Desierto y Agua, música, máscaras ancestrales e instrumentos andinos

Por Guillermo Tagliaferri (guilletaglia60@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

Desierto y Agua, dúo musical formado por Dany Riaño y Andrea Feiguin, acaba de regresar de una exitosa gira por Chile y Mendoza y ofrecerán su show en Buenos Aires el viernes 9 de diciembre, para presentar Yuyo, su tercer CD. Su show de música electrónica fusión incluye máscaras ancestrales y futuristas, instrumentos andinos y remarca la importancia de la soberanía de los recursos naturales y del sentido del amor a la tierra.
«En la tradición de la Cosmovisión Andina, los seres humanos somos parte de la Naturaleza y pertenecemos a ella y no al revés. Debido a que la cultura andina está centrada en la naturaleza, para los pueblos andinos, la reciprocidad con la naturaleza es un deber moral, pues la Madre Tierra (Pachamama) es quien nos da la vida, los alimentos y la existencia. En consecuencia, debemos ‘devolver’ a la tierra lo que es suyo y no depredar hasta agotar los recursos naturales. Todo lo que hemos de tomar, debemos devolverlo. La música de Desierto y Agua es esa ofrenda«, anuncian en su presentación.

Ganadores del Premio Ibermúsica en 2019 y 2021, durante 2022 abrieron el recital de la banda noruega A-ha en el Movistar Arena, participaron de Enero Tilcareño, en Jujuy, Parapanda Folk en España, Festival Isoca en Necochea, y Mestiza 2022 en Mercedes. También tocaron en escenarios como La Usina del Arte, Mood Live (Neuquén), The Roxy (CABA) y son organizadores del ciclo Noche Voodoo.

En medio de los ensayos para su próxima presentación en La Tangente (Honduras 5317, CABA), Riaño y Feiguin respondieron a la entrevista de El Café Diario. Esa misma complicidad y entendimiento que el porteño Dany –a cargo de la producción musical electrónica, sumando sintetizadores, ronroco, kena, pincullo y voces– y la entrerriana Andrea –acompaña con erke, trutruca mapuche, sikus, zampoña y voces– despliegan sobre el escenario se traslada a su convivencia cotidiana.

Andrea Feiguin y Dany Riaño, integrantes de Desierto y Agua. Foto: gentileza de los entrevistados.

El comienzo del dúo  

¿Cómo fue el origen de Desierto y Agua?
Daniel Riaño: Desierto y Agua era el nombre de un disco mío, como solista, que compuse en 2013. Para el segundo disco y los shows en vivo tenía una banda rockera con ese mismo nombre. Ahí nació el nombre. Hacía rock mezclando algunos instrumentos ancestrales. Cuando se disolvió el grupo y el proyecto, ya habíamos empezado con Andrea a forjarnos como pareja y yo estaba buscando un nuevo baterista de vuelta, pero ella me dijo: «¿Por qué no esperás un poquito y dejás que el universo defina?«.

¿Y cumplió el universo?

Sí, ese mismo verano me invitó un cantante, amigo, chileno, Casquivano, para abrir sus shows. Andrea me acompañó y estuvimos un mes de gira por distintas ciudades chilenas. Y allí, de repente, nació la idea de hacer algo artístico juntos. Volvimos con todas las ganas de hacerlo y decidimos ponerle el nombre Desierto y Agua. Resolvimos, en vez de buscar un baterista, fusionar música electrónica. En 1999-2000 yo había hecho tango electrónico, tenía experiencia con máquinas, pero estaba desactualizado. En (los negocios de música de la calle) Talcahuano nos encontramos con que la tecnología había avanzado bastante, invertimos, compramos máquinas y ahí arrancó el dúo Desierto y Agua.

Andrea, ¿tenía experiencia como música?

Yo había estudiado trompeta. pero nunca había tocado en vivo, no tenía tantos conocimientos musicales, ni ni de todos los instrumentos que hoy toco. Dany fue mi profesor, mi maestro. A la par empezamos a estudiar folklore, a tocar bombo legüero y nos presentábamos en peñas. Era música muy folklórica, con algunos tintes electrónicos y con un par de temas muy electrónicos y nada de folklore, era como una búsqueda. 

La naturaleza es tema recurrente y de inspiración del repertorio de Desierto y Agua. Foto: gentileza de los entrevistados.

El salto del rock al electrónico  

Dany, en esos inicios, ¿cómo fue pasar de rock a música electrónica?

Y… costó. Nuestro primer disco, llamado Disco Pop y editado en 2018, es extraño porque tiene mucha letra, mucho estribillo. Se nota que mi cabeza estaba acostumbrada a una forma de composición de canción con la suma de sonidos electrónicos. Es un disco hibrido, se ve muy bien que venía del rock, aún con la intención de apuntar a la electrónica. En nuestro segundo disco, Elementos, encontramos la fórmula donde la canción desaparece, al menos en formato rockero, y aparece una composición con elementos electrónicos, con espacios, donde la prosa empieza a ser un poquito más espaciada, para que flote la textura electrónica. Ahí empieza a cambiar, en este segundo disco se nota el cambio verdadero.   

