Federer, todo lo que quisiéramos ser

Por Rodrigo Acuña

El Abierto de Australia en sólo cuestión de días definirá a un nuevo campeón. La afición abrigaba grandes expectativas en una tercera corona consecutiva de Roger Federer, ex número uno del mundo. Sin embargo, el suizo cayó en octavos de final frente al griego Stefanos Tsitsipas.

Federer ha regado de títulos su carrera pero también de acciones dignas de admirar. No es casualidad que sea considerado un ejemplo para las generaciones venideras. Tras despedirse del Australian Open, quien llegó a ser el mejor de tenista de la ATP en 2004 reveló que volverá a jugar Roland Garros después de cuatro años.

‘Su Majestad’ se encamina a los 38 años y escoge con pinzas los torneos que juega durante cada temporada. En la recta final de su carrera, lo vuelve a hacer y buscará un nuevo triunfo de alto impacto. Medallista olímpico en los Juegos de Pekín 2008 y Londres 2012, siempre busca nuevos retos para reinventarse desafiando al tiempo.

A un paso de los 100 títulos como profesional, acumula 20 Grands Slams en sus vitrinas y ha celebrado en los cuatro majors anuales. No obstante, lo que genera más devoción está más vincula con lo Federer evoca como persona.

Protagonizó un capítulo más en ese sentido hace poco en Melbourne. Después de un entrenamiento, se dirigía a los vestuarios como es habitual, pero esta vez un encargado de seguridad le negó el ingreso por no portar su acreditación. Para muchos, la actitud de este sujeto uniformado era un insulto, una ofensa insólita. No para el suizo. Evitó discutir, armar un lío y entendió que el equivocado era él.

Roger Federer, grandeza dentro y fuera de los courts.

Por muy número uno del ranking ATP que haya sido no podía gozar de preeminencias que vulneraran el reglamento. Tampoco podía pasar por encima de los deberes de otros. Suena inusual para estos tiempos, cuando hay deportistas que se creen más de lo que son como personas. El 6 veces monarca de Australia dio una verdadera lección de humildad, caballerosidad y sensatez. Símbolo genuino de lo que significa ser un ídolo deportivo.

Estas actitudes pueden parecer exóticas. Incluso habrá quien acuse de populista a Federer. Sin embargo, basta retroceder en el tiempo para percatarse que el suizo es coherente con lo que quiere transmitirle a los más jóvenes. Sin ir muy lejos, en 2018, en el marco del certamen oceánico tras avanzar a las semifinales, se acordó de Rafa Nadal, uno de sus grandes adversarios en esta época, tras enterarse de los problemas físicos que había presentado el español. “Escribirle antes de acostarme fue lo último que hice. Me dije tengo que escribirle a Rafa para ver qué tal está“.

Y más atrás, en 2006, Jimmy Connors, quien ganó 109 títulos mientras estuvo activo, dijo sobre él en una entrevista con el diario La Vanguardia de Catalunya, “Federer es el jugador que todos quisiéramos ser”. Connors, otra celebridad. Conocedor profundo de la historia del tenis, que ha guiado la carrera de tenistas como Andy Roddick y Maria Sharapova, entre otros.

Definitivamente la figura de Roger Federer evoca la excelencia, no sólo por su juego dentro de la cancha sino también por su comportamiento fuera de ella. La sociedad espera eso, entre otras cosas de un deportista. Ejemplo, conducta, generosidad capaz de comprender que la cantidad de títulos y hazañas no habilita para pasar sobre otros y situarse arriva de los demás. Federer comprende que la vida no se define por una cuestión de privilegios.

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