Licenciada Débora Blanca - Lazos en el Juego

Por la Lic. Débora Blanca

En ocasión del Día de la Mujer me propongo transmitir algunas ideas acerca de la ludopatía femenina, ideas que por estos días están compartiendo en el Congreso Internacional que se celebra en Milán, y donde están proyectando un video mío representando a la Argentina.

Hace ya algunas décadas se viene produciendo una invitación a la mujer, o más bien un empuje, para el consumo de sustancias y actividades que siempre fueron exclusividad de los hombres. Con los beneficios indiscutibles que tienen la pertenencia y la igualdad de derechos, sucede que esto implicó, al mismo tiempo, un aumento de adicciones diversas.

En una cultura de tintes machistas, el juego de azar (emparentado con un vicio) es socialmente más tolerable para el hombre que para la mujer lo cual, en algunos casos, frena a dicha práctica. Pero esto a su vez impide el reconocimiento por parte de las mujeres de su adicción, siendo la tendencia al ocultamiento mayor que en los hombres. En el varón es considerado como reprochable, pero no tiene los tintes estigmatizantes que tiene en el caso de la mujer.

Estos prejuicios se ven también en las familias. Los familiares del jugador varón tienen una aceptación implícita en relación a la situación: aceptan, no juzgan. Hay cierta complicidad presente que dificulta muchas veces el desarrollo del tratamiento, ya que no se atreven a actuar firmemente en relación al manejo del dinero cuando se les pide participación. Los familiares de las pacientes jugadoras, en cambio, verbalizan tener un gran monto de vergüenza ante la situación, y tienden a poder implicarse más en el manejo del dinero.

Así como los varones quedan entrampados por el imperativo de hacer dinero, las mujeres, a pesar de los cambios culturales, continúan atrapadas en los imperativos tradicionales perpetuando actitudes de subordinación económica.

Las ludópatas suelen sustraer dinero destinado al hogar en un trabajo de hormiga en un comienzo, y luego más abiertamente. Aquí se presenta la culpa, tanto por tomar este dinero como por abandonar las tareas del hogar y descuidar a los hijos. Como consecuencia de su mirada autocrítica, la jugadora hace mayores esfuerzos por ocultar su adicción y le resulta más difícil reconocer su problema y pedir ayuda.

Una vez asumida la afección, la familia suele sentir una especie de traición. Los maridos experimentan un fuerte sentimiento de vergüenza, como si la ludopatía de la esposa expusiera sus propias debilidades. Muchas veces se trata de ocultar a los hijos lo que sucede, confundiendo lo que es una “enfermedad” con “ser una mala madre”. El otro día me contaba una mujer recuperada que suelen acusarlas con la frase “¡se juega la plata de la comida de los hijos!”

La mujer trata de ocultar a los hijos su adicción y su marido suele acusarla “¡se juega la plata de la comida de nuestros hijos!”.

A partir del año 2000 en Argentina bajó mucho la edad de inicio en la ludopatía, y se incrementó alarmantemente en mujeres mayores de 65 años.

Podemos hablar de 3 etapas de las mujeres jugadoras:

  • Las jóvenes entre 25 y 35 años a las que les cuesta mucho lograr armar una pareja, que no tienen con quién ni dónde salir; si van a bailar ya se sienten incómodas y una salida a un teatro les parece cara.
  • Las mujeres entre 45 y 60 años, por lo general con problemas de pareja, hijos que ya se independizaron, con una intensa sensación de vacío y sinsentido.
  • Las señoras mayores de 60 que encuentran en el Bingo un lugar de reconocimiento y un modo de pasar el tiempo. Mujeres con duelos inconclusos, ausencias insoportables, vacíos que requieren ser llenados con una distracción poderosa. Hay que matar el tiempo (así lo enuncian) con una actividad que resulte tan emocionante como en otras épocas lo eran otras, y las mantenga fuera de la casa.

Para cerrar con ficción, un fragmento de la escritora española Almudena Grandes que muestra la cotidianeidad, naturalización y lo paradojal de encontrar placer (satisfacción) en la ruina:

“Me di cuenta de que era cierto que yo haría cualquier cosa por él, y comprendí de repente la esclavitud de todos los adictos (…) La madre de familia que adora a su marido y a sus hijos, y ya ha pensado en lo que pondrá para comer, para cenar, y aferra la bolsa de la compra con dedos desesperados cuando pasa delante de un bar, y mira la máquina de todas las mañanas como si fuera un enemigo despiadado capaz de estremecerse de placer en su propia ruina, y se repite que no lo hará, no lo hará, no lo hará, pero mientras se escucha a sí misma, empuja la puerta de cristal, y juega, comprendí de repente su temblor, su ceguera, la cifra de su absoluta dependencia”.

* La Licenciada Débora Blanca (MN: 23548) es psicóloga psicoanalista, especialista en Ludopatía y Directora de Lazos en Juego.

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