El pastor iluminado

Por Nicolás Avellaneda

“¡ALELUYA, HERMANOS! Bienvenidos a la casa del Señor. sé muy bien que muchos de ustedes están aquí por curiosidad; supongo que muchos otros, porque están acompañando a los curiosos; y sólo algunos porque creen en mí, porque saben que vi la luz. los entiendo y entiendo a todos. Pero quiero que, aún los más descreídos, estén tranquilos porque realmente vi la luz. Así que antes que nada; antes de ofrendarle al Señor los 850 pesos… Ehhh, bueno, sí. sé que hasta la semana pasada eran sólo 460, pero ustedes mismos saben cuánto ha aumentao’ todo… Así que bueno, como les iba diciendo… Antes de ofrendarle al Señor lo que cada uno de ustedes ha abonado en concepto de contribución voluntaria sin cargo; antes de entregarle al Señor nuestro corazón y algunos otros objetos de valor que ustedes quieran agregar; antes de todo eso, quiero contarles mi verdad y decirles cómo fue que vi la luz.”

“Hasta no hace tanto tiempo, era una oveja descarriada. Vagaba sin ton ni son, de aquí para allá, entregándome constantemente a los brazos del descontrol y del deseo. estaba preso del alcohol, hermanos. Y también estaba preso del juego y de las drogas. Y como si eso fuera poco, también estaba entregado a los brazos de la Lujuria… Bueno, no sólo de la Lujuria. También estaba en los brazos de la Micaela, la María, la Roxana, la Julieta y la Marilyn… La Marilyn… ¡Ahhh, la Marilyn! La misma de la que un buen día me enteré que se llamaba Roberto y jugaba de seis en Cambaceres…Pero juro que para mí era la Marilyn… Bueno, como fuera, hermanos, estaba entregado a los brazos del placer, lo que es como decir el mismo Diablo.”

“Así fue como una madrugada salía de uno de esos antros a los que solía concurrir todas las noches cuando, para mi desgracia, no hallé ningún taxi. De modo que decidí irme caminando a mi casa. Por eso comencé a caminar al costado de la ruta desierta hasta que, de pronto, me encontré con que la ruta continuaba a través de un túnel. Obnubilado por el alcohol y las drogas, agotado por el placer y esquilmado por el juego, me metí en aquel túnel cuidando de no caminar por el asfalto. Claro que, no lo sabía, dentro de los túneles no hay veredas. Por eso no tuve más remedio que transitar por la ruta propiamente dicha. Entonces fue cuando comencé a ver la luz.”

“Estaba lejos, muy lejos. Era una luz pequeñita; tanto, que en principio pensé que era la luz que la vicepresidenta Michetti dijo que veríamos “al final del túnel” Así que como era distante, y pequeñita, seguí avanzando. Poco después la luz aquella ya era un poco más grande. “Una moto”, pensé, y seguí caminando. Cuando vi que la luz crecía y en realidad eran dos luces, repensé la situación: “Son dos motos, será mejor que pase entre medio de ellas”, me dije. Pero de pronto la luz se hizo muuuucho más grande y, aunque seguían siendo dos luces, me di cuenta de que no eran dos motos: era un camión. Por eso no tuve más remedio que saltar hacia el carril que iba en sentido contrario y ahí, queridos hermanos, no vi la luz…”

“No vi la luz que venía en sentido contrario y que provenía de un Chevallier que se dirigía a Córdoba. El chofer del micro sí me vio, pero un poco tarde. Lo suficientemente tarde como para dejarme con triple fractura de tibia y peroné en ambas piernas; cuatro costillas rotas; traumatismo severo de cráneo y lesiones múltiples. Ya en el hospital, volví a ver la luz. Pero en esta ocasión, según me explicaron las enfermeras, era la luz del quirófano, donde estuve más de once horas para que pudieran reconstruirme, al menos en parte.”

De impuestos e imposturas. De mentiras oficiales. De caraduras. De la vida misma.
De impuestos e imposturas. De mentiras oficiales. De caraduras. De la vida misma.

“Pero por suerte, ya todo pasó. Hoy, a tres años de aquel momento cúlmine, puedo dar fe de que soy otro hombre. Ya no consumo alcohol ni narcóticos (si los vendo, es sólo para poder sostenerme en lo económico). No volví a jugar ni a la casita robada; y la Lujuria es ya una anécdota en mi vida. La única que viene de vez en cuando es la Marilyn, pero me juró que ya no juega en Cambaceres, lo que para mí es un gran alivio porque aquí en la Argentina soy hincha de Tristán Suárez.”

“Y todo eso gracias a que vi la luz, hermanos. Y como sé que ustedes quieren que siga viendo la luz, pa’ iluminarme más e iluminarlos más a ustedes, quiero pedirles algo. Y lo que les quiero pedir es que, además del bono de contribución voluntaria y sin cargo de 850 pesos que abonaron para saber cómo fue que vi la luz, hagan hoy una contribución extra de otros 1.200 pesos. Ocurre que en la quinta de descanso que gracias al Señor y al respaldo de ustedes pude adquirir en Nordelta, instalé una hermosa cancha de tenis. Pero para poder jugar a cualquier hora y no solamente de día, necesito iluminarla.”

“Y ver la luz en la cancha de tenis me sale un fangote, sobre todo ahora con las tarifas de Mauricio. Por eso necesito una vez más de vuestro respaldo, hermanos. Vamos, son apenas 1.200 pesos. A ustedes no les significa casi nada y a mí, en cambio, me significa seguir viendo la luz. Sobre todo el sábado que viene, a la noche, para cuando ya tengo arreglado un cuadrangular con otros pastores.”

“¡ALELUYA HERMANOS! ¡Y CONTRIBUYAN!”

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