El bitcoin no está solo

Por Ariel Jusid

Desde el artículo anterior sobre criptomonedas que inauguró esta sección hace unas tres semanas, la cotización del bitcoin no varió demasiado y sigue sin poder superar la barrera de los 3.900 dólares. Quienes adquirieron bitcoins o fracciones de bitcoin -llamadas satoshis– a fines de 2017, cuando cotizaba a 20 mil dólares por unidad, aún están lejos de recuperar su inversión si no la diversificaron hacia otros proyectos.

Sin embargo, llama la atención que, de acuerdo a un estudio del Cambridge Centre for Alternative Finance, el número de personas que utilizan bitcoin pasó de 18 millones a 35 millones a nivel mundial a lo largo de 2018.

¿Cómo es posible que el interés de los inversionistas vaya en aumento ante una caída tan rotunda de precios? Si bien explicar en detalle la suma de factores que la causaron excede el alcance de estas líneas, aún así es posible enumerar una serie de indicios positivos que pueden ayudar a comprender que la expectativa por el mercado de las criptomonedas siga vigente.

Uno de ellos es que el bitcoin no está solo, aunque se trate de la principal moneda de cambio en su esfera. Muchas altcoins (criptomonedas que no son bitcoin) presentan un crecimiento y potenciales ganancias cada día.

A través de la app de Binance, la principal plataforma de intercambio o exchange de criptomonedas, podemos observar diferentes casos que superaron con creces a los dividendos que otorgó bitcoin en las últimas 24 horas, cercanos a un 2%.

Es comprensible que todo esto resulte un completo caos para quienes jamás invirtieron en bitcoins o altcoins, por lo cual existen diversos canales en YouTube con información actualizada y tutoriales en detalle. Algunos de los más relevantes para el público hispanoparlante son Criptomania.NET, Daniel Muvdi, ERC Cripto Analista y David Battaglia.

Desde aquí vamos a intentar transmitir ciertos conceptos. Cada altcoin representa un proyecto. Algunos recién comienzan su trayecto, otros están en fase de desarrollo y otros ya se han implementado en su totalidad y continúan su expansión.

Antes de que sean parte de un exchange o plataforma de intercambio, cada altcoin atraviesa un proceso llamado ICO u oferta inicial de moneda. En estos eventos online se presenta, a través de una web, la hoja de ruta del proyecto, su fecha de lanzamiento, y se recaudan los fondos necesarios para llevar a cabo los objetivos planteados por el equipo de desarrollo en primera instancia.

En la primera quincena de enero de este año, las ICO recaudaron 160 millones de dólares, correspondientes a más de 150 proyectos.

Hasta el momento, Venezuela es el único país que ha creado su propia criptomoneda -el Petro-, aunque se conoce que son más de diez los estados que planifican algo similar y observan con cautela el desarrollo de este mercado y el impacto que tendrían sus lanzamientos para los bloques económicos de los cuales son parte. Tal es el caso de Estonia, que abandonó la idea del estcoin tras la negativa de la Unión Europea a permitir a uno de sus miembros un medio de pago que compitiese con el euro.

No obstante, la situación difiere en cada país. En octubre pasado, Japón otorgó a la industria de las criptomonedas un estatus de autorregulación. Allí ya existen casas de cambio que incluyen bitcoins y altcoins. En tanto, la adopción por parte de minoristas y tiendas establecidas es cada vez mayor. Dicha situación se replica en mayor o menor medida en Corea del Sur, Australia, Holanda, Suiza y Bielorrusia, entre otros.

Un restaurant en París anuncia bitcoin como medio de pago.

A nivel privado, el desarrollo es mucho más tangible. La mayor competencia anual de startups es The Extreme Tech Challenge, en la cual diferentes empresas emergentes son evaluadas por influyentes ejecutivos que otorgan a los ganadores mayor visibilidad global, la capacidad de escalar a bajo costo y rodear a sus equipos con asesoría de la talla de IBM y Amazon.

En la edición de 2018, que tuvo nueve meses de evaluación y concluyó en octubre pasado, el proyecto ganador entre todas las innovaciones tecnológicas del mundo fue el de Power Ledger y su criptomoneda POWR.

Power Ledger desarrolló una tecnología que permite a cada usuario o empresa proveedora de paneles solares ser dueños de la energía que generan y venderla o comprarla sin intermediarios, al precio que acuerden con su contraparte, a través de la criptomoneda POWR. Uno de los objetivos planteados es descentralizar de los monopolios la producción y el cobro de energía, que en el caso de las renovables es por supuesto más limpia, barata y sustentable que las tradicionales.

Este es apenas uno de los miles de emprendimientos que, a través de una red descentralizada y segura llamada blockchain -en la cual se basan todos los proyectos en cuestión-, están logrando que consumidores y proveedores de servicios de índole muy diversa puedan conectarse directamente, eliminando la necesidad de terceros, como ser entidades bancarias, estados o los mencionados monopolios.

En el próximo artículo trataremos más a fondo sobre la blockchain y por qué llegó para quedarse, además de otros emprendimientos que ya están revolucionando la manera en la que entendemos el dinero, las transacciones y la dependencia económica.

Un comentario sobre “El bitcoin no está solo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *