Lina Avellaneda no sólo canta: también escribe

Por Luján Gassmann (lujangtv@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Lina Avellaneda es una exquisita cantante de tango, de gran carrera profesional. Pero hay otro lado no tan conocido, que ahora comparte con todos: el recuerdo de su hermana, Graciela Carmen Pane, desaparecida durante la última dictadura y en cuya memoria escribió el libro “Cartas a Gracielita”.  

Se trata de un relato que permite conocer a una joven de 23 años, estudiante de ingeniería química en la UTN de Avellaneda, que siempre militó por los derechos estudiantiles.

Graciela ya había sido detenida por primera vez en 1975, mientras pintaba paredes, por la brigada Avellaneda-Lanús de la policía bonaerense y liberada por las presiones de numerosos organismos e instituciones. Sin embargo, el 2 de octubre no pudieron impedir que fuera secuestrada por la temible «Triple A» y que 24 horas después fuera brutalmente asesinada, cursando tres meses de embarazo.

El Café Diario entrevistó a Lina, pero no a la cantante, sino a la hermana y escritora.

Liliana Pane, cuyo nombre artístico es Lina Avellaneda, pidiendo justicia por su hermana.

¿Por qué escribió este libro?

Lo que me impulsó a escribir este documento en forma de libro fue una necesidad de los organismos de Derechos Humanos, que nos piden a quienes hemos sido sobrevivientes o familiares de las víctimas, tanto del terrorismo de Estado, como de la dictadura, que contáramos en forma escrita, oral o como fuera, la vida y experiencias que nos tocó vivir. Los gustos personales, sus rutinas, sus necesidades, sus urgencias, sus amores. En general, su militancia y compromiso se conoce, fue la causa por la cual fueron desaparecidos o asesinados, pero no quieren que sean solamente un número. La idea es que a ellos se los conozca como personas, con un nombre, un color, sus vivencias.

¿Cómo resultó la tarea?

Reconstruir su historia fue muy difícil y doloroso, pero por momentos, también fue agradable, porque aparecieron recuerdos, incluso algunos que yo tenía bloqueados. Aparecieron cosas lindas que estaban ocultas y bloqueadas después de su asesinato. Más allá del pedido de Justicia, yo extraño a mi hermana, a la tía de mi hijo, a mi sobrino que no pudo nacer.

La familia Avellaneda cuando el horror era inimaginable.

¿Cuándo arrancó el proceso de escritura?

Me costó muchísimos años empezarlo y muchas veces lo dejé en standby, pero en 2020, con la pandemia, me comprometí a terminarlo. Me senté en la máquina, con el papel en blanco y ahí empecé a hablarle, de alguna manera, a mi hermana y eso fue llevando a traer todos estos recuerdos, muchos de los cuales estaban bloqueados en mi mente. Todos los días me sentaba un ratito a escribir y así fueron surgiendo esas cartas diarias que componen al libro.

¿Por qué hay que contar esta historia?

Es muy importante contar esta y otras historias ya que estamos en un momento donde el negacionismo, el olvido y la injusticia por crímenes de lesa humanidad dejan en el olvido a nuestros familiares y amigos. En este momento, en el mundo diría, todo esto está saliendo a la luz nuevamente y hay que darles voz a esos recuerdos.

¿Cree que se reduce siempre a la idea de que todos eran guerrilleros?

Es preciso aclarar que no todos los desaparecidos fueron gente de armas. Está comprobado que los guerrilleros en nuestro país, chicos que se levantaron en armas, no fueron más de 4000, esto dicho por informes de Estados Unidos, todo el resto fueron trabajadores, estudiantes y dirigentes militantes de diferentes partidos políticos. En el caso de aquellos que sí formaron parte de la guerrilla, debieron haber sido juzgados o detenidos. Recordemos que si se levantaron en armas fue contra un gobierno absolutamente corrupto y dictatorial, con una triple AAA que mataba más de 600 personas antes del golpe. Debió haber denuncias y juicios. No arrojarlos desde un avión o torturarlos hasta morir como en el caso de Graciela, mi hermana.

¿Es una manera de reflotar su lucha?

No sé si es una manera de reflotar su lucha, tal vez lo sea. En este libro yo no cuento de la lucha por un gobierno tripartito, ni por todas las libertades que los estudiantes fueron ganando gracias a su lucha. En este libro no hablo de su militancia, porque eso quiénes quieran saberlo lo pueden averiguar. Yo hablo más del aspecto humano de Graciela, de cómo plantábamos tulipanes en macetas, de cómo me ayudaba a superar mis miedos, de la pobreza que nos atravesaba, de su tremenda sensibilidad, de su arrojo, de su habilidad para bailar danza clásica, para tocar el piano. Para mí es una mujer… Bueno… era una mujer inspiradora, una mujer que estudió dos carreras al mismo tiempo, que se casó joven y que buscaba superarse.

Las hermanas Pane en los años ’70.

En su relato está muy clara su presencia y cuidado. ¿Qué fue su hermana para usted? 

Mi hermana para mí significó amor, risas, fue una mamá. Más allá de la figura materna, fue ella quien me dijo lo que me iba a pasar con mi primer beso o cómo me iba a hacer señorita. Fue mi ayudante escolar, esos 4 años que nos separaban, hacían que para mí fuera referente. Su inteligencia, su dulzura, cómo me defendía, era muy especial para mí.

Lina Avellaneda en la Feria del Libro, junto a Horacio Ramos y Miguel Simonetti.

¿Dónde se consigue el libro?

Este libro documento se puede retirar de la Secretaría Derechos Humanos de Avellaneda todos los días, desde la mañana hasta la tarde. Está ubicada en lo que en algún momento fue el infierno, un lugar de detención, donde también pasó mi hermana. Hoy ahí es donde se puede encontrar su historia, tiene un simbolismo muy importante para nosotros poder entregar ahí este libro en forma gratuita. También se puede encontrar en pdf, me lo pueden solicitar por mail a linadeavellaneda@hotmail.com. Es un honor para su memoria que quieran tener la historia.

El libro tiene prólogo de Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo.

¿Pudo presentarlo en la Feria del libro?

Sí, en el stand del Gobierno de la provincia de Buenos Aires junto a otro autor, Horacio Ramos, que presentó su libro “Avellaneda, el sur de la esperanza” y con a Miguel Simonetti, responsable de la Cooperativa Editorial «Azucena Villaflor».