Las fotos familiares como acto cultural

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

En tiempos de selfies y sofisticadas cámaras digitales, asistir a una sesión de fotos familiar supone un tiempo de preparación para capturar un momento feliz, o por lo menos significativo, en nuestras vidas.

A esto se refiere Sy Parrish cuando señala: «Nadie toma fotografías de algo que desea olvidar» en la película ‘Retratos de una obsesión’ (‘One Hour Photo’, 2002 – Dir: Mark Romanek). Él es el meticuloso encargado en un laboratorio de revelado, en el interior de un centro comercial al cual concurre Nina, la madre de la familia Yorkin, junto con el padre, William, y el hijo, Jake. A medida que comienza a revelar los rollos de la cámara Leica Minilux, Sy desarrolla una especial obsesión con las imágenes de la familia, deseando formar parte de ella.

Yessica Gheggi, fotógrafa y creadora de Mamifoto, captura esos momentos significativos. Más allá de que la fotografía tiene una dimensión científica y técnica, ella considera que es parte de la identidad de una persona y el acervo más profundo que uno puede tener: una determinada imagen linkeada a un momento especial de la vida.

«La fotografía llegó a mí por mi abuela a quien le gustaba mucho», cuenta Yessica, y agrega: «Mi hermano y yo tomábamos sus cámaras antiguas y hacíamos collage con los rollos, así como otras cosas creativas. A medida que pasó el tiempo, me di cuenta de que me gustaban las cámaras, las compraba de plástico en los ‘Todo por dos pesos’ y le sacaba fotos a mi perro Pelo, un collie tricolor muy lindo e inteligente».

Pero la maternidad empezó a cambiar la historia. «Cuando nació mi primera hija en el 2003, la llené de fotos con una Sony 717 que era un caño. En el 2005 nació mi otra hija y dije: ‘Voy por el lado de la fotografía’. Pero lo cierto es que no me hallo en la fotografía de eventos sino en aquella en la cual podés reflejar la esencia de la persona».

¿Cómo lo logra? «Voy buscando su lado bueno, ese segundo de paz en el cual tenés que estar atenta, cuando se corre un milímetro para un lado y el otro. En el 2009 decidí realizar fotografías familiares y lanzar ‘Mamifoto’. Empecé a crecer investigando y aprendiendo, muy autodidacta, porque entonces no había mucha información de fotografías de bebés y embarazadas. La fotografía artística de familia era muy de elite y cerrada. Pocos estudios la hacían y su cachet era alto». 

Fotos de familia

Recién habló de captar ese momento como fotógrafa. ¿Cuáles son las particularidades del mismo respecto a bebés, niños y embarazadas?

Mis primeras sesiones profesionales fueron de embarazadas, en cuyos ojos veía esa energía del ser por venir. Quería que ellas se lucieran, que se vea su desarrollo, esfuerzo y amor, la paciencia y las ganas.

¿Se ve, finalmente?

La embarazada está muy atenta a su piel y su cambio biológico. Quiere que la retrates de una forma que se vea bella, cuando todo su cuerpo cambió. Ellas me decían: «Me saca mi esposo o mi familia, pero no me siento cómoda». Precisan estar cuidadas porque es un momento en el cual les bajan las defensas, entre comillas, se sienten un poquito sensibles con la ropa que se ponen y precisan sentirse cuidadas.

¿Y cómo es con los bebés?

Con la fotografía de bebés arranqué después del año, que era lo más solicitado. En ese entonces, la gente no estaba acostumbrada a la fotografía de recién nacido. El bebé es espontáneo, tiene una esencia sencilla y natural. Si te reconoce y acepta, te permite interactuar, pero si no hay feeling no te permite nada. Apenas tiene un año de vida, no sabe si vos le querés hacer el bien o no.

¿Es difícil trabajar con bebés?

Mucha gente piensa que sólo es cuestión de pararse con una buena cámara, pero primero hay que respetarlos, en sus tiempos y la cercanía. Yo prefiero que la mamá lo manipule y cambie la ropa, porque la mejor conexión se da con ella. En la parte psicológica que fui volcando a la fotografía, yo guío a la madre como espectadora indicándole: «Levantale la carita o ponele la manito así», en función del plano y el encuadre. 

Yessica Gheggi: «Para hacer fotos con bebés hay que respetarlos en sus tiempos y la cercanía».

El arte de trabajar con niños pequeños

¿Hay alguna técnica para aproximarse a los niños que ya caminan? 

Yo fui aprendiendo de ellos, sobre todo a respetarlos y no avasallarlos. Ninguna técnica, sino ser como soy y dejar que sean como son. Tenés distintas personalidades, como el chiquito muy tímido a quien no le gusta nada las fotos. Entonces le digo: «Ayudame a hacer las fotos». Les gusta la idea de ser fotógrafos y les presto la cámara.

Como un juego…

Claro. Como su onda es no ser invadidos y como un juego, les sugiero: «¿Y si te ponés en una foto a ver cómo salis?». Cuando se copan, se unen a la familia y relajan. Si bien es importante el estilismo y la estética, nada mejor que una buena aceptación de la persona, quien debe sentirse a gusto consigo misma, no meterle prejuicios, no invadirla para que no se sienta coaccionada. Hay padres muy invasivos y perfeccionistas, terminan apropiándose del instante, que debe ser natural.

¿En su opinión, qué lleva a una familia a realizar una sesión de fotos? 

La fotografía es un acto cultural, lo cual se ve reflejado en el crecimiento de pedidos de fotografías familiares, lo cual está relacionado con la publicidad. Las personas necesitamos tener un registro de nuestra identidad y cohesión familiar, así como nuestro paso por este plano material. Yo me manejo bajo patrones y símbolos que consumen las personas, que buscan adquirir un reflejo de lo que ven en las redes sociales y los medios de comunicación. Pretenden verse reflejadas en algo que ellas ven, como puede ser la foto de una famosa con un determinado patrón estético.

¿Cómo influyeron las fotografías digitales y las selfies en su trabajo? ¿Y en las casas de revelado?

Influyeron positivamente porque las personas tienden a tomar más fotografías, aspiran a un perfeccionismo estético, por lo cual buscan un profesional. La parte de la impresión está bastante complicada, porque los formatos de guardado son digitales.

¿Son seguras esas formas de guardado?

Vamos perdiendo el control de lo que tenemos a largo plazo, es información que puede llegar a perderse en cuestión de segundos, y no son rescatables. Los celulares tienen una elevada calidad fotográfica, pero si son robados o la nube falla, esa información no es rescatable y las personas creen tener algo que no tiene.

Ya casi no se imprimen fotos…

La pérdida de la cultura de imprimir es negativa ya que, a medida que pasa el tiempo, baja la calidad de impresión. Los equipos de las casas fotográficas, al tener un alto costo de mantenimiento, empiezan a quedar obsoletos porque no se pueden amortizar los insumos. Entonces se termina imprimiendo con tecnologías nuevas, de menor calidad, los costos empiezan a elevarse para poder amortizar estas máquinas y el consumidor a consumir menos. La buena impresión queda entonces para una elite.

Robin Williams y el poder de la foto en «Retratos de una obsesión».

Mientras Sy se detiene en un puesto de fotos antiguas en una feria, señala que éstas representan una negación del paso del tiempo. Al pulsar el obturador, el tiempo se detiene y la imagen transmite lo siguiente: «Estuve aquí, existí y le importé a alguien para ser retratado». Quienes se acercan al estudio de Yessica, pretenden detener el tiempo indicado imprimiendo su identidad en momentos: su embarazo como porvenir, la infancia y, especialmente, los vínculos que sobreviven al olvido.