Lenguaje inclusivo: lo que no se dice (pero conviene saber)

Por Lola López (www.instagram.com/quailola)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Se nota enseguida: el uso del «todes», del «hijxs» o «hij@s» y todas sus variantes genera molestia. Más aún: hay personas que se vuelven locas cuando escuchan hablar a alguien en lenguaje inclusivo.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué, de pronto, tanta puntillosidad con el lenguaje cuando no lo somos a la hora de usar anglicismos (marketing) y neologismos (watsapear)?

La respuesta es directa: seguramente moleste porque se trata de una lucha política por la igualdad de género, interviene el discurso público que busca que se tome conciencia sobre una injusticia en la sociedad. Por eso, quienes no quieren que las cosas cambien, se enojan.

Así lo resume Santiago Kalinowski, licenciado y profesor en Letras y director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras*

Pero el asunto tiene muchas aristas (es sabido que cuando algo no gusta se le buscan todos los detalles para que guste menos aún. Así, quienes detestan este lenguaje argumentan (a los gritos y en las redes sociales) que la verdadera inclusión es que haya Braille y lenguaje de señas en todos lados, una propuesta que ha sido fuertemente aplaudida porque, además, da la sensación de que es una buena causa, un argumento irrebatible y que hasta les da una pátina de bondad por defender posturas como esas.

Sin embargo, la respuesta es tan simple y llana que deja enmudecidos los debates: una cosa no invalida la otra. «No me parece apropiado descalificar la búsqueda de la igualdad de género argumentando que lo verdaderamente inclusivo tiene que ver con alguna discapacidad porque una inclusión no cancela la otra», enfatiza el especialista. O sea: hay lugar para todos. Pasen e inclúyanse. 

Suena mal al oído, pero el lenguaje inclusivo va más allá de eso. Foto: Google libre de derechos.

Otro argumento es que hablar en inclusivo es una falta de respeto al idioma (y lo más curioso es que quienes sostienen esto suelen cometer faltas graves como decir “vistes” o “comistes” y sin ponerse colorad@s.

Como dice Kalinowski en diálogo con El Café Diario: “El español no tiene sentimientos”, y agrega: “La lengua no es una cosa sagrada que no se puede tocar sino una herramienta para la evolución humana y vive en nuestras mentes, no en una biblioteca”.

El lenguaje inclusivo hace visible la desigualdad. Foto: Google sin derechos.

Por qué molesta el lenguaje inclusivo

¿Estamos pres@s del masculino genérico?

Su existencia no es una casualidad. Como históricamente el varón siempre ocupó todos los espacios de visibilidad, el hablante asumió que cuando un género no estaba marcado se presuponía como masculino, por eso el masculino genérico es el eco gramatical de un ordenamiento social.

Muchas mujeres se quejan de que igualdad no es la «e» sino que les paguen lo mismo que a un hombre. ¿Qué opina?

Es que la «e» no es un objetivo en sí mismo sino un recurso retórico usado para contribuir, justamente, a un cambio social, que es la igualdad para hombres, mujeres, personas trans y todos los colectivos minoritarios. Y la igualdad incluye la igualdad de remuneraciones.

¿Entonces…?

El tema es que cuando se interviene la lengua con una búsqueda política, no gusta. Acá, en verdad, lo que molesta es el feminismo que está atrás, con todas sus propuestas. 

¿El lenguaje inclusivo no quiere cambiar la gramática?

¡En absoluto! Viene a cambiar lo social, no la gramática. Es clave comprender esto.

¿Cree que sobrevivirá en el tiempo?

Justamente tiene que ver con esto que estamos hablando: muchos dicen que está condenado al fracaso porque creen que su triunfo sería convertirse en gramática, pero ese no es su objetivo, sino lograr la igualdad de derechos en la sociedad.

¿Y cómo sería un fracaso?

Convertirse en gramática y que la desigualdad siga existiendo.

* Las declaraciones del entrevistado son opiniones personales y no expresan la postura institucional de la Academia Argentina de Letras.