Honor y Gloria a Ursula Le Guin, pionera de la ciencia ficción antropológica

Por Pablo Kulcar

La muerte de Ursula K. Le Guin (Berkeley, 1929) deja a la ciencia ficción sin su maestra indiscutible y a sus lectores, huérfanos. La autora falleció a los 88 años en su casa de Portland (Oregón, EEUU). Ninguna otra mujer ha significado para el género tanto ni le ha aportado tanto como la escritora estadounidense, autora de novelas fundamentales y que permanecen imborrables en la memoria de sus lectores.

La creación de Le Guin, se caracteriza por su interés por la antropología, que le vino de familia, pues sus padres eran científicos de esa disciplina, y por la dimensión ética de sus obras. Yendo mucho más allá de la ciencia ficción dura (centrada en lo tecnológico), ella nos llevó a planetas lejanos para reflexionar sobre nuestras sociedades, nuestra sexualidad y nuestras decisiones morales.

La mano izquierda de la oscuridad (Minotauro, 2009), es su novela sobre seres de un planeta llamado Invierno que poseen potencialmente los dos sexos y pueden hacer el amor indistintamente como hombre o como mujer, en función del estímulo. Seres que cumplen el rol de padre o madre indistintamente. Reflexiona sobre el género y la identidad sexual, pero hay que considerar el momento que fue escrita, 1969. Hace 50 años el debate sobre el género era muy diferente. De los hombres no se esperaba que entendieran a las mujeres, sino lo contrario.

Genry Ai es un diplomático humano enviado al planeta Gueden, también llamado Invierno por su clima gélido, con el propósito de contactar con sus habitantes y proponerles que se unan a la liga de planetas conocida como el Ecumen. Los guedenianos son hermafroditas, y adoptan uno u otro sexo exclusivamente en la época de celo, denominada kémmer. En Invierno, Genly Ai conoce a Estraven, funcionario de alto rango que le mostrará cuán divergente puede llegar a ser una sociedad en la que no existe diferenciación sexual.

El protagonista humano es poco curioso en su observación de los habitantes del lugar y su desconcertante sexualidad. Sin embargo, no deja que eso le invada. No queda prisionero de su virilidad. La situación por momentos lo incomoda cuando trata de explicarle a un alienígena hermafrodita lo que es una mujer. No puede hacerlo. Se da cuenta entonces, de que las mujeres le son más extrañas que los extraterrestres, porque con ellos al menos comparte un sexo.

Úrsula Kroeber Le Guin, escritora feminista autora de 32 best sellers.

El libro intenta trascender el género y mostrar que la humanidad no está en el sexo. Muchas sociedades siguen articuladas con la idea de que la mujer existe para servir al hombre. Su relato transcurre en un mundo sin esas guerras que le sacan a relucir el costado más enfermo de la humanidad, en el que los hombres buscan más poder, honor y control. En la Tierra compiten unos con otros. Para los habitantes de este mundo irreal, en cambio, esto parece primitivo. En la novela, la violencia está tan devaluada como la diferencia de género. En ella se pelea por poder en algunos pueblos que tienen características diferentes, pero nadie discrimina.

Los protagonistas, el viajero humano Genry y el político local hermafrodita Estraven, realizan un viaje lleno de experiencias. Cuando Estraven entra en kémmer y se convierte en hembra, la situación entre los dos amigos toma un giro inesperado. La sexualidad guedeniana contempla la humana con extrañeza. Les parece algo perverso su permanente disponibilidad para el sexo. Existe en el aire la incógnita del lector sobre el desenlace de esta situación. Uno se convierte en hembra y el otro es macho. La amistad que los une puede derivar en una relación sexual, y aunque la situación pareciera conducir a eso, no la tienen. Queda implícito que respetan un código entre ellos.

De haber tenido relaciones sexuales, se habría roto ese misterio que los separa, que los coloca en una zona gris. Hubieran descubierto sus profundas diferencias, y el contacto que tanto les costó lograr habría tendido a caerse. Ese acercamiento, algo así como una camaradería amistosa, había sido muy lento, superando prejuicios y malentendidos. El sexo los habría vuelto a separar, y hubiera surgido un vacío. Estados Unidos era muy puritano para la década en que la autora se animó a igualar macho y hembra en un solo individuo, en una sola identidad, fusionando algo que sólo la lectura de un relato de ciencia ficción instala como posible.

Como todo, la novela tiene buenos y malos, héroes y demonios, inteligentes y tontos, valientes y cobardes, pero lo que no tiene es varones y mujeres. Deja claro que la especie tiene la posibilidad de actuar como macho y como hembra. Cada uno de ellos, sin intentar explicar las circunstancias en que esa alternancia logra cristalizar.

En la novela aparecen varios elementos comunes al universo y creativo de K. Le Guin, como el Ansible, un mecanismo que permite comunicarse instantáneamente con cualquier lugar de la galaxia, y el citado Ecumen, la liga de los planetas, que se compone de 83 mundos y 3.000 naciones o grupos antropomorfos.

Los desposeídos (Minotauro, 2002) la otra gran novela de K. Le Guin, por su ambición, su mirada social y su lirismo, muestra dos cuerpos celestes, el planeta Urras y su luna Anarres, ambos miembros del Ecumen. Estos, pese a estar poblados por la misma gente (los de la luna son descendientes de exiliados del planeta, huidos tras una revuelta), tienen sistemas políticos opuestos. En Urras, un mundo amable y de fácil subsistencia, se ha impuesto un capitalismo a ultranza, mientras que en Anarres, lugar árido y escaso de recursos, ha prosperado una sociedad libertaria que se rige por un anarquismo teñido de filosofía oriental. Shevek, el protagonista, es un científico y filósofo anarriano que no encuentra en su mundo las condiciones ideológicas para desarrollar su trabajo, y viaja a Urras.

El elemento que trastoca todo el statu quo de los dos mundos opuestos es el descubrimiento del ansible, instrumento fundamental que permite la comunicación instantánea en el universo y que otorga al mundo pobre una posición fundamental en el cosmos.

La belleza poética de esta novela, llena de sensibilidad, muestra desde la emoción las paradojas de dos sistemas políticos complejos. K. Le Guin desarrolló incluso un lenguaje para los anarquistas anarrianos en el que no existe el posesivo. Los desposeídos es una de las lecturas que invita a desplegar la imaginacion en imágenes oníricas y futuristas. Algo que Úrsula trabajó con la simplicidad de su talento y la profundidad de una mujer sabia.

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