El ejemplo de Venezuela

Por Rodrigo Acuña

Este sábado en Rancagua, Venezuela logró una nueva victoria en el Sudamericano Sub-20 de Chile. Tras imponerse ante Colombia en el debut, sorprendió al seleccionado anfitrión, posicionándose en el liderato del Grupo A del certamen juvenil. El festejo del último subcampeón mundial de la categoría no fue cualquiera. Los llaneros demuestran su crecimiento dentro de la cancha y también fuera de ella.

El Estadio El Teniente, ubicado en la Región de O’Higgins, ha sido testigo privilegiado de la consolidación futbolística del proyecto vinotinto. El rendimiento de Venezuela tras su cometido en el Mundial de Corea del Sur 2017 ya no es sorpresa. Es un equipo con peso creciente en el continente y tras las primeras dos fechas del Sudamericano Sub-20, su estilo e idea se afirman a base de volumen de juego y resultados. Le ganó merecidamente a Colombia y le dio la vuelta a su partido frente a Chile, dando una gran muestra de carácter que lo vuelve un serio aspirante a la corona del torneo.

Quizá el aspecto más relevante de la escalada venezolana se encuentra más ligado a lo que sucede fuera de la cancha. El equipo se autocontroló y se creció después de que el defensor chileno Nicolás Díaz insultó al jugador de la vinotinto, Pablo Bonilla. El zaguero trató de “muerto de hambre” a su adversario. Una agresión dolorosa considerando el presente político y social que vive Venezuela. Una conducta censurable. La pasión desmedida lleva a reacciones indignas no ya entre deportistas, sino entre personas. Muchas veces se ha vuelto pan de cada día legitimar el maltrato en pos de defender los colores y tener las pulsaciones a mil dentro de una cancha de juego. El comportamiento de Díaz merece una sanción de oficio.

Venezuela se impuso (1-2) a Chile y ratifica su crecimiento dentro y fuera de la cancha.
Venezuela se impuso (1-2) a Chile y ratifica su crecimiento dentro y fuera de la cancha.

“Claramente molesta, no nos agrada porque nuestro país está pasando por cosas complicadas, todo el mundo lo sabe”, marcó Cristián Makoun, capitán de la Selección de Venezuela y volante de la Juventus, tras la victoria (1-2) vs Chile. El tema caló hondo por el drama que se vive en su país, pero aún así, el capitán mostró mesura y madurez. “Sé que uno se calienta en la cancha, pero llegar a ese punto es bastante innecesario y bastante malo para el fútbol, que es lo más bonito”.

El fúbol usualmente es considerado el deporte más hermoso del mundo. Actitudes como la de Díaz contribuyen poco para defender esa idea. En los últimos tiempos, destacados futbolistas tampoco colaboran. Las agresiones y burlas son normalizadas muchas veces. Por esta razón, la postura de Venezuela es digna de admirar. Desde principio a fin abordaron el conflicto con altura de miras. Evitaron agrandar la polémica de forma liviana, y mostraron una madurez que definitivamente va más allá del campo de juego. Una sensatez que se antoja demasiado extraña en este mundo escaso de valores, cuando debiera ser lo más común.

El ejemplo de todo esto lo encontramos en Pablo Bonilla, principal afectado por los dichos de Nicolás Díaz, quien pudo reaccionar de mala manera y seguramente muchos no habrían visto problema en eso. Sin embargo, optó por otro camino, el de la empatía, de ponerse en el lugar del otro y de buscar solucionar el conflicto desde la armonía. “Sólo te digo que de eso se aprende. Porque esto no es sólo jugar, es saber hacer las cosas dentro y fuera de la cancha”, señaló con hidalguía el jugador venezolano.

El último subcampeón del mundo ha dado un verdadero ejemplo en la cita sudamericana y además ha puesto sobre la mesa un tema que no debiese ser ignorado. El fútbol no sólo lo que se vive durante 90 minutos, sino que también es lo que transcurre tras el pitazo final. El deporte requiere de coherencia y de futbolistas que dignifiquen la actividad con un buen comportamiento. Dejar de recurrir a artimañas sólo para ganar un partido, con mayor razón si esas acciones atentan contra la humanidad y sensibilidad que debiera ser prioridad. No debe dar lo mismo lo que pasa con el otro. Es una obligación aprender de cada experiencia y Bonilla le dio una buena lección a aquellos que amparan la violencia por ser simplemente “cosas del fútbol”.

Venezuela lidera su zona en el Sudamericano y ya no piensa tanto en la clasificación al hexagonal final. Eso está cada vez más encaminado gracias a su crecimiento. La sabiduría para leer el juego ahora la traslada también fuera de la cancha. De Cenicienta ya no tiene nada.

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