuela obligada

Posteriormente, dado el furor por ‘Los cazafantasmas’, la aparición de dibujos animados, videojuegos y a la par, merchandising alegórico, no se hicieron esperar. Y es entonces que, unos años después, precisamente en 1989, se filma la secuela, repitiendo la fórmula de guion de Arkroyd-Ramis, con el elenco original al que se sumaron Peter MacNicol, Harris Yulin y David Margulies, entre otros. 

El clásico fantasmita de la ‘Ghostbusters’ original.

No todas las terceras partes son buenas

La tercera entrega, que se planificaba como un intento de reboot, resultó un fiasco para los fans, casi tanto como para el público en general. ¿Se debió esto a que la ‘Ghostbusters’ de 2016 estuviera encabezada por un elenco exclusivamente femenino?

Claro que no. Individualmente cada una de las protagonistas se ha hecho un nombre en el cine a partir de su gran talento y en ese género en particular, con éxito sostenido, pero en conjunto, y debido a un flojísimo guion, el resultado fue decepcionante. Utilizando una conocida analogía, fue como chocar una Ferrari. 

La elección de algunas de las mejores comediantes norteamericanas de los últimos tiempos no alcanzó.

Ghostbusters: El legado

Y llega el cierre, pleno de nostalgia. Pero no solamente de recuerdos vive el público, y tampoco Jason Reitman, hijo del director original, y quien le imprime el recuerdo de la década que la vio nacer y la transformación de los nuevos tiempos a la película que puede ser, en principio y según parece, el cierre de una historia que atraviesa y une a un par de generaciones.

Con un humor sencillo, buen ritmo narrativo, un homenaje hacia el final y algunas sorpresas no tan inesperadas, la idea de la aventura estilo coming of age con reminiscencias de la década de 1980, cuyo espíritu tan bien interpretaron los Duff Brothers con ‘Strangers things‘  funciona perfectamente.

Nueva generación de Cazafantasmas.

Esto se debe en buena parte gracias al elenco en el que destacan, cada uno en la parte del rompecabezas que les toca, Mckenna Grace como Phoebe, la nieta simpática y nerd del personaje de Egon Spengler (rindiéndole especial tributo con su despliegue tanto al personaje como al desaparecido Harold Ramis) y Paul Rudd, cuyas herramientas por fuera de no parecer envejecer jamás ya todos conocemos.

Asistir a ver esta película es un excelente recorrido emotivo retro que no se queda solamente en ese plan. Es, también, una muestra del vínculo inoxidable entre la vida y la búsqueda de la propia identidad en tren de aventura fantástica. Algunas cosas, pese a la tecnología que todo lo inunda, en realidad no han cambiado demasiado.