Con el agua al cuello

Por Cecilia Caminos

Argentina está otra vez en el ojo de una tormenta perfecta ya que al feroz efecto del cambio climático se le suma la inacción política para acelerar las obras que mitiguen los efectos de las inundaciones. Defender los centros urbanos del avance de las aguas, regularizar los canales ilegales cavados en la zona agrícola y gestionar políticas efectivas para revertir el daño al medio ambiente que agrava las consecuencias de las inundaciones.

Las inundaciones en amplias regiones del norte de Santa Fe y de las provincias del Chaco, Santiago del Estero, Corrientes y Entre Ríos ya registran miles de evacuados y pérdidas multimillonarias. Aunque durante estos días las lluvias darán una tregua, el pronóstico meteorológico advierte que el efecto de El Niño seguirá a lo largo del verano y las lluvias serán una constante.

La ruta provincial Nro. 1, que conecta Santa Fe con Resistencia, colapsó cerca de Colonia Teresa. Entre 20 y 30 metros de la carretera se hundieron por la presión del agua, que corre como catarata por allí y dejó incomunicada la zona a la espera de que se construya un puente Bailey, del estilo militar, para recuperar la conexión. En Corrientes, mientras los municipios reparten ayuda a los evacuados, se comenzaron a detectar niños con lesiones en la piel producto de las inundaciones.

“Tendremos que acostumbrarnos a que las inundaciones van a pasar reiteradas veces en distintas zonas, en distintos lugares del país”, reconoció el presidente Mauricio Macri, tras recorrer una zona del Chaco. El mandatario admitió que las obras públicas para evitar estos desastres “no alcanzan”. “Tenemos que comprometernos cada vez más a tener recursos para invertir en infraestructura que nos adapte a esta situación”, afirmó.

Sus palabras generaron sin embargo fuertes críticas tanto en la oposición como en diversas organizaciones rurales.  “Desde Coninagro no compartimos esa expresión, considerando que los problemas deben solucionarse y nunca acostumbrarnos a ellos”, expresó la entidad rural en un comunicado, poco después de estimar que estas inundaciones pueden dejar pérdidas por valor de hasta 2.200 millones de dólares.

Las inundaciones produjeron cuantiosas pérdidas en los cultivos de algodón, girasol, soja y maíz. También en la ganadería, a la que afecta en plena época de parición y con consecuencias que tendrán efecto a largo plazo en el stock bovino.

Tan solo en la provincia de Chaco, el gobierno local estimó que se necesitan inversiones de por lo menos 3.300 millones de pesos para construir unas 20 obras hídricas que mitigarían el impacto de estos desastres naturales. La inversión equivale a unos 87 millones de dólares, una pequeña fracción de las pérdidas por las inundaciones que debe afrontar el distrito, uno de los que registra mayores índices de pobreza en todo el país.

Las falencias son múltiples y son responsabilidad del Gobierno nacional, las provincias y los municipios. Desde lo más micro, como una defensa largamente reclamada en la ciudad de Concordia, hasta lo más macro, con una política federal efectiva que mitigue los efectos de estos desastres naturales a nivel nacional, con inversiones efectivas para canalizar las aguas, tanto en inundaciones como en sequías.

Si no se puede frenar a una naturaleza enfurecida por el gigantesco daño al medio ambiente que generó un cambio climático dramático, que al menos sus consecuencias sean lo más leve posibles y eviten peleas entre pueblos y campesinos por los canales irregulares abiertos para llevar o sacar agua pero que perjudican a otros, por sospechas de cómo se administran las aguas en las represas y por la corrupción que se come el dinero del pueblo.

Argentina, al igual que otros países de la región, es afectada este verano por el fenómeno de El Niño, que se genera por el aumento de la temperatura del océano Pacífico. Esto causa un incremento de las lluvias en el centro este y las provincias del noreste. El último episodio de El Niño ocurrió en 2015/2016.

El Niño junto al calentamiento del océano Atlántico provocan los excesos de agua en el este del país”, advirtió el doctor en ciencias atmosféricas José Luis Aiello a la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Los daños al medio ambiente son otro factor clave en esta tragedia hídrica. El avance de la barrera agrícola hacia el norte, desmontando bosques para utilizar las tierras para la agricultura intensiva y cosechar soja, dañó irreversiblemente los suelos.

Las tierras, quemadas por los agroquímicos y el sol, ya sin la protección que les daban los bosques, perdieron capacidad de absorción de agua y se anegan con mayor facilidad. Las inundaciones arrastran los minerales de los suelos y los degradan aún más. La alteración del equilibrio de la naturaleza, una decisión netamente política, agrava las consecuencias de los fenómenos meteorológicos.

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