“El cuerpo nunca miente”

Por Ariel Robert

La expresión suena paradójica. Casi como gesto oral de la mayoría de las personas que superamos los 40 años, coincidimos en una crítica tan usada como superficial. “No hay nada para ver en la televisión”. Esto, mientras de manera febril se oprime el control remoto, sin detenerse más de 2 segundos en cada señal.

Difícil siquiera deducir cuán interesante puede resultarnos alguna propuesta o programa, durante un lapso de tiempo tan exiguo. Tal vez, esta acción ya forme parte del ritual antropológico de la posmodernidad.

Asimismo, la oferta de las señales difiere según el servicio que se posea. Muchos que pagan rigurosamente por la tv por cable o por satélite, pudieron ver desde el año 2009 una de las series ícono. 48 capítulos en sus tres temporadas. Lie to me su título original en inglés, que permite una traducción sin riesgos: “Miénteme” en un correcto castellano, o “Mentime” argentinizado. Serie que luego le aportó miles de conexiones a Netflix.

Sin ahondar en la interesante propuesta, sólo diremos que Samuel Baum, guionista, conoció la obra de Paul Ekman, uno de los cien psicólogos más influyentes del mundo. La obra de Ekman trata de manera detallada sobre las emociones traducidas en las manifestaciones corporales y en la expresión de los rostros.

El gran aporte e inspiración proviene de Charles Darwin. El naturalista inglés (que visitó la Argentina en los años 1833 y 1835) después de tres décadas de análisis metódico, recopiló en su obra La Expresión de las Emociones en los Animales y en el Hombre, publicado en 1872, las singularidades, coincidencias y disidencias de las expresiones no voluntarias.

Hugo Lescano, experto en Comunicación No Verbal, y una entrevista reveladora.

En nuestro país, Hugo Lescano es el principal referente en esta disciplina. La televisión en varias ocasiones sí tiene propuestas interesantes, y entre ellas, bien puede contarse la participación de este profesor que acude a los programas periodísticos e informativos, para darnos a conocer qué se puede leer de un gesto, cómo interpretar una mueca y qué esconde alguna expresión espontánea.

Le agradecemos su gentileza para con El Café Diario en esta charla.

¿Qué lo llevó a estudiar esta disciplina que -aunque tiene muchos años y varios investigadores detrás- ha cobrado un interés superlativo actualmente?

Casi diría que fue parte de mi vida cotidiana desde muy temprana edad. Para abreviar la historia, diría que el contexto adverso en el que transcurrió gran parte de mi infancia, me obligó a poner mayor atención en “las señales” de mi entorno para anticiparme a los momentos críticos. Casi como una estrategia de supervivencia.

Más tarde, entre 1990 y 1997 sistematicé mis esfuerzos en el aprendizaje de la lectura de las emociones en el rostro y el cuerpo de las personas. Recibí un entrenamiento durante aquellos años, cuyo objetivo principal era acompañar en el dolor a personas en un sanatorio muy importante (cuya sede está en Washington DC) comunicando los resultados de los análisis del cáncer a pacientes expectantes, anunciando las defunciones a familiares angustiados, y coordinando la recreación de pacientes psiquiátricos. Eso me sirvió para comprender que el papel que nuestras emociones juega en la comunicación es preponderante aunque nos debatamos de modo casi permanente en simular que ellas no están allí o que no nos afectan.

Mi experiencia de vida me llevó a comprender que nuestras emociones son preponderantes en la comunicación aunque nos debatamos de modo casi permanente en simular que no están allí o que no nos afectan”


¿Las emociones son invariables como las pulsiones más primitivas, o se las puede controlar, dominar, en definitiva, actuar para que no quedemos en evidencia?

Siempre existe un nivel de simulación en nuestro comportamiento. Alguien nos cae mal y sonreímos por presión social. Algo nos angustia y tratamos de que no se note en nuestro rostro para que no nos vean débiles, etcétera. Sin embargo, el cuerpo siempre se expresa, a veces de modo sutil. pero se expresa. Los más preparados, como por ejemplo, los (buenos) actores, pueden simular mejor. No obstante eso, nuestro cuerpo no sabe mentir y en algún momento comunica la emoción que lo embarga, aunque tenga con eso, que contradecir a las palabras.

Debido a un auge inédito en las comunicaciones interpersonales con la aparición primero de Internet y luego de las redes sociales, ¿se altera también lo gestual?

