Eduardo Calvo, mucho más que un «heavy rejodido»

Por Guillermo Tagliaferri (guilletaglia60@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Los ojos desorbitados, la peluca, la campera de cuero, la voz aguda y su humor chispeante y ocurrente caracterizan al Heavy Rejodido, personaje interpretado por Eduardo Calvo. Pero su trayectoria artística es muy amplia y variada, . Y, más allá de que la comicidad sea su característica principal, también interpretó dramas, porque además de actor este porteño de 60 años es director, guionista y docente. 

El teatro, el cine, la televisión, los estudios de radio y el humor gráfico engloban su recorrido artístico durante más de cuarenta años. Y el presente lo encuentra, como de costumbre, enfrascado en presentaciones y proyectos. 

El origen del artista

Eduardo, para comenzar desde el principio, ¿cómo fueron sus inicios?

A los 16 años quise ingresar a la Escuela de Arte Dramático Nacional o Municipal y en ambas me explicaron que debía como mínimo 18 años y el secundario finalizado. Como tenía mucha ansiedad y ganas de estudiar teatro, me anoté en un taller que daba Ricardo Passano, estrella de la época de oro de del cine y miembro de una familia de reconocidos actores. Era los jueves a la noche, en el centro. Y, como me gustaba tanto, también empecé a ir a la otra sede donde daba el taller, en Ituzaingó, los sábados a la mañana. 

Al cumplir los 18, ¿arrancó finalmente con el estudio oficial?

Así es, con 18 años y finalizada la secundaria, dí el examen de ingreso en la Escuela Municipal de Arte Dramático y aprobé. Cursé actuación y dirección, durante cuatro años. Empecé a escribir textos humorísticos y también canciones medio románticas y los profesores me incentivaban para que siguiera escribiendo.

¿Cuándo empezó a trabajar?

Paralelamente a mis estudios ya empecé a actuar. Armamos un grupo humorístico y hacíamos funciones en la misma Escuela y en peñas. Yo me encargaba de los personajes cómicos. Ahí me fui formando.

¿En qué momento empezó a vivir de la profesión de artista?

Cuando estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático, por la noche, durante el día trabajé primero en una agencia de autos y luego en la inmobiliaria de mi viejo. Después de varios años de darle, empecé a vivir de la profesión dando clases y como actor. Armé grupos, hice espectáculos en bares y en lugares emblemáticos como Cemento o Babilonia, mal llamados, despectivamente, under. En esa movida participé mucho. 

¿Cuándo fue la llegada a un teatro grande?

En 1980 dirigí y actué por primera vez en un teatro, De La Fábula, un espectáculo propio de humor llamado «Aún estamos vivos». Actuábamos Claudia Martínez Ruiz, Guillermo Roque Pérez y yo, que también dirigía. Con esa obra antes habíamos yirado por bares, hasta que llegó el momento de hacerla en ese teatro. Poco tiempo después, dirigí «Contra los molinos de viento» y empecé a escribir y actuar en espectáculos de humor. 

¿Cómo nació el personaje del Heavy rejodido?

Con Pedro Cano, mi socio en la escritura durante muchos años y con quien tenemos una amistad, hicimos el libro de «Muchas pelucas para un solo calvo» en 1988. Ahí apareció por primera vez el Heavy, que era una especie de maestro de ceremonia y uno de los personajes del espectáculo. Nació a partir del comportamiento de un profesor de música que cuando levantaba la voz decía que gritaba, pero no gritaba, sino que mantenía su tono muy bajito y suave. Jorge Fontenla, un profe excepcional. Y una colega y amiga entrañable, Betty Di Marino, me regaló la peluca y la use con el personaje. En principio no sabía si sería un guapo o un heavy metal

¿El personaje nació con otro nombre originalmente?

Sí. El nombre original era Charly, incluso el espectáculo se cerraba con una canción llamada «Charly dance«, después por la tele quedó el Heavy, que era el leit motiv de sus frases. «Muchas pelucas para un solo calvo», que alcanzó más de 3000 funciones en distintas salas de todo el país,  tenía cerca de diez personajes distintos. Pero el Heavy quedó como la marca. Inclusive, me vio gente del Central Cultural San Martín, que se conecta con Roberto Villanueva, que estaba dirigiendo una obra ahí, y me propone trabajar en sus salas. El personaje del Heavy se hizo más conocido en 2002, por su exposición televisiva, pero nació mucho antes, en 1988.

Antecedentes en la televisión

Antes de esa masividad en Showmatch, ¿ya había trabajado en otros programas de TV?

