El antecedente de la película ‘Animal’

Por Pablo Kulcar

El cine argentino sorprendió al incursionar en el tema del tráfico de órganos, a partir de la necesidad de un paciente que no está dispuesto a esperar los pasos interminables y constantes de una donación. Y sobre todo, teme profundamente que su vida se degrade hasta el punto final.

Nombre: ANIMAL, argentina, duración 110′

Producción general: Axel Kuschevatzky

Dirección: Armando Bo,

Guión: Nicolas Giacobone

Guillermo Francella: Antonio
Carla Peterson: Susana (esposa)
Marcelo Subiotto: Gabriel
Mercedes De Santis: Lucy

Guillermo Francella es Antonio, un tipo común. Tan común como su entorno, en un lugar casi de privilegio: gran puesto en una firma, casa acomodada en un lugar relajado como Mar del Plata, tres hijos con una esposa hermosa y más joven que él, Susana (Carla Peterson).

De repente surge una enfermedad y todo comienza a dar un giro indescifrable. La angustia de necesitar una operación de riñón, es sólo al principio, un secreto que el protagonista guarda. Pero las dificultades de conseguir un donante, y algo más, serán un fantasma que lo cerca y lo captura: la posibilidad de la muerte. El mundo del tráfico de órganos es para él ya, la única salida, la idea de esperar en diálisis permanente le instala en un pánico que lo aterra y motiva. Su personalidad se torna cínica y allí conoce a quienes serán proveedores de aquello que más necesita, un riñón.

La película se tensa y el doble juego entre el pobre hombre enfermo se topa con un muchacho con una vida deshilachada, con una pareja embarazada, dispuesto a vender su riñón a precio cada vez mayor.

El antecedente de 'Animal' en la donación de órganos.
El antecedente de ‘Animal’ en la donación de órganos.

La actitud se torna despiadada, los actores, tanto él como ella, hacen un doble juego. Gabriel, el posible donante, interpretado magníficamente por el actor Marcelo Subiotto, es tan desagradable y tan convincente que nos parece imposible que esté sólo actuando. Él esconde una personalidad despiadada y miserable, y hará sentir al enfermo, Antonio, que su vida depende de ellos, exigiendo cada vez más para la tan soñada operación.

Ella, Lucy, es la actriz Mercedes De Santis y compone a una joven que se imagina a sí misma más humana, futura madre, pero exige a la par de su compañero. En este juego, ambos terminan peleando por el botín de oro, quieren una casa para vivir, ya que serán desalojados del lugar donde están, casi hacinados.

Pero el demonio se presenta y ya nadie es amigo de nadie. Francella interpreta cabalmente el papel de un contenido Antonio que está agazapado, que por su propia educación y moral pretende salirse de la ley lo menos posible.

Lo hace en el tono justo, acomoda cada gesto y cada mueca a ello. Su estallido de furia es un hecho predecible. La otra parte, esa parejita sin prejuicios, sin esa estructura moral, se muestran débiles, pero maquiavélicos, dóciles por momentos pero como animales salvajes ante su presa durante la mayor parte del film.

Todo se precipita de forma inesperada pero con cierta lógica dadas las características de personalidad que dibujan los protagonistas. La indispensable aparición de un amigo, Elías (el actor Federico Salles) cierra el círculo. El guión se deja llevar por este conflicto, casi en forma predecible, pero genera tensión en la lucha de esos dos mundos.

La película de Armando Bo es un thriller psicológico que se humaniza de a ratos. La locura y la naturaleza humana por subsistir están de uno y de otro lado. Las escenas acompañan cada clímax. Sin más pretensiones artísticas que las necesarias. Todos cumplen plenamente su parte. La donación de órganos es un tema que nos penetra desde una trama creíble. El final es lo que su director soñó que fuera, y cada espectador podrá ser juez y parte, mientras nadie saldrá indemne de esta pesadilla.

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