Dra. Carina Krasnoff: “La sociedad debería ser niñocéntrica”

La crianza está llena de mitos y creencias opuestas a las necesidades básicas de los bebés y niños pequeños. Una mirada especialista al respecto.

Carina Krasnoff reflexiona sobre la necesidad de que las criaturas sean realmente privilegiadas por la sociedad.

Carina Krasnoff reflexiona sobre la necesidad de que las criaturas sean realmente privilegiadas por la sociedad.

Por Gabriela Composto
gabriela.elcafediario@gmail.com

La Dra. Carina Krasnoff (Médica especialista en Pediatría, UBA, MN 90.954) recibió a El Café Diario en la calidez del Espacio MuruMuru, en Villa Crespo.

En este lugar, donde dicta sus talleres y se dedica con mucho amor a la infancia, crianza y maternidad/paternidad, nos relata cómo la maternidad la llevó a darse cuenta de que lo que había aprendido como profesional, en muchos casos llegaba a ser opuesto a lo que ella vive como mamá.

Su voz es muy dulce y suave. Esta “madre x2”, además de pediatra, es doula. Según la organización Doulas de Argentina, “una doula es una mujer que ha tenido hijos y se pone al servicio de otra mujer que va a parir, acompañándola durante el embarazo, el trabajo de parto, parto y puerperio. La doula se enfoca en el aspecto emocional, el bienestar y las necesidades de esa mujer”.

La Dra. Carina Krasnoff aboga por cambiar los hábitos de crianza. (Foto: Sol y Maia Fleischman)

¿Se necesita toda una tribu para criar un niño?

Hoy en familias monoparentales o biparentales criamos en soledad, aún sabiendo que necesitamos criar en comunidad, para que sea mucho mas fácil la crianza, la lactancia. Sumemos a eso a los opinólogos -desde el verdulero hasta un familiar conviviente-, que sin ser consultados, invaden el vínculo que esa madre, también recién nacida, está comenzando a construir con su bebé, con frases como “si lo alzas, te va a tomar el tiempo”, “se va a malacostumbrar a la teta”, “tu leche no le alcanza, es agüada”, “no lo malcríes tanto, le estás haciendo mal”, etcétera.

No medimos el impacto que tienen nuestras palabras en esa mujer devenida madre, que acaba de nacer junto con su hijo, y está en plena fusión emocional con su bebé.

¿Entonces, por lo que dice usted, no se tienen realmente en cuenta las necesidades de los bebés?

Debemos aprender a ser una sociedad “niñocéntrica”. Si lo dejamos sólo en palabras, seguramente no comprendamos el término. Si revisamos en cambio en nuestra historia personal, nuestras soledades y abandonos, podremos comprender con mucha más facilidad que si mi bebé llora es porque me necesita. Necesita mi caricia, mi abrazo, mi susurro, mi teta. En vez de creer que “me está manipulando” o “tomando el tiempo”, que es lo que nos enseñaron -erróneamente- en generaciones anteriores como manera de vincularnos.

Tenemos que empezar a comprender y priorizar las necesidades de los bebés y niños para transformarnos en esa sociedad amorosa, pacífica y solidaria que aspiramos. Una sociedad “niñocéntrica”, es decir, centrada en las necesidades de los niños.

“La sociedad debe enfocarse en las necesidades reales de los niños”. (Foto: Sol y Maia Fleischman)

Los niños necesitan abrazos, apoyo, diálogo, tiempo, cuidado. Y tenemos que tener en cuenta eso, su bienestar, hay que transformar los hábitos de crianza a los que nos han acostumbrado”

¿Cuáles dirías que son las necesidades básicas de un bebé pequeño?

Es fácil comprender cuáles son sus necesidades si nos remitimos al útero materno. Allí todo es bienestar, movimiento y sonido permanente. Un abrazo cada vez más apretadito, a medida que su tamaño va aumentando. El bebé no necesita buscar alimento ya que le llega permanentemente a través de la placenta.

Luego sobreviene la tempestad al nacer, que representa su primer experiencia de miedo. Respirar por primera vez, sentir hambre por primera vez y llorar como única forma de expresión posible. Su desarrollo madurativo es incompleto. Depende totalmente de otro para recibir ese bienestar perdido. Entonces su madre -el cuerpo de su madre- es quien le proporcionará alimento sin reloj. Y abrazos, miradas, contacto permanente, abrigo, canciones, movimientos suaves. De nuevo bienestar.

Por lo tanto, es lógico comprender por qué un bebé llora apenas es dejado en su cuna o su cochecito, es movido bruscamente o no es acunado en brazos.

Entendiendo que lo ideal es amamantar, ¿en la actualidad se amamanta poco?

Efectivamente. Fijate que si prácticamente todos los niños fueran amamantados, cada año se salvarían unas 820 mil vidas infantiles. A nivel mundial, sólo un 40% de los lactantes menores de seis meses reciben leche materna como alimentación exclusiva.

Entonces deberíamos preguntarnos por qué el porcentaje de mujeres que amamantan es tan bajo, si todos sabemos los múltiples beneficios de la lactancia materna, tanto para la madre como para su cría.

Si todos los niños fueran amamantados, cada año se salvarían ochocientas veinte mil vidas; a nivel mundial sólo un cuarenta por ciento de los lactantes menos de seis meses son alimentados con leche materna”

¿Será que no alcanza el trabajo de tantos profesionales en la promoción de la lactancia?

Yo creo que justamente por eso, porque la lactancia materna no necesita promoción. En cambio, sí necesita de redes de sostén. Tribu, abrazo, acompañamiento in situ, sin opinar ni juzgar. Acompañamiento silencioso y respetuoso, y sobre todo necesita de tiempo. Mucho tiempo. Tiempo sin tiempo. Un bien que abunda en el puerperio y es escaso y esquivo en estas épocas.

Información de contacto para recurrir al Espacio MuruMuru:  
Email: murumuruchicos@gmail.com  / Tel: 11 5853 6511

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