¿Cómo definiría el estilo musical de Desierto y Agua, Andrea? No parece encasillado como electrónico tradicional, ¿no?

Diría electronic world music, música electrónica del mundo electrónico. Folktrónico o electrónico orgánico, también se le podría decir. Es difícil insertarlo dentro de un estilo particular, ninguno es igual, es algo bien personal. Es difícil de encajarlo en un estilo de electrónica puntual y tradicional, somos muy instrumentistas y cantamos.

¿Qué pueden decir de la gira por Chile y Mendoza?

Riaño: Chile es especial para nosotros porque marcó el origen de Desierto y Agua. Habíamos regresado, tres veces, antes de la pandemia. Esta vuelta fue muy linda y nos fue recontra bien. Chile es un país muy distinto a nivel cultural, el público paga su entrada y valora mucho el arte. Hay una industria importante de músicos independientes. 

Feiguin: En Chile los espacios están acostumbrados a pagar dignamente a los artistas. Y se nota el respeto y el disfrute, por cómo se expresan los espectadores. Fluyen a una conexión no tan careta, podríamos decir, como puede verse en Buenos Aires, donde hay una pose y no tanto entregarse al disfrute de lo que está pasando. En Mendoza también estuvo muy bien todo, es otro país, el nuestro, y otra cultura, pero salió todo perfecto. 

Riaño: Tuvimos una muy linda e interesante experiencia tocando en el Complejo El Roble, un sitio donde se mezcla la industria del vino con la música. Un sitio, dentro de la ruta de las bodegas, con elementos de la naturaleza, como un lago, fuego y un ambiente muy natural. 

¿Recuerdan algún acontecimiento llamativo que haya ocurrido durante las giras?

Feiguin: El descubrimiento de algunos instrumentos en los viajes, que los vamos incorporando. Por ejemplo, el erke. Estábamos tocando en Tilcara, en enero de 2019, antes de Los Cafres. Ese día compramos dos erkes y ahí mismo los estrenamos, sobre el escenario. Fue una locura, estuvo buenísimo. un descubrimiento. 

Los instrumentos ancestrales y autóctonos, presentes en el dúo musical. Foto: gentileza de los entrevistados.

Riaño: Con Desierto y Agua viajamos por varios lugares del mundo y siempre descubrimos y aprendemos cosas nuevas. Cuando tocamos en Eilat, una ciudad costera muy linda de Israel, los locales al ver la trutruca mapuche, un instrumento de viento hecho con el cuerno de un animal, lo identificaron con el shofar, un instrumento de cuernos típico de allá. Qué loco que lo ancestral esté presente en todos lados. En Cuzco descubrimos plantas ancestrales, el mundo ancestral aparece siempre, aun en pleno siglo XXI.

Andrea, se la nota muy concentrada y compenetrada durante los shows. ¿Cómo lo vive?

Desierto y Agua me abrió un portal humano de expresión y de conexión con las personas que ven el show, para transmitirles muchas cosas que siento en el escenario: de la vida, de la luminosidad, del poder femenino, del empoderamiento de la mujer.

Dany, ¿todos los temas son de autoría propia?

El 98 por ciento son propios. Hacemos un par de covers; en Alquimia fue El Cóndor Pasa, y en Yuyo fue El Huamaqueño. Una curiosidad fue que, con permiso del autor, hicimos unos retoques a la canción Los Delirios del Mariscal, de Crucis, una gran banda de rock progresivo de los años 70. Nos comunicamos con Aníbal Kerpel, su compositor, para presentarle nuestra versión y tuvimos su aprobación. Lo gracioso fue que nos dijo: «No sabía que se podía bailar con este tema«. 

Un show interdisciplinario y conectado con lo ancestral   

Para finalizar, ¿cómo será el espectáculo del viernes 9 de diciembre, en La Tangente?

Feiguin: Es una propuesta en vivo de un show con muchas disciplinas. Integramos bailarines, que hacen un trabajo coreografiado muy pegado a nuestra música, está todo muy estudiado y coordinado. Habrá plantas y yuyos para intervenir los elementos, como el pie de micrófono, para que lo orgánico este visualmente presente. Es el show que hicimos en la última gira, con el agregado de dos o tres temas nuevos. 

El viernes 9 de diciembre será la presentación oficial de Yuyo, el tercer disco del dúo.

Riaño: La escenografía es de Mateo Pictor y va a tocar con nosotros Hernán Bruckner, que hace arreglos musicales y la mezcla y masterización de nuestra música. Sin dudas, va a ser un hermoso momento. Tocamos ritmos del pasado y del presente, con instrumentos tradicionales con texturas de vanguardia. Sonidos tribales característicos del dúo como el erke, la trutruca mapuche e, ícaros, que nos trasladan a lo más antiguo, nos conectan con nuestros ancestros y la sabiduría de la tierra, con nuestra sangre invocando el amor para sanar. Es un viaje chamánico tan actual y antiguo como la misma Pachamama.

Próximo show: 9 de diciembre a las 20

La Tangente

Honduras 5371, CABA

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