Internet y las redes sociales se han transformado en una suerte de escudo detrás del cual podemos escondernos con relativo éxito. Sin forzar la cosmovisión darwiniana, podríamos inferir que Darwin estaría de acuerdo si afirmáramos que el uso desmedido de las redes sociales podría atrofiar nuestra capacidad de expresarnos desde lo gesticular. Quizá en 10 años más podremos tener más claridad sobre los resultados de la comunicación virtual.

Darwin estaría de acuerdo si afirmamos que el uso desmedido de las redes sociales podría atrofiar nuestra capacidad de expresarnos desde lo gesticular”

Muchos le confieren una condición inaugural a las “fake news”, algo que sabemos es tan antiguo como el primer registro pictográfico. ¿Usted considera que hay una crisis superior de credibilidad y por eso es que muchas personas participan en sus cátedras?

Mi conferencia “Cómo detectar mentiras” es de las más concurridas. Existe un afán casi desmedido en conocer quién nos miente y cuándo. Suelo preguntar al comienzo de dicha conferencia, si en realidad lo queremos saber. Y qué haremos con eso posteriormente. Existe una simulación extrema en casi todas nuestras comunicaciones. Una suerte de impostación que utilizamos creyendo que de ese modo seremos más aceptados.

El maquillaje de los vínculos, la escenografía cuidadosamente preparada para casi todos los momentos de nuestra vida en sociedad, hace que nosotros mismos y nuestro entorno, sospechemos de casi todo. Quizá allí radique ese deseo de manejar herramientas que nos permitan conocer las emociones ocultas en nuestros interlocutores a la hora de relacionarse con nosotros.

El maquillaje de los vínculos, la escenografía cuidadosamente preparada para casi todos los momentos de nuestra vida en sociedad, hace que nosotros mismos y nuestro entorno, sospechemos de casi todo”

Hay una corriente de pensamiento que indica que está sobrevalorado eso a lo que llamamos -quizá de modo exagerado- la verdad. ¿Cuál es su consideración? ¿En la humanidad, es inconveniente ir siempre con ese propósito?

Mucho se ha hablado de “la verdad” desde su dimensión filosófica. Sin hacer una defensa de su concepto antitético, me limitaré a decir que “la mentira” no suele ser otra cosa, en muchos casos, que una estrategia de supervivencia. No podríamos vivir en paz con nuestro entorno si dijéramos la verdad de modo permanente. Nuestra esposa nos pregunta antes de salir “¿te gusta cómo me queda el vestido?”  y le respondemos “te queda perfecto”. Aunque la respuesta más cercana a nuestras emociones fuera “a mi juicio te queda pésimo, pero vamos así porque estamos llegando tarde”.

Creo que en algunas circunstancias hay verdades que no son necesarias. Sin embargo, también creo que es vital, en temas más comprometidos, aprender a vivir alineados con nuestras emociones y sincerar nuestro discurso sin simulaciones.

La mentira no suele ser otra cosa, en muchos casos, que una estrategia de supervivencia. No podríamos vivir en paz con nuestro entorno si dijéramos la verdad de modo permanente”

¿En cuánto y cómo incide la modificación del ambiente en la gestualidad de las personas?

El escenario es una variable a tener en cuenta a la hora de analizar la gestualidad de las personas. Hay un grado de impostación social, o sea de códigos posturales de nuestro cuerpo, que ponemos en juego en situaciones y lugares ajenos a nuestra cotidianeidad. Mientras más extraño nos resulte el escenario, mayor será nuestro grado de impostación social. Caminamos diferente en un evento en el que están las autoridades de nuestro entorno laboral, que cuando caminamos en casa para ir a regar el jardín. Por lo tanto, el análisis del ambiente es vital para comprender los mensajes del cuerpo de las personas.

Hay un grado de impostación social, o sea de códigos posturales de nuestro cuerpo, que ponemos en juego en situaciones y lugares ajenos a nuestra cotidianeidad”

¿Hay una caracterización moral de la gestualidad?

La respuesta es un rotundo NO. La Comunicación No Verbal nos da herramientas para conocer las emociones de las personas en el momento en que las analizamos. De ninguna manera es posible un diagnóstico de la personalidad ni mucho menos señalar la moralidad o inmoralidad de una persona por su gestualidad o por sus características fisonómicas.

