El miedo a volar es más común de lo que parece

Por Carola Sixto

¿Qué tenían en común García Márquez, Pablo Picasso y Aretha Franklin? Los tres sufrieron de miedo a volar.

García Márquez, por ejemplo, se propuso enfrentar este temor aprendiendo todo lo que fuera posible sobre aviación. Su editorial “Seamos machos: hablemos del miedo al avión” publicado el domingo 26 de octubre de 1980 por el Diario El País de España, aún se mantiene vigente.

Pablo Picasso llegó a confesar que lo que le daba miedo no era la muerte sino el avión; mientras que Aretha Franklin no pudo recibir algunos premios importantes debido a que para llegar al lugar de la entrega del trofeo debía subirse a un avión.

En Argentina, hay varios famosos que también han reconocido públicamente su miedo a volar. Una de ellas es la ex modelo y conductora, Paula Chávez, que hace poco pidió tips a través de las redes sociales y confesó que estaba pensando en reprogramar su vuelo. No viajaba a Australia o a Japón sino de Buenos Aires a Córdoba. Pero esto al aerofóbico o temeroso no le importa: un vuelo de 95 minutos, tal es la duración de este vuelo, puede percibirse mucho más largo como consecuencia del estrés que genera en la persona.

Según un estudio publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, realizado por los psiquiatras y psicólogos alemanes Müller, Orstein y Baumesteir, alrededor del 30% de las personas sufre algún tipo de aerofobia.

Superar la aerofobia, desafío clave para disfrutar de buenas vacaciones.
Superar la aerofobia, desafío clave para disfrutar de buenas vacaciones.

Dentro de este porcentaje se incluyen las personas que padecen de aerofobia o miedo extremo y directamente no pueden ni siquiera pasar cerca de un aeropuerto, hasta las personas que pueden tener un vuelo relativamente placentero a excepción de que haya turbulencias o exista pronóstico de tormentas el día del vuelo.

Lo cierto es que en 2017, hubo 7.213 víctimas fatales en accidentes de tránsito en Argentina, según la Asociación Civil Luchemos por la Vida, y ni una sola víctima como consecuencia de un accidente en un avión comercial. Pero no sólo en Argentina sino en todo el mundo.

Si bien las estadísticas no curan el miedo a volar, al menos sirven para confirmar que se está frente a un problema que conviene enfrentar. En especial, si la idea es cumplir el sueño de conocer algún lugar o visitar algún familiar que vive allá lejos, donde no se puede ir en auto, en tren o en barco.

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