Fue mucho antes de lo que mucha gente conoce. En los años 80, en la época de Raúl Alfonsín como presidente, trabajé en «Chispiluz», un programa infantil, en Canal 7, todavía se lo conocía como ATC. Empecé como guionista con Roberto Peregrino Salcedo, que entre otras cosas fue guionista del Minguito de Juan Carlos Altavista. Yo estaba dirigiendo «Una noche inolvidable», y trabajaba una sobrina de Peregrino Salcedo, que hizo la conexión y ahí empezamos a escribir los guiones. Después dejé el guion y pasé a actuar en el programa. En el elenco estaba Florencia Peña, que era una nena, y entre otros Deborah Warren y Oscar Ferrigno. 

Y siguieron más programas en la pantalla chica…

Sí. Mucho después, escribí guiones para «Tate Show», conducido por Leonardo Simons. Luego, trabajé en «La cajita social show», uno de los programas más cortos de la televisión: duro siete u ocho emisiones. Era una especie de «Saturday night live» criollo y con un gran elenco: Mike Amigorena, Vanesa Miller, Antonio Grimau, Pablo Rago… 

Calvo, interpretando al Heavy rejodido, al aire libre en un espectáculo veraniego en Mar del Plata. 

¿Cómo llega a Videomatch, en pleno apogeo del programa de Marcelo Tinelli?

Me llamaron para audicionar, y terminé participando de un concurso de cómicos. Muchos colegas me decían que con mi trayectoria no podía participar de un concurso. Pero yo no lo tomé como una competencia, sino que simplemente quería mostrar mi trabajo. Lo tomé como algo natural, me divertía mucho. Me gusta la televisión como medio, y en ese momento me sentía un privilegiado por poder exhibir lo que escribía y mi actuación. 

Compartir escenario con Alfredo Alcón

Además de la comedia, también actuó en tragedias.

Si, también. Aunque en «La tempestad», mi personaje era cómico, hice de Trínculo, el bufón. Las obras de William Shakespeare combinan tragedia con comedia. Había otros papeles cómicos, interpretados por Carlos Belloso y Hernán Giménez. Alfredo Alcón era el protagonista, Eleonora Wexler interpretaba a Miranda, y fue el debut en teatro de Tomás Fonzi. 

¿Cómo fue compartir escenario con un actor de la categoría de Alfredo Alcón, de los más talentosos de nuestro país?

Interpretaba a Próspero. Como persona era muy sensible, muy cómico, tenía cero divismo, era uno más en el elenco. En lo personal fue movilizante, yo lo iba a ver al teatro cuando era chico, lo nombrábamos seguido en familia –con mis padres y mi hermana íbamos mucho al teatro– con admiración. Era un gran referente, como una Catedral, pero se portaba cero Catedral. Era muy divertido, con mucho sentido del humor. En los camarines inventábamos historias y ficciones y él entraba en ese juego. También fue maravilloso haber tenido, en esa obra, como director, al español Lluís Pasqual, de esa gente que es única por cabeza, vuelo y sabiduría. El me eligió, Trínculo era el único personaje que faltaba y un productor le envió a Pasqual un video mío y ahí me eligió para hacer el papel. 

¿Qué resalta de sus experiencias en el Teatro San Martín, uno de los más emblemáticos de Buenos Aires y el país?

Tuve la suerte de haber trabajado en el San Martín muchas veces y es una sensación muy fuerte. Actué con directores muy grosos, como Jorge Lavelli, Jacques Lassalle, en «El Misántropo» de Molière, Roberto Villanueva y otros. Haber trabajado con ellos y en el San Martín me llena de orgullo y placer.

Volviendo a su versatilidad actoral, estuvo presente en otras obras de Shakespeare, y otros autores, haciendo papeles dramáticos.  

Además de «La Tempestad», donde como dije tenía un papel cómico, actué en «El Rey Lear» y también en «Ricardo III«, en una versión al aire libre. Así que el mundo shakesperiano estuvo presente en mi carrera.

Tres meses cargados de actividad 

¿Qué marca su agenda profesional para los próximos meses?

Ahora, en julio, todos los sábados a las 21.30, voy a hacer un ciclo con cuatro diferentes obras en el Complejo La Plaza, en avenida Corrientes. Días atrás estuve haciendo «El mundo se puso heavy», unipersonal donde compongo distintos personajes: el representante chanta Rubén Galante, Elio el payaso Globito, el profesor tranquilino, el tachero, el Heavy, Horacio Guaraná y otros. Una invitación a la risa. 

