El infierno de Yanet, una migrante cubana en Buenos Aires

Por Liudmila Pavot Guibert (liupavot@gmail.com)

Editado por Cecilia Oliveros (ceci_oliveros@yahoo.com.ar)

Volver a Cuba es el anhelo de Yanet, una mujer guerrera que desde 2017 intenta sobrevivir en Argentina, después de haber superado las más difíciles pruebas a la que se puede enfrentar una fémina migrante.

Yanet pernocta en una pensión de La Paternal. Es una cubana legítima que hace 4 años se vino a la Argentina en busca de muchos sueños prometidos a través de una pantalla, y las llevadas y traídas redes sociales.

Hoy, al vivir una verdadera pesadilla, esta mujer de cuatro décadas, sólo aspira a reunir algo de plata, regresar a su natal Centro Habana y volver abrazar a su hija adolescente de 15 años.

«Vine a la Argentina por una carta de invitación de un argentino que conocí por Facebook. A los dos meses de estar en su casa tuve que irme porque este hombre me tenía como secuestrada, no me dejaba salir, no podía hablar por teléfono, no podía trabajar. Prácticamente me escapé a la casa de una amiga cubana», cuenta Yanet, mientras suspira y mira al cielo agradeciéndole a su Yemaya por haber salido de ese mal momento.

Yanet, la inmigrante cubana humillada.

Truncado el sueño de volver

Volver a Cuba fue entonces la meta que se puso Yanet. Para eso debía trabajar, juntar algo de dinero y conseguir un pasaje. Fue así que comenzó en la bacha de un bar, por unos 300 pesos el último fin de semana de cada mes. Víctima de la violencia que pulula en las calles porteñas, una madrugada cuando salía del trabajo le sustrajeron su bolsa con el pasaporte y la poca plata que le habían pagado.

Hoy Yanet le teme a la noche, y trabaja como cuidadora de pacientes con internación domiciliaria de lunes a lunes. No conoce de descanso, de distracción, y menos de tomarse un tiempo para regularizar su situación migratoria, puesto que al percibir tan poca plata, no puede darse el lujo de ausentarse, ya que trabaja en negro y cobra por horas, solamente 110 pesos que apenas le garantizan la pieza en la pensión.

«Mi situación migratoria es muy fea. No tengo DNI. Pedí refugio político para acceder a los documentos y me lo denegaron. El caso es que llevo 4 años acá y sigo sin papeles, porque los trámites me cuestan mucho dinero y en el trabajo que tengo me pagan muy mal. Estoy con una residencia precaria que debo renovar cada tres meses y es un dolor de cabeza», narra.

Las hieles de una ciudad

Yanet asegura que en Argentina le ha ido muy mal emocional y económicamente, que no logra estabilizarse y que ha sufrido todo tipo de abusos, que van desde acoso en el subterráneo, hasta por vía telefónica, siendo tildada de prostituta, cuando sólo vive de un trabajo humilde pero decoroso. Por eso asegura que mientras esté en este país, no volverá a tener relación sentimental alguna, porque se ha sentido denigrada como mujer, sólo por ser inmigrante.

«He enfrentado muchas dificultades, me ha tocado remarla y remarla. Llevo 4 años sola, tratando de sobrevivir porque, como me han dicho, vine en el peor momento de la Argentina. Yo me quiero ir, me quiero volver a mi país», proclama.

Por estos días, Yanet alivia el dolor de estar lejos de los suyos con los preparativos para festejar su cumpleaños junto a unos cubanos, a los cuales conoce únicamente mediante mensajes que comparte a través de un grupo de  Whatsapp. Pero es la forma de sentir más cerca la tierra y de estar en un ambiente en el que se siente contenida.

Mientras tanto, la mulata, como le dicen sus coterráneos,  sigue trabajando para reunir el dinero justo de un boleto de avión y volver a Cuba, donde asegura que estuvo mejor cuando vendía pan detrás de un mostrador en su añorada Centro Habana.

Entonces, al terminar la jornada, tenía el calor de un hogar, la solidaridad de sus vecinos, el hombro de un amigo y las ganas de soñar.