Justicia y Política en un pase de baile

La red de espionaje ilegal que salpica al gobierno. El gobierno que intenta desacreditar al único juez que busca justicia. La justicia frente a los abusos de un poder que se cree impune.

Que se haga Justicia

Que se haga Justicia

Por Pablo Kulcar

Alejo Ramos Padilla, Juez Federal de Dolores, imputó al Fiscal Federal Carlos Stornelli por sus vínculos con el supuesto abogado Marcelo D’Alessio. Los cargos son reclamar y ordenar investigaciones paralelas a las causas judiciales y haber actuado en maniobras de espionaje ilegal.

El magistrado precisó que Stornelli conocía a D’Alessio como agente de la DEA, agencia estadounidense contra el narcotráfico. Esta es la realidad de la justicia argentina en la actualidad política de Cambiemos.

Sutilmente destila aires de omnipotencia e impunidad cuando se trata de reconstruir las pruebas. El Fiscal acumula 15 días de rebeldía y se niega a comparecer a la llamada a indagatoria que el Juez Ramos Padilla le determinó.

La Justicia no puede permanecer ciega ante los abusos del poder.
La Justicia no puede permanecer ciega ante los resortes del poder.

Barro, caos y un único objetivo

Marcelo D’Alessio trabajaba como servicio de inteligencia para el Fiscal Carlos Stornelli. Éste a su vez remitía al Juez Claudio Bonadío y éste ordenaba las partes de un rompecabezas que daría como figura final a Cristina Fernández de Kirchner con traje a rayas.

La expresidenta tiene 9 causas en el juzgado de Bonadío. La causa llamada de Los cuadernos está construida por las anotaciones de un chofer del ministerio público de planificación en cuadernos de escuela primaria Gloria y Rivadavia.

Allí se intenta encontrar una vinculación entre contratos de obras públicas del gobierno anterior y el pago de sobornos. La prisión preventiva se estira a las necesidades de obtener resultados.

Varios empresarios esperan casi con una súplica un juicio oral que les permita desmentir declaraciones hechas bajo supuestas presiones o para ser más claro extorsiones. Esta mecánica jurídica no sólo es por lo menos dudosa, sino inequitativa.

Un presidente sucio

Mauricio Macri, el presidente, también acarrea situaciones judiciales que lo cuestionan. Los Panama Papers (cuentas billonarias en paraísos fiscales para evadir tributos); un intento de negociación de la deuda del Correo Argentino -empresa de la que es accionista- con el Estado, digna del mayor negociado que se puede recordar; obras adjudicadas en forma directa; decretos de necesidad y urgencia que podrían tomarse un descanso y nada cambiaría. Blanqueo de capitales por parte de su familia por valor millones de pesos, que seguramente fueron hechos trabajando a la luz de contratos también en obras públicas.

Si todo sucede como parece va a suceder, existe la posibilidad real que Cristina y Macri se enfrenten en un ballotage en las próximas elecciones de octubre. Así los argentinos estaremos obligados a elegir entre dos figuras que están acusadas en los tribunales por diferentes causas.

Más allá de la lucha política, esta es una muestra de la relación tiene nuestra sociedad con la legalidad. El concepto de ley es aplicado por interpretación de los jueces, y si estos están sujetos a sumisión del poder político de turno, no existe.

La Justicia sometida a los deseos del poder.
La Justicia sometida a los deseos del poder.

La cortina de humo

Más. Alberto Samid, empresario de la carne, fue imputado en una causa de 1996 contra un grupo de frigoríficos que evadía el IVA (impuesto al valor agregado) en la comercialización de carne.

El Fiscal Gabriel Pérez Barberá reclamó para él una condena a seis años y medio de prisión y una multa de 23 millones de pesos ante el Tribunal Oral en lo Penal Económico integrado por los jueces Jose Michilini, Diego García Berro e Ignacio Fornari.

Impulsado por el gobierno, el tribunal trabaja a destajo sábados y domingos haciendo del axioma meritocrático de Cambiemos un hecho consumado.

Esta conducta asustó al empresario cárnico, y a la luz de las perspectivas de prisiones preventivas con encarcelamientos casi inmediatos, decidió escaparse a Belice, al norte de América del Sur. Dos policías de Interpol sentados en cómodos sillones del aeropuerto esperaron que el gobierno de Belice lo expulsara, y apuraron su captura.

Su delito, entrar como supuesto turista cuando en verdad era un prófugo. Lo subieron a un avión y después de que el propio empresario denunciado sobornos saliera exultante a través de los medios exigiendo justicia, dieron por finalizado ese capítulo al aterrizar en Ezeiza.

Grieta y amistades peligrosas

Se trata de un país dividido por una grieta que ruge a odio clasista. Que permite la rebeldía de un representante de la fiscalía relacionado directamente con la presidencia, a quien protegen sus fueros, pero en el que se realiza un operativo relámpago para detener a un empresario acusado de corrupto, por ser peronista.

Mientras tanto sectores del periodismo afines a la política del gobierno, hacen de las pruebas que involucran a D’Alessio, Stornelli, Bonadío, Leonardo Fariña (este último, financista que declaró ante la justicia lo que le escribieron que debía declarar para convertirse en una nueva ficha del rompecabezas) relatos fantásticos y literarios donde nada es lo suficiente claro. Y así van sumando personajes a las historias.

Rolo Barreiro, exagente de Inteligencia, hace su aparición entregándose al juzgado de Dolores con una extensa declaración que involucra a más sospechosos en esta red de espionaje político y judicial de alcances insospechados.

Voyerismo y cinismo

Una red que incluye a altos funcionarios del gobierno, de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), fiscales y por si faltaba alguien, también a periodistas que se ufanaban de ser guardianes de la moral y las buenas costumbres, pero que están muy lejos de serlo.

Argentina frente a la necesidad de Justicia.

Mauricio Macri dice en sus alocuciones, ya en campaña electoral para intentar retener el poder, que “hay que aguantar”. Cristina Fernández de Kirchner no habla. El peronismo repite una y otra vez consignas de unión, pero Sergio Massa ya se postula, Miguel Ángel Pichetto también lo hace, Felipe Solá está en la cola, y Roberto Lavagna dice querer ser candidato de consenso… siempre y cuando finalmente sea ÉL.

Los tiempos se acortan, las causas judiciales se amontonan, y no aparece un candidato creíble que reúna una cantidad de votos que alumbre capacidad, caudal y credibilidad para presentarse como tercera opción.

La sociedad merece Justicia. Necesita creer en ella como un axioma de conducta. Mauricio Macri pidió el juicio político al Juez Alejo Ramos Padilla, en un intento desesperado de desacreditarle en resguardo de su amigo el Fiscal Carlos Stornelli, a quien apadrinó en el Club Atlético Boca Juniors cuando el actual presidente de la Nación era máximo mandatario de la entidad xeneize.

La necesidad de Hackear al statu quo

Julio Cesar Conte Grand, Procurador bonaerense, le pidió explicaciones al Fiscal por su ausencia en la indagatoria ante el tribunal de Ramos Padilla, pero esto es sólo un paso de baile. Una junta de fiscales analizará su conducta y sólo le impondrá una multa correctiva.

La idea de que la Justicia se ajuste al Derecho está más lejana. No es descabellado pensar en que todo este juego de ajedrez se diluya entre papeles, recusaciones, impugnaciones y cautelares reiterativas e improcedentes.

Mientras tanto, las encuestas nos dicen que tener desapego a la ley y coleccionar causas pendientes será una vara que el pueblo deberá sopesar en las próximas elecciones. La política cooptó a la justicia y la utiliza sin ningún costo. Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri deben explicaciones. A sus votantes, y a la ciudadanía en general. Resta ver si el juez Alejo Ramos Padilla podrá ayudar a encontrarlas.

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