Didier Drogba: los goles de la paz

Por Nicolás Fernández

En el plano internacional, más allá de la Copa del Mundo de Rusia, el fútbol en 2018 estuvo marcado por el retiro de grandes estrellas mundiales. Algunas solamente anunciaron sus retiros de las selecciones nacionales, como son los casos de los campeones mundiales Andrés Iniesta (con España en Sudáfrica 2010) y Gianluigi Buffon (con Italia en Alemania 2006). Otros, por el contrario, dijeron adiós definitivamente al fútbol profesional, tanto en las escuadras nacionales como en los equipos que defendían.

En enero, el hermano y representante de Ronaldinho comunicó el fin definitivo de la carrera del brasileño, de 37 años. Si bien el excompañero de Messi no jugaba oficialmente desde 2015, cuando vistió la camiseta de Fluminense, el retiro quedó confirmado apenas arrancó el año.

A mediados de 2018, el estadio San Siro también fue testigo de la despedida de Andrea Pirlo. Otro crack. Campeón con Italia en el Mundial 2006, quien disputó su último partido oficial a finales de 2017 con el New York City (de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos) y en mayo pasado tuvo un cierre de carrera a lo grande, rodeado de las figuras con las que compartió el campo de juego a lo largo de su trayectoria.

Xavi Hernández, el volante español que había dejado FC Barcelona para emigrar al fútbol catarí, también colgó los botines con el cierre de 2018, para hacer sus primeras armas como entrenador.

Y en un año con semejantes despedidas, no puede omitirse la del héroe marfileño Didier Drogba, quien hasta el momento jugaba en el Phoenix Rising, de la tercera división de Estados Unidos. Un futbolista que traspasó los límites de la cancha para convertirse en un mensajero de la paz en un país marcado por el derramamiento de sangre.

El 7 de diciembre de 1993 murió Félix Houphouët-Boigny, quien fuera presidente de la República de Costa de Marfil desde la independencia del país (declarada en 1960) hasta su muerte. Henri Bédié lo sucedió en el cargo con la idea de perpetuarse en el poder. Para ello, y para eliminar a su principal competidor, Bédié implantó el concepto de Ivoirité¸ una doctrina de corte nacionalista que, entre otras cosas, solo permitía presentarse a elecciones para cargos políticos a los marfileños de segunda generación: Alassane Ouattara, referente de la oposición, era hijo de un burkinés. La división cultural, territorial y étnica que significó la Ivoirité llevó a Costa de Marfil una escalada de violencia a la que sólo se respondió con más violencia y represión.

El 24 de diciembre de 1999, un Golpe de Estado comandado por el general Robert Guéï derrocó a Bédié, prometiendo devolver las riendas del país a un gobierno democrático al año siguiente. Para ese entonces, un joven marfileño crecido en Francia ya había iniciado su carrera futbolística en Le Mans, un equipo de la Ligue 2 (segunda división) francesa, sin saber que seis años después sería clave para la unidad de su pueblo.

Didier Drogba, leyenda viva del fútbol de Costa de Marfil y todo África.
Didier Drogba, leyenda viva del fútbol de Costa de Marfil y todo África.

En el año 2000, tal como lo había anticipado cuando se instaló en el poder, el general Guéï llamó a elecciones, pero cuando en las urnas salió vencedor el socialista Laurent Gbagbo, el militar se negó a aceptar el resultado. Sin embargo, las protestas en las calles obligaron al general a abandonar el cargo y dejar el lugar al presidente electo.

Dos años después, en septiembre de 2002 y sin una democracia consolidada completamente, grupos rebeldes declaran su intención de derrocar al presidente, dejando al país dividido en dos partes: el norte dominado por los rebeldes, y el sur, leal al gobierno. Así comienza una guerra civil sin soluciones posibles para el acercamiento de las dos facciones.

Casualmente, en ese septiembre de 2002, mientras en país se hundía en una crisis social y política extremadamente violenta, la selección de fútbol de Costa de Marfil empataba sin goles con el seleccionado sudafricano. En ese partido hizo su debut con los elefantes Didier Drogba, quien para ese momento ya había sido traspasado al Guingamp francés.

En noviembre de 2004 un ataque aéreo marfileño acabó con la vida de nueve soldados franceses. La respuesta del ejército galo, que había enviado tropas a intervenir en el conflicto que azotaba a su excolonia, fue una ofensiva al aeropuerto de Yamusukro, la capital marfileña, que destruyó todos los aviones de la fuerza aérea.

