‘El Brujo’ y el deseo como motor de lo posible

Por Luján Gassmann (lujangtv@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Inicialmente editada como ebook, que podía comprarse online a través de la plataforma Amazon, la novela ‘El Brujo’, de Elio Azerrad, ahora ha sido publicada en formato papel.

La historia relata el vínculo que se da entre un adolescente y un hombre dedicado a las artes adivinatorias, que transcurre en un pequeño pueblo argentino, alejado de las grandes urbes, en la segunda mitad del siglo XX.

Inicialmente el adolescente realiza una simple actividad de observación acerca de la tarea del brujo, pero poco a poco va mutando en un vínculo que, autorizado por los padres del joven, comienza a ganar frecuencia y profundidad.

La novela destaca la esencia de un lazo afectivo y de admiración mutua, que decanta en un trayecto que trasciende sus propias vidas y se inserta en la historia del pueblo y el país, con un final abierto a la imaginación.

Azerrad: «Este trabajo representa el ingreso a un área de la literatura muy interesante, que es la novela».

Elio Azerrad nació en San Juan (1963) y si bien escribe desde su adolescencia, se formó como psicoanalista y desde entonces ha trabajado como asesor de instituciones, empresas y organismos gubernamentales en materia comunicacional, así como en planificar estrategia de la gestión pública y privada. En las últimas dos décadas se ha desempeñado en el área de Relaciones Públicas.

Pero dicen que siempre se vuelve al primer amor y Azerrad se dio el gusto, finalmente, de escribir una novela y publicarla.

Elio Azerrad, escritor de la novela ‘El Brujo’

En diálogo con El Café Diario, su autor, Elio Azerrad, cuenta cómo surge esta historia.

¿Qué representa ‘El Brujo’?

‘El Brujo’ representa el ingreso a un área de la literatura muy interesante que es la novela. Yo comencé a trabajar un cuento, pero a medida que avanzaba, iba ganando extensión, iba incorporando personajes que le daban un panorama mucho más amplio de lo que me había planteado. A partir de este desarrollo me di cuenta de que ya no era un cuento, así que incentivado por hacer más escenas que pudieran darle continuidad a esa trama es que se transformó en una novela.

Tuvo que cambiar de plan sobre la marha.

En pocas palabras, ‘El Brujo’ representa la posibilidad de imaginarse escribiendo algo que uno sabe dónde empieza, pero no dónde termina. En este caso, una novela que comenzó como un cuento.

¿Qué va a encontrar el lector?

La invitación es a despojarse de cualquier idea previa. ‘El brujo’ intenta tener un sesgo de sorpresa en forma constante, para que el lector pueda ir desarrollando el deseo de seguir leyendo. Se va a encontrar con un texto donde lo bueno está sucediendo y habrá mejores cosas hasta que llegue el desenlace. La trama fue pensada que no se agoten los temas ni siquiera al finalizar, ya que queda un final abierto.

¿Cuánto tiempo le llevó este trabajo?

Fue una tarea escalonada, porque primero era un relato que iba a formar parte de un libro de cuentos y en el momento en el que aparecen los distintos personajes empiezo a darme cuenta de que era necesario elaborar nuevas ideas, que permitieran darle a la trama una congruencia interna y una tensión argumental que invitara a seguir leyendo.

Cambio de planes.

Fue una primera etapa de 4 o 5 meses de armado del cuento que, poco a poco, al ir incorporando los personajes fue desarrollándose todo este proceso que finalmente se estiró por 2 años, hasta que pude terminar la novela.

¿Cómo fue el proceso?

Quería transmitir, a lo largo de la novela, cómo funcionaba en un tiempo no muy lejano, ya que es en la década de 1970, la dinámica de los pueblos del interior del país, sitios que en algún sentido están conservados en el tiempo y que tenían una evolución mucho más lenta que las grandes ciudades.

Una vida distinta.

En esos pueblos siempre había un grupo de gente que tenía algún rasgo diferencial, que pensaba distinto, que soñaba en grande, que conocía mucho más que el resto, que conocía otros pueblos, pero aún así permanecía en él. Gente que podía desarrollar otros vínculos, la sola posibilidad de contactarse con gente similar potenciaba sus capacidades a mejores cosas.

‘El Brujo’ empezó como un cuento pero a medida que avanzaba en la escritura, el autor debió asumir que se trataba, en realidad, de una novela.

Sobre ‘El Brujo’ y lo que cuenta

¿Qué tiene de particular esta historia?

La novela hablar de gente buena, gente que quiere hacer cosas y proyecta su vida más allá de la escasa apertura que tiene su pueblo en cuanto a lo intelectual, en cuanto al desarrollo de idea superadora. El proceso de construcción de ‘El brujo’ consistió en pensar una trama que invitara ver los matices y vivencias que, incluso al día de hoy, se registran en los pueblos del interior de la Argentina.

¿Qué distingue a esta novela?

La novela tiene tres rasgos particulares: en primer lugar, que uno en cualquier parte puede creer y crear. En segundo lugar, la idea de que la organización social de un pueblo siempre tiene personajes que representan los distintos aspectos de la vida humana. El tercer rasgo es que el brujo trata de mostrar o, si se quiere, denunciar, lo que en un tiempo no muy lejano era el ritmo y la dinámica de los pueblos que tenían una escasa posibilidad de acceder a lo que hoy sí se puede a través de la tecnología.

Otro mundo…

Claro, cuando no lo había tantos dispositivos, ni comunicación inmediata. Parecía que el tiempo no pasaba, pero a pesar de eso siempre hay gente en movimiento y cuando hay inquietudes se puede cambiar el destino de la gente, de los pueblos, de la propia sociedad.

¿Podría tener una continuación?

No creo. Mi sensación es que es una historia redonda, de una época que termina incluso con la vida de uno de los personajes, por lo que puede haber otras temáticas circundantes al núcleo del concepto que aborda el libro, la historia de otra época bajo la perspectiva de lo que puede resultar valioso de ese momento y contexto, pero no imagino una continuidad para ‘El brujo’ más allá de que queda el final abierto.