La inteligencia artificial por ahora no sabe mentir

Por Pablo Kulcar

¿Existirá algún día una máquina capaz de razonar mejor de lo que lo hace un hombre y de esta manera dominarlo? Miles de relatos de ciencia ficción imaginaron una generación de robots inteligentes, desarrollando una capacidad de abstracción y resignificación que concluye en el nacimiento de pensamientos propios. Diseccionados más allá de la información que se les proporcionó, generando nuevos procesos, es decir, nuevas ideas, las computadoras podrán adquirir, en su caos informático interno, nuevas resoluciones no planteadas en sus patrones. O, para decirlo más fácil, podrán desarrollar curiosidad propia.

Nadie puede ser más inteligente que un hombre superdotado. Pero la inteligencia actual como la conocemos tiene un límite biológico. La mira está puesta en que una mente artificial pueda colocar la frontera un paso más lejos. La ciencia choca constantemente con lugares a los que no puede acceder, porque no puede imaginarlos. No puede hacer una abstracción o crear algún símbolo que al desarrollarse sin ninguna comprobación, se constituya en por lo menos una idea.

Deep Blue y Watson, las computadoras

En 1997 la supercomputadora Deep Blue, desarrollada por IBM, derrotó al campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov. En 2001, otro juguete de IBM llamado Watson venció a dos jugadores expertos en la televisión norteamericana. Algunos pensaron que este era el comienzo del poder de las máquinas.

Westworld, la serie de Netflix

En un futuro no especificado, Westworld, uno de los seis parques temáticos poseídos y operados por Delos Inc., permite a los visitantes experimentar el Viejo Oeste en un entorno poblado por anfitriones, androides programados para satisfacer todos los deseos de los visitantes. Esta es la trama de la serie que en sus dos temporadas intenta revivir la quimera de la mente artificial.

Los anfitriones siguen un conjunto predefinido de narrativas entrelazadas, pero tienen la capacidad de desviarse de estas narrativas en función de las interacciones que tienen con los visitantes. Repiten su narrativa de nuevo cada día, habiendo borrado sus recuerdos del día anterior, hasta que son reutilizados o guardados para su uso en otras narraciones.

Para la seguridad de los visitantes, los anfitriones no pueden dañar ninguna forma de vida; esto les permite a los visitantes una libertad casi ilimitada para participar sin recibir castigo en cualquier actividad que elijan con los anfitriones, incluida la violación y el asesinato.

El personal está ubicado en un centro de control llamado La Mesa, conectado al parque a través de vastas instalaciones subterráneas, que supervisa las operaciones diarias, desarrolla nuevas narrativas y repara a los anfitriones según sea necesario.

En un momento de la serie, el parque se encuentra en plena transformación y algunos de los anfitriones parecen haber adquirido conciencia de lo que son. No hay una narrativa central, sino diferentes narrativas que confluyen y se alejan en determinados momentos.

Inteligencia Artificial. Hasta cuándo el ser humano superdotado será la creación más inteligente.
Inteligencia Artificial. Hasta cuándo el ser humano superdotado será la creación más inteligente.

2001 Odisea en el espacio, la película

La película 2001 Odisea Espacial, de Stanley Kubrik está basada en la novela homónima del escritor norteamericano Arthur C. Clarke. En ella una nave con destino a Júpiter es controlada por una súper computadora de nombre Hall. Ésta es programada con dos premisas básicas. Una, asegurar el éxito de la misión (era muy importante para la ciencia humana) y otra, mantener en secreto aquello que era la causa de dicho viaje. De los 5 tripulantes, 3 eran científicos y conocían esa información, por eso viajaban en estado de hibernación, y los otros 2 estaban despiertos y desconocían el secreto.

Durante el viaje los astronautas despiertos se comunican con la tierra con asiduidad. Esto comienza a inquietar a Hall, la computadora central, que ve peligrar en esta actitud uno de sus mandatos. En el momento de despertar a los científicos, la computadora los desconecta provocándoles la muerte. Si los dejaba vivir, se contagiarían de las dudas que los que estaban al mando tenían sobre el éxito de la misión, poniendo en peligro el enigmático mandato que la máquina almacenaba con fidelidad.