Rubén Galante, el representante chanta de artistas, uno de los personajes de «El mundo se puso heavy». 

El 9 de julio se viene un estreno.

Así es, la fecha patria cae como anillo al dedo para el estreno de «Esa es otra historia», siempre en La Plaza. Ahí dirijo a Roberto Molo Molinari, músico y actor. Es un espectáculo con monólogos y canciones, basados en hechos poco conocidos de la historia argentina. 

¿Qué va a suceder el próximo sábado, el 16?

El 16 de julio vuelvo a la doble función de director y actor, porque presentamos «Vivo Eloy», que surgió durante la pandemia como un programa en Instagram. De ahí se armó un espectáculo de varieté, donde dirijo y actúo. Es un conductor de TV, falso ídolo y estafador. Durante la emisión de su programa lo viene a detener la policía, pero le dejan hacer esa despedida. Hay música, magia, un poco de todo. El equipo creativo lo comparto con Molo Molinari y Diego López, que también se encarga de la puesta de luces, y comparto elenco, junto a Molo, con Belu Gestoso, César Gómez, Dolly Kent, Clarisa Portaluppi y Juan Martínez.

En «Vivo Eloy», Calvo interpreta a un conductor televisivo con antecedentes turbios. 

¿Qué obra cierra ese ciclo de julio en La Plaza?

Será el sábado 23, con otro estreno: «Proyecto Paraguayensis». Empezamos con los ensayos, en la pandemia, de «Dos paraguayos sueltos en Buenos Aires«, la interpretaban dos actores paraguayos. Pero a uno de ellos, Alejandro Samaniego también es maestro y le surgió un trabajo en una escuela de Paraguay y se fue. Ahí nos quedamos rengos y modificamos el libreto y el título. A Odón Morón López se sumó Andrés Zurita, un actor que ya había dirigido en «Boogie, el aceitoso», versión teatral del libro de Roberto Fontanarrosa, y la historia pasó a ser un proyecto que transforma a un paraguayo en un porteño. Yo escribí el guion y lo dirijo. 

En septiembre, será el turno de un estreno cinematográfico.

Si, una comedia, «Lennons», como John pero con una ese final, donde actúo dirigido por segunda vez por José Cicala, con quien trabajé en «La sombra del gato». Luis Machín, Pachu Peña, Malena Guinzburg, Betiana Blum, Gastón Pauls, Javier Parisi, Nito Mestre, Guillermo Zapata, David Lebón, Luciano Cáceres y Claudia Kovacic, entre otros, son parte de un elenco impresionante.  

Antes, en agosto, se viene otro estreno en teatro.

Estamos ensayando «La Máquina de la alegría», dirigida por Alfredo Allende, y también se repondrá «Lisístrata«. Para el verano volveremos a Mar del Plata con «Fenómeno«, dirigido por Gastón Troiano; la temporada pasada nos fue muy bien y estuvimos nominados para el Estrella de Mar al unipersonal y, aunque no ganamos, fue una alegría. 

El profesor heavy

Al margen de escribir guiones, dirigir y actuar, también se dedica a la enseñanza.

Desde hace muchos años vengo dando clases de actuación. Y hace un tiempo nos unimos con otros profesionales y abrimos la Escuela de Arte Cómico, en un espacio, llamado Felizmente, en Balvanera (Matheu 36), con clases para niños, adolescentes y adultos de todas las edades, con o sin experiencia. Yo dicto el taller de creación cómica. 

La presencia de Robert De Niro

Por ese sitio pasó recientemente nada menos que Robert De Niro. ¿Cómo fue la anécdota?

En su corto paso por Buenos Aires para filmar una serie, una de las locaciones fue una parrilla que está en nuestra misma cuadra. Entonces alquilaron nuestro espacio para usar de camarín y zona de relax de De Niro. Aunque estuve muy cerca de él, no pude hablar porque estaba rodeado de productores y custodios. 

Calvo, en la puerta de su escuela de arte cómico. Por allí pasó Robert De Niro. 

¿Cuáles fueron las ventajas y las desventajas de dar las clases por zoom en tiempos de pandemia?

Se abrió un mundo virtual y pude trabajar con gente de todo el planeta. Ahora esos cursos virtuales continúan para gente del interior y exterior. La virtualidad tiene sus limitaciones, pero es más puntual, se ven mucho las ideas y se las acompañan hasta llegar a la creación. En cualquier formato, teatral audiovisual o radial. Pero no se puede meter tanto el cuerpo, trabajar la parte corporal de manera virtual resulta más dificultoso. 

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