Por Pablo Kulcar

Idealista, soñador, uno de esos locos que se animaron a hablar a pesar de la censura, a caminar la calle a pesar del toque de queda, a decir lo que sentía a pesar del anestesiado panorama cultural de los años setenta.

Así, haciéndole frente a la realidad, a mediados de 1976 Jorge Pistocchi, también creador de ‘Pan Caliente y Mordisco’, se animó a salir a la calle con la primera edición de ‘El Expreso Imaginario’, una revista diferente, contracultural, según sus propias palabras.

“Yo entendía que el movimiento contracultural que se estaba gestando a partir de los setenta, era el comienzo de una nueva conciencia humana que progresivamente se impondría en el planeta. Y cuando digo contracultural me refiero a la suma de todo el pensamiento de los que de alguna vez se animaron a pensar por cuenta propia y tuvieron la valentía de expresarlo. Y así fue que a mediados del 76 resolvimos por fin sacar el primer número del Expreso”, diría mucho después.

Parte del staff del Expreso Imaginario: Edy Rodriguez, Pipo Lernoud, el Negro Fontova, Jorge Pistocchi, Alfredo Rosso y Fernando Basabru.

‘El Expreso’ salió a la calle por primera vez el 6 de agosto de 1976 y por última vez, 78 ediciones después, en enero de 1983. Durante esos años, sus directores, Pistocchi (su mentor), Pipo Lernoud y Roberto Pettinato, se animaron a publicar temas y personalidades que no tenían cobertura en otros medios. Sus portadas fueron distintivos artísticos, como la célebre y recordada tapa del tomatazo a John Travolta. Con su correo de lectores, El Expreso’ fue la voz de miles de jóvenes que la dictadura intentó enmudecer. Su redacción constituyó un verdadero semillero de talentos. Alfredo Rosso, Claudio Kleiman, Miguel Grinberg y Gloria Guerrero fueron solo algunos de los periodistas que firmaron en ‘El Expreso’.

“La Expreso”, como la llamaban quienes la compraban en aquella época, era en cierta medida la revista de cabecera de todos los que querían cambiar el mundo, o por lo menos, hacerlo un lugar mejor. Pistocchi, que murió el 28 de septiembre de 2015, solía explicar que hacer esta revista era como “decir las cosas a través de otros, con metáforas literarias y artísticas. Hay todo un mundo fuera de lo permitido, y vamos a recorrerlo para no asfixiarnos. Parezcamos una revista de música a los torpes ojos de los censores que nos miran”.

La idea de un arte liberador, que como un huracán atropellase todo lo que se imponía como la norma a seguir, fue solo una de las características de la creación de ‘El Expreso’. El concepto universal del humanismo acariciaba un pacifismo bien definido, determinado a marcar diferencias con un mundo violento y estructurado desde el poder. El rol político era animarse a ser libres, a pensar, a crear, ya fuera música, escultura o ensayos filosóficos, donde el límite era solo el cansancio de escribir o la incapacidad de soñar.

La famosa tapa del tomatazo a John Travolta.

‘El Expreso Imaginario’ trajo novedades sobre literatura beat, ciencia ficción, historietas, rock y cualquier cosa que movilizara la conciencia humana. Incorporó géneros como música de vanguardia, folklore y el naciente punk rock inglés. Sus entrevistas marcaron una época, podían hablar de sexo, drogas y rock and rol, de agricultura ecológica, energía nuclear, del I Ching, Bob Dylan o Astor Piazzolla, todo bajo la bota trepidante de un gobierno que, en muchos de los casos estaba ajeno a estos temas.

Esta publicación contenía en sus páginas las semillas de lo nuevo, de lo improvisado, del coraje, del riesgo a cualquier cosa. En plena dictadura militar esquivó la nefasta maquinaria represora, arrogándose entonces un valor tan mítico entre la resistencia juvenil como lo fue la música. Pistocchi fue un visionario, mecenas de muchos tipos de la época, como del propio Luis Alberto Spinetta, a quien le trajo de los Estados Unidos sus primeros instrumentos y lo acogió en su propia casa.

Cada tapa de El Expreso era una obra de arte. La revista salió entre 1976 y 1983.

‘El Expreso’ estuvo en contra de la Guerra de Malvinas y, entre otras cosas, organizó una comunidad de alimentos orgánicos a la que llamó Centro Cósmico La Paternal. Pistocchi creía fielmente en la expansión del espíritu, en el desarrollo de una sociedad totalmente libre de cuerpo y mente. Jamás vendió su alma al diablo, jamás continuó ningún proyecto que a su entender transara con el sistema comercial.

Jorge Pistocchi dejó la revista cuando vio que el rock perdía fuerza. “Comenzaron a decir y cantar lo que la gente quería escuchar, eran un producto más del sistema, me aburrían, habían cambiado su discurso por plata”, eran las palabras con la que explicaba su alejamiento del Expreso a tres años de su lanzamiento. Siempre intentó todo lo que soñó y trabajó para darle un lugar a los invisibles: “Con salvar a uno de estos pibes de la calle, todo valdrá la pena, estaremos haciendo algo para modificar la realidad”.

Pistocchi murió en 2015. Un año antes había inaugurado un centro cultural en el barrio de La Boca.

El mundo como tal le parecía una debacle. La sola idea de que se construyan armas nucleares era la tarjeta de presentación de la locura colectiva disfrazada de progreso, de nacionalismo irracional, de muerte.

No le temía a nada. Creía tan fielmente en la inmortalidad del espíritu, que se sabía un pasajero del expreso de la vida. Jamás dio por terminada su lucha. Ni aquella que sus pulmones dejaban escapar en cada palabra. “¿Qué es el rock para vos?”, me preguntó una vez, hace algunos años. Comencé un análisis sociológico de la sociedad media norteamericana de los años 50, pero con su voz finita y estridente me interrumpió: “No, no, nada de clase media. El rock viene de los trabajadores”.

En 2014, después de varios años de trabajo, Pistocchi inauguró el Centro Cultural Expreso Imaginario, ubicado en el barrio de La Boca (Olavarría 664). Desde ese día el centro cultural se convirtió en un referente para los vecinos, quizá porque revivía el espíritu de los ya casi olvidados clubes de barrio. Era un espacio en el que se desarrollaban distintas actividades: talleres de huerta, de danza, de ajedrez, de percusión, clases de música y dibujo, entre otras.

Hoy hay que hablar de presente aunque ‘El Expreso Imaginario’ se convirtió en una víctima más de las medidas anticulturales del actual gobierno. Todavía esa puerta, con el logo que dibujara hace casi 30 años el ‘Negro’ Horacio Fontova lucha por subsistir.

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