Así como el antropólogo Marc Augé explica la pérdida de singularidad desde la globalización (los no lugares), en el comportamiento social ¿también se han perdido expresiones locales?

Me inclino a pensar más que se han perdido formas de encuentro entre las personas, en escenarios específicos. Eso ha dado como resultado la pérdida de las oportunidades para expresar emociones en referencia a esos encuentros. Quizá la virtualidad sea un buen ejemplo. La búsqueda de un ícono que exprese a través del Whatsapp la emoción que mi interlocutor no podrá ver en mi rostro. Las emociones están siempre latentes, listas para emerger. Somos nosotros aún los dueños de ellas y los que decidimos si expresarlas o intentar esconderlas.

Un gesto o las características fisonómicas de una persona de ninguna manera dan un diagnóstico sobre su moralidad o inmoralidad”

Sé que las charlas y conferencias más concurridas son aquellas en las que se aborda el tema de la detección de la mentira, esa que nos preocupa desde lo sentimental, individual. ¿Qué puede contarnos de eso? La instrucción y orientación en esta materia, ¿ha producido alguna ruptura o reencuentro amoroso trascendente?

Ese campo quizá sea el que más consultas de pasillo genera en nuestro laboratorio. “Quiero saber si mi esposo/a me está siendo infiel”. Políticos, empresarios, profesionales, taxistas, amas de casa, estudiantes… se desvelan en intentar captar algún gesto de su enamorado/a que garantice amor eterno o infidelidad inconfesable.

Hugo Lescano, durante una visita a la Municipalidad de Las Heras, Mendoza.

En el campo afectivo el cuerpo habla con mayor notoriedad. No conozco de rupturas o reencuentros por la resultante de mis contenidos, pero sí he visto en reuniones o eventos del campo político y empresarial, lo que llamamos en Comunicación No Verbal manifestaciones de empatía y complicidad social entre dos personas de diferente pareja y cuyos cónyuges también se encuentran presentes. A veces me resulta tan obvio que me sorprendo que nadie más lo note en ese momento.

Se han perdido formas de encuentro entre las personas. La virtualidad es un buen ejemplo. La búsqueda de un ícono que exprese a través del Whatsapp la emoción que mi interlocutor no podrá ver en mi rostro”

La Política. Capítulo especial. Hemos visto que Usted analiza comparativamente las coincidencias de lo retórico con la expresión física de algunos postulantes y personajes ya consagrados. ¿Cómo resulta esa experiencia más íntima? ¿Cómo podría distinguirse a alguien que cree en lo que dice y propone, de otro que haya estudiado profundamente cómo actuar un discurso de manera convincente?

Para ser claros, no conozco a ningún político lo suficientemente entrenado como para engañar a su propio cuerpo. El grado de simulación en prácticamente todos los casos es muy precario. No obstante eso, el cuerpo desliza el mensaje claro de las emociones que ocultan las palabras. “La Verdad” en relación a las emociones, se esconde en algún pliegue del rostro o en algún movimiento involuntario del cuerpo. Es cuestión de minutos. El discurso quedará refutado o confirmado por la expresión corporal.

Manejar una agenda tan exigente no debe ser fácil. Recorre muchas ciudades y dicta clases, seminarios, talleres, conferencias. Para mostrar siempre un rostro amable, ¿debe impostar?

En mi caso personal, aprendí que, aunque echamos mano de la mentira en las ocasiones que señalé al comienzo, es saludable expresar las emociones sinceramente. Liberamos tensiones y eso nos genera una sensación de bienestar. Es más fácil sorprenderme con mis ojos húmedos que simulando. Para estudiar mi primera carrera universitaria ordeñé vacas, amasé pan, coseché tomates, levanté paredes, limpié baños, vendí diarios y fui verdulero entre otras aventuras.

Hoy hago lo que me gusta recorriendo el país y la región, y mi actitud de agradecimiento y satisfacción suele ser visible. Trabajo a diario para conectar con mis propias emociones para no tener que simular las mismas. Y mi trabajo principal con los políticos, empresarios y celebridades, es que trabajen en el mismo sentido. Es la mejor manera de mostrarnos. Tal como somos.

La Verdad en relación a las emociones, se esconde en algún pliegue del rostro o en algún movimiento involuntario del cuerpo”

La administración de Justicia, ¿acude a sus conocimientos?

La administración de Justicia, en nuestro país como en la región, está tomando nota de la disciplina. Recibo consultas de modo casi permanente sobre situaciones judiciales y sobre posibilidades de entrenamientos para fiscales, jueces, servicios de inteligencia, etcétera, en el arte de comprender y entender las emociones de las personas para mejorar los vínculos.

¿Cómo administra su propia emoción cuando se enfrenta con alguien impertérrito?

A priori, la ausencia de gestualidad en una persona me desorienta y me representa un desafío. Es el momento de mayor aprendizaje. Sucede con personas de gran estructura mental con profusa actividad interior. Suelen ser intelectuales, con un alto grado de observación. Son personas que no construyen puentes comunicacionales sino con aquellos que logran comprender sus códigos. Me ha pasado muy pocas veces. Una de ellas con un perro de gran porte llamado Ringo que se mostraba tieso e imperturbable ante mi presencia, sin mostrarse iracundo ni afable. Terminé con el tiempo siendo su gran amigo.

Sin dudas hay quienes pueden dudar de la disciplina, como también hay quienes le atribuyen (a usted, a sus colegas ) una condición de “profeta”. Recordamos que en abril, en un programa de televisión abierta, usted hizo un análisis sobre las micro expresiones del actor Juan Darthés. Aquella lectura que Usted hizo fue sobre una declaración ante la denuncia (no tan gravosa como la última) de la actriz Calu Rivero. El despiece que hizo por entonces denotaba que el actor, efectivamente, no estaba siendo auténtico en su respuesta. Imposible que esa bisección gestual no aliente a pensar en la posible culpabilidad del ahora imputado. La incidencia e influencia que ejerce este tipo de observación ¿beneficia a la sociedad, a la administración de justicia, según su mirada?

Creo que la resultante de este tipo de análisis es, en primer término la problematización y el debate que se abre ante la sociedad sobre la misma disciplina. También el hecho de que la sociedad sepa que décadas de investigación dan cuenta de la claridad con que nuestro rostro y nuestro cuerpo expresa las emociones en todo momento. En cuanto a la justicia, recordemos que la misma pide peritajes en algunos casos relevantes como por ejemplo el Caso Próvolo (*)  que ha conmovido a la sociedad de Mendoza y del país. Allí, Mabel Remón, quizá una de las mentes más brillantes de la Comunicación No Verbal, de nuestro tiempo, ha peritado cada declaración de imputados y testigos con extrema prolijidad.

Estamos en una etapa icónica de la comunicaciónpor las nuevas tecnologías pero la comunicación frente a frente sigue siendo la más precisa, mucho más que un emoticón o un jaja en las redes sociales”

Hoy las plataformas, la hiperconectividad, la sobre abundancia de información y la proliferación de lo digital modifican la manera en que nos comunicamos. Esto ¿afecta la gestualidad? Un emoticón reemplaza una sonrisa humana. Los Me Gusta graficados con la manita y el pulgar arriba subrogan una felicitación. ¿Cuál considera que será nuestra expresión más genuina en el futuro cercano?

La modernidad nos impulsa con su lógica comunicacional. Estamos en una etapa “icónica” de la comunicación debido a la irrupción de las nuevas tecnologías. Un “jaja” ahora es suplantado por un ícono riendo a carcajadas, o riendo con la lengua afuera o de un modo amigable, dependiendo de la emoción que queremos imprimir a nuestro mensaje. Dichos íconos fueron diseñados por expertos en un intento de generar empatía entre dos personas que no se ven y es un modo de reconocer la importancia de la gestualidad o de su representación virtual cuando no es posible la presencia física. Aún así, sigo pensando que la comunicación frente a frente sigue siendo la más precisa. La sonrisa sincera es la forma más genuina de dar la bienvenida, y el abrazo, entendido como percepción háptica, es el cemento perfecto en la construcción de lazos afectivos fraternos.

(*) El Caso Próvolo alude a las causas por múltiples abusos sexuales efectuados a alumnas y alumnos sordos o con severas dificultades auditivas, perpetrados por directivos y personal docente y no docente del Instituto Antonio Próvolo, entidad educativa religiosa de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Fueron 14 las imputaciones, y en el largo proceso ya hay 4 condenados.

*Hugo Lescano es Licenciado, profesor, investigador y coach. Especialista en Comunicación No Verbal, Resolución de Conflictos, Negociación Efectiva, Comunicación Política e investigación en Nuevas Tecnologías de Comunicación Social e Intérprete de señas para hipoacúsicos.

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