Los dos bandos sellaban sus diferencias con fuego. Las fuerzas internacionales contribuían poco para hallar una solución, y la situación social y económica del país empeoraba cada vez más. Ninguna solución se veía al corto plazo. Sin embargo, casi un año después del ataque francés, exactamente el 8 de octubre de 2005 y mediante un acontecimiento que nada parecía tener que ver con la política del país africano, comenzó a vislumbrarse una luz de esperanza.

Omdurmán, Sudán, fue el escenario. El seleccionado local se enfrentaba al conjunto marfileño, que necesitaba una victoria para lograr meterse por primera vez en un Mundial. El partido no presentó mayores dificultades para el equipo liderado futbolísticamente por Drogba, y los elefantes ganaron 3 a 1, logrando por primera vez el pasaje a la cita mundialista, lo que ya era un acontecimiento histórico. Pero lo más importante para el país sucedió minutos después del pitido final del árbitro.

Luego del partido, mientras los jugadores celebraban la victoria y la clasificación en el vestuario, la televisión invadió el lugar con sus cámaras. Lejos de ocultarse, el delantero del Chelsea inglés tomó el micrófono y les habló a sus compatriotas mirando a cámara: “ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, sur, este y oeste, les pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Un gran país como el nuestro no puede rendirse en el caos. Dejen las armas y organicen unas elecciones libres”.

Hacía tres años que Costa de Marfil se desangraba en una guerra civil sin tregua, pero el mensaje de Drogba llegó a su pueblo. Si bien sería muy simplista y ridículo decir que él mismo frenó la guerra, el mensaje del astro futbolístico significó el puntapié inicial para un proceso de reconciliación.

Y su labor por la paz en su país natal tampoco terminó en eso. Al año siguiente, con su selección clasificada por primera vez a un Mundial y con el Chelsea bicampeón de la Premier League inglesa, Drogba fue elegido como mejor futbolista africano del año. Entonces, para celebrar el galardón personal y lucir su premio, el delantero decidió viajar a Bouaké, una de las ciudades del norte del país que se encontraba bajo el control de los grupos rebeldes.

No contento con lo hecho hasta ese momento, en 2007 Drogba se colocó en el papel de diplomático y organizó un partido para llevar la paz a su país. El encuentro, según quiso el futbolista, se jugó en territorio hostil: nuevamente la ciudad de Bouaké. En una jornada histórica, los ministros del gobierno marfileño y los líderes rebeldes cantaron voz a voz el himno nacional, simbolizando, de esa forma la unión bajo el paraguas del fútbol. Lo sucedido dentro de la cancha es simplemente una anécdota: el conjunto local venció 5 a 0 a Madagascar, en un partido que significó mucho más que 90 minutos de fútbol. Los medios, aprovechando la ocasión, hicieron referencia a los cinco goles que dejaban atrás cinco años de violencia. Costa de Marfil volvía a estar unida. Al menos por un tiempo…

Didier Drogba llevó a su selección nacional a disputar un Mundial por primera vez en su historia, Alemania 2006, y luego también logró clasificar a las citas de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. También llevó a su país a dos finales de la Copa Africana de Naciones (2006 y 2012), quedando en ambas ocasiones a un paso de la gloria. En 2012 se vistió de héroe dándole el empate a Chelsea a dos minutos para el cierre y logrando luego el penal definitivo para ganarle la Liga de Campeones a Bayern Munich. Jugó en clubes franceses, emigró al Shanghai Shenhua de China, luego al Galatasaray turco, y pasó por la MLS estadounidense, brillando en todos los equipos en los que jugó.

También puede darse el lujo de decir que estuvo entre las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time, en 2010. Todos sus logros dentro de la cancha pueden traducirse en cifras, números y estadísticas. Pero Drogba fue mucho más que un gran centrodelantero, mucho más que un futbolista. Didier Drogba fue el hombre que llevó un poco (al menos tan solo un poco) de paz a un país hundido en la guerra civil. Por eso remarcamos su importancia y su historia.

En 2018 se retiraron muchas estrellas del fútbol mundial. Grandes goleadores, jugadores habilidosos, arqueros imbatibles, y también Didier Drogba, el hombre de los goles de la paz.

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Medio cooperativo. Periodismo.

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