Humor negro, paranoia y delirio al por mayor en «El sistema K.E.OP/S»

Por Gabriela Composto (gabriela.elcafediario@gmail.com) y Gastón Dufour (egastondufour@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

En un cine de la muy porteña avenida Cabildo se realizó la avant première de «El sistema K.E.OP/S«, que ya se había exhibido en el reciente BAFICI. El director Nicolás Goldbart no pudo estar presente por haber dado positivo de Covid-19, pero contó sus sensaciones en un video que se vio también en la pantalla del Multiplex, dando paso así a Ezequiel Borovinsky, uno de los productores, que se puso el evento al hombro. 

Después del BAFICI a las salas comerciales

Con guion de Nicolás Goldbart junto a Germán Servidio y exhibida como preestreno en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine (BAFICI), «El sistema K.E.OP/S» es un film que incorpora diferentes géneros a su estructura y lo logra con éxito. El resultado es una historia que funciona a la perfección.

Al igual que «Fase 7«, la ópera prima del director, tiene cuotas de humor, pero en este caso, con elementos de violencia más marcados.

En una vuelta de tuerca interesante a la premisa del espiado que se vuelve espía, en «El sistema K.E.OP/S» se trastoca ese reconocimiento de los espacios de amenaza, con situaciones que resultan inesperadas.

Alguien espía a Fernando Berlasky y él lo sabe. Desde su ventana pueden verlo. Con un telescopio busca entre cientos de ventanas, entre las manzanas del barrio de Belgrano, a ese alguien que lo filma, le saca fotos, y le manda mails y mensajes con las pruebas. Los motivos son poco claros, una extraña organización llamada K.E.OP/S va tras él, quiere que responda un cuestionario demasiado personalizado, con datos de su vida. ¿Es una broma?

El elenco -Nicolás García Hume, Rodrigo Noya, Violeta Urtizberea, Daniel Hendler, Gastón Cocchiarale, Esteban Lamothe y Martín Garabal- y el productor Borovinsky antes de comenzar la función. Foto: @gacomposto.

Una aventura de amigotes

La comprensión de los tiempos y las pausas narrativas cimentadas en el absurdo que la historia surfea, escala en el comportamiento pleno de paranoia y ridículo, en espacios y formas con las que es sencillo identificarse.

Las autorreferencias y los guiños a múltiples películas, que constituyen claramente la historia del cine, tienen lugar a lo largo del camino que se recorre en esta producción que su propio protagonista Daniel Hendler definió en su charla con El Café Diario, como «una película de aventuras de amigotes«.

Daniel Hendler conversa con El Café Diario. Foto: @gacomposto.

El elenco cuenta con Alan Sabbagh (que no pudo estar presente por encontrarse filmando una serie en Uruguay), quien junto con Hendler forman una dupla con dinámica propia y que funciona a la perfección. A ellos se suman Rodrigo Noya (Patricio), Gastón Cocchiarale (Marcos), Esteban Lamothe (Agente Número 3) y Violeta Urtizberea como la esposa mala onda de Fernando.

Nicolás García Hume y Esteban Lamothe. Foto: @gacomposto.
Gastón Cocchiarale y Daniel Hendler esperando para la proyección.
Foto @gacomposto.
Rodrigo Noya entrevistado por El Café Diario. Foto: @gacomposto.

La paranoia social y las organizaciones con similitudes veladas a K.A.O.S., de aquella maravillosa serie que fue «El súper agente 86″ (Get Smart), forman parte de esos mitos que traspasan las fronteras, porque parece que el ser humano no tiene límites a la hora de tratar de explicar de dónde viene y quiénes son los responsables de los hechos más comunes, que no tienen a simple vista una justificación sencilla.

Violeta Urtizberea. Foto: @gacomposto.
Esteban Lamothe conversando con la prensa. Foto de @gacomposto.

Las amenazas y el miedo están ahí

Así como en Fase 7” se jugaba con la idea del encierro masivo por parte de la autoridad que se permite todo, con tanto poder global que nada se le puede cuestionar (que casi increíblemente vivimos en carne propia y en la vida real), esta producción pone en su dupla protagónica la idea de enfrentamiento dispar contra el dominio de una asociación secreta y de organización superior, una amenaza externa que no es posible identificar. Con similitudes en cuanto a sentir la presión circundante, pero se diferencia de lo que pasa en la película filmada hace 12 años, donde esa amenaza de la que se hacía referencia era interna.  

Algo del terror vive en ambas, porque el miedo no es zonzo. Hay que reconocer, además, que nunca falla el uso de la creencia de que existe una organización misteriosa y amenazante, que se esconde en alguna parte de esa sociedad construida sobre bases endebles, y así explique la caída de algunas de las personas que le dan sustento al relato.