El largo regreso de Artemio Pérez


Por Mirtha Caré (mirtha.care@elcafediario.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)


«El largo regreso de Artemio Pérez» (Tinta Libre, 2022), es la nueva novela del escritor sanjuanino Armando Azeglio. En ella narra el complicado camino que realiza Artemio Pérez, un excombatiente de Malvinas que se propone entregar a las familias las cartas que sus compañeros escribieron antes de morir.

Artemio Pérez es un excombatiente de la guerra de Malvinas que, a pesar de quedar afectado por el estrés postraumático, hace un largo recorrido por gran parte de la Argentina para entregar a las familias las cartas de sus compañeros caídos en la guerra contra los ingleses (Malvinas, 1982).

Con esta novela basada en hechos reales, el autor —como lo expresa en el libro— rinde homenaje a todos los que perdieron la vida en la guerra de Malvinas, a los que sobrevivieron y luego se suicidaron. A los que sobrevivieron y lograron forjarse una nueva vida. Y también a los que sobrevivieron y no lo lograron. 

La novela de Armando Azeglio hace foco en la posguerra de Malvinas.

Sobre la historia

Artemio Pérez vuelve de la guerra con estrés postraumático, y trae con él las cartas de los compañeros caídos en el frente. Con la misión de entregarlas a sus familiares, Artemio recorre gran parte de la Patagonia argentina y termina en la provincia de San Juan. 

La novela hace referencia a la batalla de Monte Longdon y la decisión de elegir ese lugar –según indica el autor– es que fue una de las más cruentas batallas, ya que allí se llegó al combate cuerpo a cuerpo con bayoneta calada. 

Artemio, en este peregrinar, es acompañado –y protegido– por un camionero, el Rata Oieni, quien maneja mucha información sobre todos los acontecimientos, y lo lleva de un lado a otro sin dificultades. 

Las familias se van enterando del triste destino de sus muchachos, pero, mientras tanto, la propia madre del «cartero» todavía no tiene noticias. Y, cuando finalmente tienen que consignar la última carta, perteneciente a un soldado sanjuanino, Oieni le propone que después de hacer la entrega viajen hasta su lugar de origen para que su madre sepa que está vivo. 

Conversando con el autor

¿De qué se nutrió para escribir la novela?

Leí varios libros escritos por ingleses: «Muchachos de Ojos verdes» (Adrian Weale y Christian Jenning), «No Picnic» (Julian Thomson), «La canción del Soldado» (Ken Lukowiak). Y también uno de Miguel Savage –excombatiente argentino– que me conmovió hasta la médula de los huesos: «Malvinas, viaje al pasado«. Luego, debo haber estado unos tres o cuatro años escuchando y viendo todo documental hubiera en Internet sobre el tema. 

Armando Azeglio.

Entonces se documentó sobre ambas partes.

Claro, sea de la parte argentina tanto como de la parte de los ingleses, ya que era necesario encontrar los personajes y darles «voz». Similar –supongo– al trabajo que hacen los actores para componer sus propios personajes. 

¿Se encontró con dificultades durante el proceso de escritura? 

Sí, la principal dificultad fue que no me sentía «digno de escribir», porque no era un excombatiente. Me sentía como un advenedizo en el asunto. Así que les pedí permiso (literalmente) a los espíritus de los caídos para poder escribir: «Si ustedes me autorizan –les dije– entonces denme una señal inequívoca«. 

Y recibió la señal.

Sí. Esa señal llegó con un sueño muy vívido el 12 de diciembre de 2018 y es lo que narro en el capítulo de apertura de la novela. Me desperté y estuve una semana escribiendo sin parar. No podía frenar, escribía como en trance. Casi, repito, casi como en escritura automática. 

¿Durante el proceso de escritura, o en las instancias previas, se encontró con algo que lo haya impactado especialmente?

Sí, el hecho por el que me decidí a escribir la novela y que sucedió a principios de 1983: un compañero de facultad, excombatiente, con claros síntomas de estrés postraumático. Ese fue el primer hecho de Malvinas que me sorprendió. Esto pasó en las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan. 

¿Qué pasó?

Estábamos en clase de matemáticas. Por ese entonces, el campus estaba rodeado de olivares. Cada tanto pasaban algún avión de fumigación, haciendo vuelos rasantes y soltando chorros de un líquido hediondo. Mientras el profesor explicaba el enésimo teorema algebraico, uno de esos aparatos pasó haciendo un estruendo que nos sorprendió. Algunos alumnos se reían, pero hubo uno, llamado Sánchez, que se tiró cuerpo a tierra cubriéndose con los brazos la cabeza. Fue un acto reflejo, casi animal, nadie entendía nada.

¿Qué sucedió después?

Un alumno hizo muecas para indicar que estaba todo bien y ayudó al alumno a levantarse. El muchacho estaba avergonzado. Pidió disculpas y salió de la clase con la respiración agitada. El profesor seguía sin entender qué pasaba, entonces alguien comentó que Sánchez había vuelto de la guerra hacía pocos meses. 

¿Cómo era Sánchez?

Era un pibe al que le costaba concentrarse, se la pasaba haciendo dibujos de la trinchera, de los pozos de zorro en los que había estado, de fusiles clavados en la tierra con un casco en la culata a modo de corona. Todavía ni se hablaba sobre el estrés postraumático de guerra. O de la «culpa del sobreviviente», faltaban varios decenios para ello. Cuando me contó su triste historia me juré que algún día escribiría sobre el tema. Yo tenía diecinueve años, Sánchez ya era un viejo de 22.

La novela tiene cierta relación con «La Odisea«, ¿de dónde surge esta idea?

La idea surge cuando me desperté del sueño y empecé a escribir como mal de la cabeza. Lorena –mi esposa– me preguntó qué me pasaba. Qué estaba escribiendo. Yo le contesté que era la historia de un soldado con estrés postraumático que vuelve de la guerra. Entonces ella me respondió jocosa que eso ya había sido escrito y que se llamaba Rambo…

Pero usted no se desalentó.

No. Y por porfiar le dije que no, que era Ulises volviendo a Ítaca, pero en las vestes de un excombatiente de Malvinas. Y ahí surgió la idea. Digamos que es una versión bien «argenta» de la Odisea. Está Ulises-Pérez volviendo con cuatro cartas de caídos en combate, para entregárselas a sus familias y en el camino se encuentra con Polifemo, la maga Circe, los centauros, Nausica, los comedores de loto y una sirena. Claro que es en clave metafórica,desde el lenguaje que usan los personajes, hasta el realismo sucio de algunas escenas. 

¿Dónde se puede conseguir?

El libro se consigue en la página web de la editorial, tanto en formato físico como digital: tintalibre.com.ar

Sobre el autor

Armando Azeglio (San Juan, Argentina). Tiene dos hijos. Vivió y estudió en Europa en los noventa y principios de 2000. Estudió Administración de Empresas y Turismo. Se desempeña como profesor e investigador en la Universidad Nacional de Quilmes. Entre sus pasiones se encuentran la lectura y el boxeo. Y uno de sus pasatiempos es coleccionar pipas. Sus escritores preferidos son: Ítalo Calvino, Dino Buzzati, Achille Campanile, Rodrigo Fresán, Rosa Montero, Juan-Jacobo Bajarlía, Alan Pauls, Jorge Stamadianos, Federico Andahazi, Ángel Bonomini, Betina González, Alejandra Pizarnik.

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