Héroes por un día

Por Pablo Kulcar

El conductor es verdaderamente un profesional. Es simpático. No es un youtuber o algo así, tiene las características de un animador de televisión que sabe muy bien qué tiene que hacer. La cosa comienza con este muchacho, que entre sonrisas, nos anuncia que las dos personas que están en un cuarto donde permanecieron 24 horas van a salir y estar allí para contarnos todo, todo lo que pasó.

El lugar donde pasaron estas veinticuatro horas es de dimensiones bastante pequeñas. Tiene en su centro una cama matrimonial y a un lado un sofá. Al otro, un frigo bar. Básicamente, hay otros muebles que acompañan. Es obviamente un set televisivo ya que esta monitoreado por cámaras de diferentes ángulos para poder observar con detalles las actitudes, que en general son bastante reiterativas, de los participantes al reality ‘Por Amor o Por Dinero’.

La pareja que sale de la casa es el resultado de una doble elección, es decir, un grupo de chicas, altamente producidas y en algún punto casi una copia una de otra, con variantes de color, tamaño y seguidores en Instagram, que se presenta frente a un grupo de varones que también repite esquemas estéticos, que pasan por un físico trabajado y por una compulsiva necesidad de aclarar que lo que les gusta en la vida es divertirse, tomar algo con amigos, y, sobre todo, pasarla “¡¡biennn!!”.

Todo esto está rodeado de risas cómplices de un lado y de otro y una fascinación del conductor por tener gente tan verdaderamente feliz. Están en juego AR$20.000, cuyo destino se conocerá según lo que cada integrante de la pareja en cuestión decida al final del juego. Quizá coincidan al escribir en sus respectivos papelitos la palabra Amor y entonces se repartirán 10.000 pesos para cada uno. Si uno pone dinero y no hay coincidencia, el efectivo se lo queda quien escribió dinero. En cambio, si coinciden en su avaricia y, como en todo juego, ambos apuestan a ganador y escriben la palabra dinero, básicamente ninguno se lleva un peso del pozo.

Se comienza con un juego de preguntas que el animador le hace al bando femenino y luego al masculino (en verdad, intercala según le dé la real gana). Dichos grupos están paraditos y enfrentados, ellas y ellos (elles) con sus papeles y marcadores para escribir las respuestas y con todo tipo de looks, a veces se los ve demasiados producidos y en otras, tan parecidos a los de los días anteriores que un observador externo podría pensar que compiten integrantes de dos familias.

Pero no, para ser honesto quizás los iguale el promedio de edad y sus respectivos trabajos fuera de la casa, que pasan por trabajar en boliches, o por hacer publicidad, o por dedicarse a tareas diferentes (no sé por qué cosa del destino) cada tanto aparece un abogado. Casi siempre hacen deportes, obviamente son solteros y mienten con simpatía.

Bueno voy al momento del juego de preguntas: se comienza generalmente preguntándoles a ellas, que escriban en sus papelitos el nombre del varón entre los que tienen allí en frente sonriendo y posando, que intuyen es el mejor en la cama. Cada una pone un nombre y luego los irán mostrando de a una, mientras conjuntamente con el conductor sacan conclusiones irrelevantes e incomprobables de cómo llegaron a esa elección. Luego es el turno de ellos. Deberán decir y escribir quién de ellas le parece que podría acceder a juguetes sexuales.

Fama light, dinero volátil y 24 horas de histeriqueo en la era televisiva de la nada misma.
Fama light, dinero volátil y 24 horas de histeriqueo en la era televisiva de la nada misma.

Descubren sus carteles y las chicas se ríen pícaramente, pero en verdad pocas veces dan indicios de hasta donde serían capaces de llegar. Sólo intentan remarcar, en algunos casos, que son fogosas y apetecibles. Continúan con una serie de preguntas, muy de reunión adolescente (quién sería infiel, quién es el más dotado, quién lo haría allí mismo si se apagara la luz, o simplemente quien le tiene ganas a quién) y hasta a veces bailan un lento (tema musical romántico que se bailaba hace unas décadas, abrazados o tomándose de la cintura, en los boliches, en épocas que recuerdo con ternura y pocas imágenes latentes en mi memoria).

Después de este intercambio de datos, el conductor aclara que ya nos conocemos un poco más (aunque en verdad sólo sabemos que una tal Malena le tiene ganas a Martín, o que Ana fue una sola vez infiel, o Marcos piensa que lo primero es el sexo y después vemos si da para… no sé bien para qué, pero primero el tipo quiere asegurarse un ratito de placer).

Se forman las parejas que coinciden y ante el éxtasis de felicidad general y del animador por este resultado tan productivo como esperable, es el turno de que el público vote por teléfono cuál de estas parejas, tan parecidas, escogidas de una selección que mide capacidad de bailar cada 10 minutos, o como construirán un intercambio plagado de risas y comentarios livianos sobre marcas de cerveza o relatos personales que en ninguno de los casos conmueven -ni al espectador, ni al otro participante-, finalmente entrará a la casa.

Y entran dos nomás. Están algo nerviosos al principio y caminan sin parar de una punta a otra diciéndose en casi todos los casos que no lo pueden creer, que pensaban que la gente votaría a Juan o María y por lo general casi mecánicamente se sirven algo de tomar. Ríen y bailan porque sí, mientras el espectador intuye que por lo menos hasta la hora que se vayan a dormir es mejor cambiar un rato de canal.

Un programa de tv puede ser de entretenimiento, de información, de contenidos, y demás. En este caso es un producto de un canal que apunta a un rango de espectadores que desean jugar, y de hecho está bien. Para ser honesto, el simpático conductor marca cada tanto “¡¡esto es un juego!!”, recordándoles a participantes y espectadores que no se trata de un ensayo sociológico.

Como todo producto televisivo, es muy estricto en su estructura, sabe a quién se dirige y qué es lo que quiere proponer. Muchos se preguntarán qué es lo que buscamos ver en personas comunes haciendo nada sustancialmente llamativo que nos sorprenda en televisión. Eso, nada especial. Es que esos dos podemos ser nosotros, y proyectamos en ellos algo. Quizá no es lo que el programa intenta transmitirnos, no idealizamos la tv como un lugar donde el Parecer es más importante que el Ser. Sólo nos fascinan las imágenes, ellas generan esta necesidad de mirar.

Sólo nos queda pensar qué es lo que Marcos, María, Malena, pretenden mostrarnos, qué esperan ellos que el espectador descubra. Qué sienten que tienen para ser vistos. ¿Algo nuevo? La belleza. Quizá eso sea cualidad suficiente para la mirada de seguidores de Instagram que sueñan con esa exposición, pero no lo es para un target de espectadores acostumbrados a la acción y la rapidez de las imágenes.

Una canción de David Bowie tiene por nombre ‘Héroe por un Día’. La compuso después de escuchar a dos empleados de un comercio decir de aquellos que caminaban con un portafolio de una marca determinada, que sólo eran y se sentían héroes por solo un día. Ese mismo día estaban viviendo muy junto a su portafolio, que les daba identidad y los diferenciaba.

En este caso, quizá la imaginación de cada chico o chica que pasa esas 24 horas dentro de la casa, les regala la fantasía de ser Héroes de 24 horas, y creer que eso es un logro. Por Amor o por Dinero todos los días por Net tv de 22 a 0 horas.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: