El devenir de la Argentina y su desarrollo económico

Por José Abelardo Franchini ([email protected])                      

Edición: Florencia Romeo ([email protected])

En Argentina, como en el conjunto de los países latinoamericanos, la conquista y colonización española y portuguesa –aunque no en la misma medida en el último caso, donde hubo y quedó una impronta más mercantil– significó una estructura social jerárquica de tipo feudal, que incluía las mitas para la actividad minera y las encomiendas para las explotaciones rurales con mano de obra indígena.

Al contrario de América del Norte, donde la colonización incluía el trabajo rural e industrial, en el cual el propio colono y su familia trabajaban –esto aparte de lo que fue la introducción de esclavos en el sur norteamericano para la explotación del tabaco y el algodón, en primer lugar–, el elemento social castellano, principalmente, tenía un perfil jerárquico reacio al trabajo y al comercio, lo mismo que a la actividad manufacturera.

Gran parte de la población argentina tenía estas características al producirse la Revolución de Mayo, sobre todo en el centro y noroeste del país y la comarca de Corrientes en el Litoral. Sin embargo, cabe señalar que en el sur del Litoral y en el área de la pampa húmeda –zona no controlada por los aborígenes, reacios a cooperar con el hombre blanco–, ya en la etapa del Virreinato del Río de la Plata y al momento de la Revolución de Mayo, se daba un desarrollo de tipo burgués mercantil.

La Organización Nacional

Las políticas positivistas implementadas a partir del momento de la denominada Organización Nacional promovieron el progreso económico de la Argentina y, en buena medida, esto estuvo ligado a las políticas pro inmigración, en primer lugar, de colonos europeos; el cultivo de cereales y la cría de ganado bovino y ovino de clima templado–frío, la producción de leche y su procesamiento en tambos, la colonización de la Patagonia, con la explotación de manzanas, peras y frutos de clima frío en el Valle del Río Negro y el contrafuerte andino; la producción de yerba mate, tabaco y algodón, lo mismo que la explotación maderera en el Chaco y la Mesopotamia, donde también tuvo una incidencia destacada la inmigración europea.

La agricultura es bases del desarrollo económico de Argentina. Foto: Unsplash.

Pero, con todo, subsistió en el país la cuestión sociocultural: la población de tipo criollo y con ascendiente aborigen superó sólo en parte sus limitaciones de tipo cultural y esto se hizo notorio en más medida en el centro y noroeste del país. En esto inciden también cuestiones de tipo físico–naturales del territorio al que aludimos y el clima, sólo apto para determinados cultivos, la oliva, por ejemplo, y la vid –aunque el cultivo de esta se da en mayor escala en la región cuyana–, los nogales y, en menor medida, los dátiles o la caña de azúcar en las áreas más húmedas, lo mismo que el cultivo de tomates, berenjenas, chauchas, papas (con riego artificial) o la cría de ganado caprino, de llamas y de vicuñas en las áreas montañosas. Cabe señalar que en el progreso –relativo– de la zona noroeste incidió el aporte de la inmigración de origen árabe.

Factores de desarrollo

En el marxismo se habla de fases de desarrollo en el devenir de la humanidad, se habla del modo antiguo –con empleo de esclavos–, la etapa feudal, es decir de la existencia de nobleza y servidumbre, donde predomina el tipo de producción agrícolo-ganadera y artesanal, y de la era moderna, el mercantilismo y la revolución industrial que en su primera etapa estaba ligada a la máquina del vapor. Estos factores de desarrollo fueron introducidos en América desde Europa, ya que el tipo de producción de los pueblos aborígenes era primario y salvo las civilizaciones que pueden ser llamadas como tales (aztecas, olmecas, mayas, incas), las tribus indígenas se dedicaban a la caza y la pesca y ciertas actividades artesanales.

En Argentina, pasado el boom agropecuario exportador –frenado en parte por la Primera Guerra Mundial– y con el crecimiento de la población, se da la necesidad de impulsar el desarrollo industrial, existente pero limitado hasta ese momento. Así, el yrigoyenismo va a plantear y llevar adelante esta fase de desarrollo democrático–burgués tratando de terminar con los bolsones de atraso del país –como ya se dijo, debido a la existencia del elemento sociocultural criollo y semi indígena, y las condiciones desfavorables para el progreso del centro y noroeste del territorio nacional–. De esta época se destaca la labor del general Enrique Mosconi, fundador e impulsor de YPF, una de las primeras empresas estatales productoras de petróleo en el mundo.

En su libro Dos tácticas de la social-democracia en la revolución democrática, Lenin decía que Rusia (en la etapa de la revolución de 1905–1907) sufría más por la falta de desarrollo capitalista que por exceso de éste. El tipo de sociedad estructurado por el zarismo significó la conformación de una población de tipo campesino-artesanal con señores terratenientes feudales.

¿Influyó en esto la “espiritualidad” del ambiente natural ruso con sus llanuras, su clima frío-continental en otoño e invierno, su flora y fauna, etcétera? Sí, seguramente, pero era válida la ambición de los marxistas y sectores progresistas rusos de querer “salir” de ese atraso relativo. Conviene recordar que ya hacia finales del siglo XIX se crearon enclaves industriales como San Petersburgo, la propia Moscú, Tsaritsin –la actual Volgogrado, ex Stalingrado–, Járkov y Kiev –Ucrania–, entre otros.

Y agregaba Lenin que la revolución democrático-burguesa podía ser impulsada con el estilo norteamericano del libre mercado o con el estilo jacobino –por el partido de la Revolución Francesa–, con un perfil activo del Estado, con la república y la participación social.

Entonces, el yrigoyenismo primero y el peronismo después vinieron a instrumentar, parafraseando a Lenin, con métodos jacobinos –es decir con un perfil activo-revolucionario, con presencia del Estado en la economía (recordar al general Savio y la creación de los Altos Hornos Zapla en Jujuy y de Somisa en San Nicolás)–, el desarrollo democrático-burgués.

Altos Hornos Zapla, en Salta.

En ese sentido, la política de Menem y Cavallo vino a completar lo que fue la política de desarrollo de la década peronista de 1945-1955 y el Plan Perón-Gelbard de 1973/74 en cuanto al impulso de la industria y la consolidación de una burguesía nacional, un campo moderno, una industria incorporando la robotización y la cibernética.

En la década de 1990, con la política de Menem y el Plan de Convertibilidad, el país creció a tasas del 6 o 7 por ciento anual del Producto Bruto Interno (PBI), aunque con un perfil neoliberal, muy en boga en ese momento. En Brasil y Chile se aplican políticas similares, con el plan cruzado de Itamar Franco, continuado por Fernando Enrique Cardoso, en tierra brasileña, y la política de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, de tipo también desarrollista.

Reivindicando a Cámpora y Gelbard

Eso es lo que viene a aplicar, complementando el orden macroeconómico, la política de Néstor Kirchner en la década de 2000, reeditando el camporismo y el Plan Perón-Gelbard de la década de 1970, conservando el esquema macroeconómico ordenado. Es decir, seguía Roberto Lavagna al frente del Ministerio de Economía en la primera fase del gobierno kirchnerista –que venía de la etapa de Eduardo Duhalde– pero dándole al gobierno y al Estado nacional un perfil jacobino-intervencionista, impulsando las industrias más avanzadas, la ciencia y la técnica y dándole un espacio de participación en las decisiones al sector sindical y la militancia social.

Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández con el entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner.

Queda claro que estas políticas (la recuperación de YPF como empresa estatal, de Aerolíneas Argentinas, de los ferrocarriles bajo control del Estado nacional la actual empresa ferroviaria se llama Trenes Argentinos–, el impulso a Tandanor y Astilleros Río Santiago para la fabricación de buques, el impulso al CONICET y las universidades nacionales) le dan un perfil mucho más avanzado al capitalismo argentino, le plantea aspiraciones semi socialistas a lo que era el perfil mercantil privatista de la década de 1990.