Imagen y autoestima: la piel que habito y maquillo

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Refiriéndose a las víctimas de quemaduras producto de accidentes, el cirujano plástico Robert Ledgard expresa en los primeros minutos del film ‘La piel que habito’ (Dir.: Pedro Almodóvar, 2011) que «el rostro nos identifica», para luego agregar que las víctimas de un incendio precisan tener un rostro con rasgos para poder gesticular.

Acto seguido se dirige a su laboratorio a elaborar una piel en extremo sensible para percibir las caricias pero protectora ante agresiones. Para ello, realiza sus experimentos en Vera a quien retiene en su casa.

Sumado a lo expresado por el personaje de Almodóvar, la maquilladora y cosmetóloga Belén Barranco agregaría que no sólo los rasgos del rostro otorgan identidad, sino también el maquillaje que ella aplica y enseña a otros a aplicar en sus clases, iniciando lo que denomina un trabajo en la autoestima. De eso habló conEl Café Diario.

¿Cómo se inició en el maquillaje?

Estaba estudiando la carrera de producción de modas y un poco por curiosidad, hice la carrera de maquillaje que duraba un año y medio, con la parte de perfeccionamiento. Como me gustaba y tenía cualidades según los docentes, le di para adelante. Empecé a tener trabajo como maquilladora mientras estudiaba.

¿Con quién estudió?

La carrera la hice con Poli Martínez, con quien estudié y trabajé, que tenía una cadena de locales donde vendía sus cosméticos. Después trabajé y me capacité bastante con Betina Frúmboli. Con Poli, empecé a gestar las clases de automaquillaje: una clase de maquillaje de día a la que agregabas algunos tips para transformarlo para la noche. Era un esquema que vi en otros institutos y maquilladores, del cual fui tomando herramientas y propuestas para mis propias clases.

¿Cuál es la relevancia de aprender a automaquillarse?

Cualquier cosa que una persona aprenda a hacerse a sí misma es algo positivo porque genera independencia, justamente, al no depender de otro para hacer las cosas. Ayudás a encontrar formas de verte bien, ¿no? De eso se trata el automaquillaje, la imagen y autoestima, destacar lo mejor y positivo, relucir lo que nos gusta de nosotros.

¿Qué entiende por autoestima?

No pasa solamente por la imagen o el físico, sino que es un trabajo diario más profundo e interno. Se trata de la autoaceptación que genera bienestar, aceptarnos tal cual somos y gustarnos, no cuestionarnos desde la crítica y la comparación con otras personas. Es la fuerza que podemos dejar a nuestro paso, lo que transmitimos a otras personas de nosotros mismos.

Belén Barranco: «Estamos bombardeados por imágenes subliminales que terminan muchas veces complicando y boicoteando la autoestima».

¿Qué contribuye a disminuir la autoestima?

El problema principal es que cada vez estamos más subordinados a las imágenes hegemónicas e inalcanzables que se nos imponen y nos imponemos, porque también es una elección que hacemos respecto a las cosas que nos parecen bonitas. Estamos bombardeados por imágenes subliminales que terminan muchas veces complicando y boicoteando la autoestima y es un trabajo, porque es algo que hay que hacer todos los días. 

¿En qué medida tus clases contribuyen a paliar esos problemas de autoestima? 

Creo que no me pasó nunca, o si me pasó fue muy raro, que me dijeran «esto me gusta de mí, de mi rostro». La gente va un poco resignada a la clase esperando la magia, a ver qué podes solucionar. No es cirugía sino que es un trabajo medio psicológico muy lindo el que se gesta en la clase de automaquillaje. Generalmente, cuando llegan, es más lo que creen que no tienen o resaltan lo negativo.

¿Por qué cree que las personas van a la clase centrándose en lo negativo?

Pareciera que uno tiene que pedir permiso para sentirse bien, está mal decir «hoy me siento linda o esto me gusta de mí», porque se tiene por soberbio o agrandado. Es más común la conducta de señalar primero lo que no te gusta quizás para esperar que digan «nada que ver, sos lindo».

Como si estuviéramos esperando esa palmada en la espalda.

Exacto. Otra sería la postura si dijéramos «estoy orgullosa del trabajo que hago en el gimnasio, me gusta cómo me veo». Cuando querés transmitírselo a otros, sentís un rechazo. Tenés que decir que no te gustás para coincidir con el resto y estar en la manada, quien no hace eso se sale de la norma, cuando la norma debería ser aceptarse.

¿Alguna vez maquilló a alguien con alguna cicatriz o quemaduras? 

He maquillado a personas con vitiligo, con algún angioma o cicatriz en el rostro. También algo que nos compete a todos como el acné, que a veces avergüenza o genera incomodidad. Los clientes vienen en busca de una respuesta, medio resignados. A mí siempre me gusta charlar con ellos y ver que están buscando, qué quieren ocultar. Me ha pasado que primero quieren tapar y cuando lo hacés, con las herramientas que da el maquillaje, se ven raros, ahí entra en juego la autoestima, lo que hablábamos antes. Afirmar «esto forma parte de mí, me gusta y lo acepto».

Barranco en plena tarea, que no se limita al maquillaje, también ayuda con el peinado.

Estaría bueno incorporar el tema del maquillaje a la terapia psicológica…

Hay una rama o especialidad llamada maquillaje terapéutico, usado generalmente para trabajar con enfermos de cáncer o terminales, que perdieron el cabello, las cejas o pestañas. Se trata de acompañar a la persona en su proceso, ayudarla a sentirse bien consigo misma, porque entre todas las cosas que te deben pasar en una enfermedad, se encuentra el cambio de imagen. 

La autoestima y el paso del tiempo que (también) conspira

¿Cómo sobrellevan tus clientes el tema de la edad?

A todos nos cuesta aceptarlo porque, a medida que van pasando los años, nos pasan cosas que no sólo se reflejan en lo físico sino en lo interno. Tienen que ver con procesos emocionales, cosas que pasan en nuestra vida y decisiones que tomamos. La aceptación del paso del tiempo va más allá de la imagen pero, en lo relativo al rostro y al cuerpo, está completamente ligado a lo que comentaba de lo hegemónico.

También sucede en el mundo de la moda y la publicidad.

Claro, incluso en el mundo del modelaje y la publicidad cuando tenés 30 años te tenés que retirar, la adultez está prohibida, de eso no se habla ni se muestra. Antes usé la palabra subliminal porque tiene que ver con las cosas que no te muestran pero te comen el cerebro.

¿Qué opina de esas campañas de marcas de cosméticos en las cuales se convocan a adultos?

Hay un indicio de cambio en la industria y está bueno, pero hay que seguir trabajando. Hay una doble moral dentro de la inclusión, porque hay personas y situaciones que no se incluyen, quedan afuera, ponemos a una pelirroja con pecas pero no mostramos todos los cuerpos como alguien en silla de ruedas o que tiene amputado algún miembro del cuerpo. Se incluye hasta cierto punto.

Antonio Banderas y Elena Anaya en una escena de la provocativa película de Pedro Almodóvar.

El rostro nos identifica, como bien señalaba Ledgard, el maquiavélico personaje de Almodóvar. Para Barranco, el rostro constituye el medio de expresión más fuerte, que genera el primer impacto a nivel social.

El maquillaje, en todas sus variantes y especialidades, significa más que aplicar cosméticos. Consiste en llevar a cabo una intervención activa sobre la identidad, la forma en la cual nos sentimos y declaramos que nos sentimos, teniendo en cuenta esas imágenes hegemónicas presentes en el mundo de la moda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.