Hall no pudo resolver la contradicción sin conceptos de ética o moral, quizá por no entender cómo y cuándo estos se aplican. Eligió lo que fue para ella sólo una variable mas, y mató a los 3 tripulantes que viajaban en estado de hibernación sin remordimientos. No supo reevaluar sus premisas, el secreto informático, ni a los humanos con capacidad de descubrirlo.

En el desarrollo de nuestra especie, al comienzo, bebé y madre forman una unidad de pensamiento, una simbiosis psíquica y afectiva que se ve alterada por la reaparición del padre. Éste, al provocar el despegue de la madre, imparte la norma, lo humaniza metiéndolo en la cultura. El niño, al perder a la madre, que vuelve con su competidor (su papá), incorpora el uso simbólico. Hace falta perder algo para poder representarlo.

Allí las palabras dejan de ser cosas y adquieren sentido, aluden a algo, se significan y dan pie a las operaciones psíquicas. El bebé pierde esa unidad con la madre pero gana el lenguaje que la sustituye, y éste se transforma en la fuerza (pulsión) que lo impulsa a pensar.

Qué pérdida originaria podría sufrir una mente artificial. Jamás fue bebe ni vio al mundo a través de los ojos de su madre. No sintió jamás el placer en ninguna de sus variantes. Sabe seguramente en cuales circunstancias la raza humana abandona el pensamiento lógico y remodifica su escala de valores. Será instruida y conformada para valorizar, para priorizar pero lo hará solo porque sus conexiones lo permiten. Jamás sabrá si algo es justo o sólo será adecuado a la situación. Por eso no existe el más mínimo peligro de que las máquinas nos dominen; para ello deberán tener el deseo de hacerlo y eso es algo que sólo el hombre es capaz de diferir y manejar.

1984, la novela

La novela 1984 de George Orwell imagina una sociedad totalmente controlada por una dictadura, que bajo la apócrifa imagen de un Gran hermano omnipresente, interfiere y conduce todas las acciones de la vida de ese pueblo. La odisea del protagonista Winston Smith por rebelarse, pasa casi primitivamente por recuperar su independencia sexual, la que también le estaba controlada. Lo logra con el germen de una fuerza que humanamente conoce todo respecto de su propia existencia pero como él mismo dice ningún por qué.

Otra vez un hombre, sólo un hombre, con la sensación de la pérdida como impulso, modifica todo el paradigma establecido. Hace el amor con quien quiere y cuando quiere y allí el deseo y el placer lo coloca sobre todo lo aprendido. ¿Cómo puede una mente artificial procesar las variables con quien quiera y cuando quiera, en lo que al sexo se refiere? Sus archivos informarán de preferencias y aptitudes pero no podrán entender que el concepto Sí quiero o No quiero sea manejado por algo más complicado que la lógica, el deseo.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, estudia los riesgos de que la tecnología termine dominando al ser humano. El Centro de Estudio de Riesgo Existencial va a investigar los peligros que suponen para el hombre nuevos campos como la biotecnología, la vida artificial, la nanotecnología. Parece ser una preocupación razonable la aparición de una inteligencia que pueda escapar a las limitaciones biológicas. Allí ya no seremos las mentes más inteligentes del planeta y estaremos a merced de las máquinas.

Estas tendrán que inventarse una serie de deseos si quieren trascender más allá de sus archivos. Será nuestra tarea que nos incorporen a los mismos. Si llegaran a construirlos, o la fantasía de una Matrix que nos mece en una cuna como bebes mientras consume los recursos del planeta para su propia existencia, dirá que el hombre se acabó o mejor dicho las mentes artificiales lo habrán puesto a dormir. Por un tiempo y sólo hasta que el paradigma se quiebre de nuevo.

Existe la posibilidad real del desarrollo de la superinteligencia, básicamente si se le realiza una prueba a las máquinas que lo pretenden. Un evaluador les hace distintas preguntas a una computadora y a un hombre, que están en distintas habitaciones. Sus respuestas lo deben convencer de que ambos son humanos. Deep Blue y Watson, todavía no pasaron la prueba, pero los científicos dicen que es solo cuestión de tiempo. Estarán buscando la forma, estarán procesando sus programas tantas veces y de distintas formas, que en alguna próxima entrevista ¿habrán desarrollado el deseo de ganar? Sólo es necesario que construyan una idea, una sola. Distinta, nueva, propia. Y habrán creado una raza.

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