Gustavo Alfaro y los valores en el fútbol argentino

Por Agustín Majul

El fútbol argentino está rodeado de una atmósfera de las más irreflexivas, impulsivas y vehementes a nivel mundial. Los hinchas llevan la bandera de su club y de la selección más allá de la euforia. Hasta niveles peligrosos. Fervientes hasta la exageración y temidos en todo el planeta. Semejante dinámica emocional sostiene la llamada “cultura del aguante”, cuya marca se profundiza, no ya solamente entre los hinchas sino que se hace cada vez más carne en periodistas partidarios, dirigentes, entrenadores y jugadores. Y el circuito concluye en el quebrantamiento de los valores que habrían de marcar la esencia de las personas.

El caso reciente de Gustavo Alfaro y su nuevo contrato con Boca Juniors, dejando su cargo como entrenador en Huracán, ha destapado una olla de críticas hacia el entrenador. Los hinchas del Globo, dolidos por su decisión, optaron por dar un veredicto. “Es un traidor”. El gran trabajo que realizó Alfaro a lo largo de un año y medio en el club de Parque Patricios ya no les importa. “Faltó a su palabra” y por eso recibe uno de los motes más duros de llevar en nuestra sociedad.

En el mundo empresarial, el Método Compliance se dirige a garantizar la integridad de una empresa que busca cumplir determinados objetivos. Pero no a cualquier costo, ya que, en contraposición a lo que sucede en el fútbol, aquí el fin no justifica los medios.

Carlos Rozen, experto en materia de Compliance y con experiencia como consultor de ese área en entidades deportivas, le cuenta a El Café Diario su punto de vista en torno a la aplicación de los valores éticos. “El fútbol es un lugar en el que se pueden aplicar los valores humanos más importantes. Es más, es uno de los ámbitos donde más se necesita hacerlo por el cúmulo de situaciones que exponen a los diferentes actores a tentaciones de violar la ley y el comportamiento correcto”.

Lógicamente no podemos medir con la misma vara o comparar lo que representa un club con una empresa, por lo menos mientras se mantenga la idea de que las instituciones deportivas no se transforman en Sociedades Anónimas Deportivas. Pero sí sería bueno aplicar ciertos métodos para tener un entorno deportivo más sano, lejos de las acusaciones y más cerca del respeto entre los pares. Rozen asegura que “al fútbol le faltan en gran medida mecanismos de autoregulación con códigos de ética y conducta adaptados a las necesidades particulares”.

Gustavo Alfaro, flamante entrenador de Boca Juniors.
Gustavo Alfaro, flamante entrenador de Boca Juniors. (Foto: Cuenta de Twitter @InformacionCABJ)

Con respecto a la ya antes mencionada “cultura del aguante”, Rozen es más contundente. “El resultado de la mezcla entre lo que significa el rol profesional por un lado, y la pasión por el deporte en el otro, provoca sensaciones encontradas que llevan a desconocer cualquier opinión sobre un trabajo bien hecho, con independencia de las preferencias y el amor por la camiseta”.

Los hinchas no son ajenos a esta situación. Procesan decisiones que les parecen equivocadas cuando les parece que se manosea o mancilla el nombre de la entidad que representan, entonces se habilitan, con todo el derecho del mundo, a poner el grito en el cielo. El problema surge cuando el vox populi condena socialmente a un protagonista como en este caso Alfaro, por obra y gracia del fanatismo. Para Rozen, “el hincha se queja en parte por ignorancia, y en su mayor parte por algo de lo no puede desprenderse. Su condición de fanático”.

La lectura del Artículo 88 de la Ley de Contrato Trabajo que realizó el flamante entrenador de Boca Juniors dio a entender que Gustavo Alfaro sabía que iba a ser consultado por la “traición” de haber cambiado de trabajo. Basándose en un marco legal, declaró que “no me moví un milímetro de lo que dice la ley”.

Alegó también que fue sincero y directo con Alejandro Nadur, presidente de Huracán, cuando tomó la decisión de irse a Boca Juniors. Su respuesta previamente preparada a una pregunta que esperaba recibir, muestra cómo Alfaro buscó justificarse ante lo que en realidad no precisaba explicación. Debió escudarse en La Ley para que su decisión tuviera algo más de sentido ante quienes le condenaron.

Lamentablemente, quienes se sienten dolidos y traicionados continuarán haciéndolo porque los guía la pasión y no analizan desde la razón.

En el fútbol argentino a veces no parece haber lugar para los mejores valores humanos, y los protagonistas, instituciones e hinchas, se pasan la ética por donde les cabe. ¿Querrán hacer uso de ella en algún momento, o se trata de una batalla perdida? Habrá que seguir bregando como sociedad para aceptar y emprender ese cambio. Será imposible evolucionar mientras persista la idea de que la pasión puede con todo.

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