El asado argentino, manjar de los dioses

Por Eleonora Bruno

Pronunciar la palabra “asado” emana magia. El menú argentino por excelencia es adorado por habitantes de distintos rincones del país y constituye un foco de atracción para los extranjeros que llegan hambrientos de las experiencias gastronómicas típicas de nuestro país. Un manjar nacional solo comparable con el dulce de leche, su correlato en materia de postres.

“La vida es una sucesión de asados”, reza un dicho popular.

Quienes visitan nuestro territorio, lógicamente buscan palpar las tradiciones típicas: tomarse selfies en el Obelisco, saborear un mate, bailar tango en La Boca, apreciar la belleza natural de Bariloche y maravillarse con la omnipresencia de las Cataratas del Iguazú, entre otras. Y, por supuesto, dejarse tentar por el incomparable aroma de la carne asándose en algún patio o restaurante argentino. Una impresión olfativa que quedará impregnada en su memoria poética, y que difícilmente vuelva a percibir en otro lugar del planeta.

El sabor de “la previa”

Disponerse a preparar un asado en la parrilla de casa es brindarse por completo a un ritual único que puede llevar un par de horas, y que disfrutarán tanto el asador como los comensales invitados, ya sean amigos o familiares. Una delicada tarea culinaria destinada a hacer felices a los nuestros.

Esta “ceremonia” tiene una antesala impostergable: una sencilla picada -por lo general confirmada por variedad de quesos, salame, aceitunas y pan- combinada con un buen vino, aperitivo o cerveza helada. Una instancia que alivia la espera del plato principal, en un clima de charlas anecdóticas que nos harán olvidar los problemas cotidianos por un rato.

Chorizo criollo, entraña, tira, vacío… placeres argentinos.

Motivo de encuentro

Realizar un buen asado requiere de paciencia, cierto conocimiento técnico, voluntad, atención y un cuidado minucioso en cada paso del proceso: desde la compra de los cortes de carne -que deben ser de calidad más que óptima- pensando en las preferencias de nuestros invitados, hasta el cálculo de las cantidades, de modo que nadie quede sin saciar su apetito.

La presentación más completa, la deliciosa “parrillada” argentina, atrae por su amplio abanico de componentes entre los cuales se destacan las “achuras” -tales como molleja, chorizo, morcilla, chinchulín, riñón- y cortes típicos: entraña, vacío, lomo, costilla, bife de chorizo, tira de asado y ojo de bife. También puede complementarse con cortes de cerdo y pollo. ¿El acompañamiento ideal? Ensaladas y/o papas fritas, y a nivel aderezos, el chimichurri y la salsa criolla se disputan el podio.

Al punto, jugoso, o más hecho. La cocción de un buen corte de carne, es fundamental.

Sin duda, la suma de las cualidades del asador se verá reflejada en el resultado final, que también estará condicionado por una de las claves más importantes de su tarea: jamás perder el control de los tiempos de la parrilla (que son lentos), y siempre consultar a cada integrante de la mesa si prefiere su porción jugosa, cocida o “a punto”. Porque una de las finalidades del asado es, precisamente, el agasajo.

El ritual de la preparación del asado argentino va más allá de lograr un sabroso plato de comida; su aspecto más rico y saludable es la complicidad que genera entre los presentes, donde no sólo la degustación, sino también la euforia del encuentro, el diálogo ameno y las carcajadas toman otro significado. El de los códigos compartidos. Seguidos, por supuesto, del infaltable “¡¡aplauso para el asador!!”

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