El cine ruso goza de buena salud y ‘Boda negra’ lo confirma

Por Gastón Dufour (egastondufour@gmail.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

El cine ruso dejó su impronta con su mirada inigualable respecto del séptimo arte, llevando a sus más grandes figuras a ser reconocidas en el mundo entero, y a renovarse luego de las décadas de 1980 y 1990. Aquí un pequeño resumen al respecto, aprovechando el reciente estreno en nuestro país de ‘Boda negra’, de Svyatoslav Podgaevskiy.

Boda negra: el trabajo de un experimentado

El experimentado director ruso Svyatoslav Podgaevskiy, quien cuenta en su filmografía con títulos como  ‘La Novia’ (2017), ‘La Sirena’ (2018) y ‘Baba Yaga’ (2020), ha logrado en su carrera y hasta el momento una adecuada construcción de climas y dominio sobre las sensaciones de los personajes que retrata.

A partir de allí, en cada una de las historias que ha llevado adelante se encuentran interesantes sustratos simbólicos que dan marco perfecto de comprensión de lo narrado.

Tal es el caso de ‘Boda negra’, película con guion del director junto a Natalya Dubovaya e Ivan Kapitonov, y producida por Central Partnership, QS Films,  Inej Productions.

El cine ruso tiene en ‘Boda negra’ un fiel representante de su actualidad y vigencia.

Zhenya ha sido abandonada por Cyril, su novio. Desesperada, acude a un hechizo llamado «Boda Negra» que promete volver a unirlos. Cyril regresa, pero su amor se vuelve obsesivo y amenaza a quien se interponga entre ellos, incluida la pequeña hija de ambos. El hechizo no se detendrá al morir él en un accidente, pues nada puede separar a dos amantes unidos por el demonio.

El film trabaja la idea de la necesidad de posesión del otro como un objeto que debe ser amado según los propios deseos y, sobre todo, como base emocional del temor al abandono y a lo sobrenatural, al fin y al cabo, una emoción infantil, ítems que Podgaevskiy ya había tocado en ‘Baba Yaga’, que tomaba como base una vieja leyenda rusa.

La confusión respecto de la apropiación del ser amado como única forma de vínculo posible embarga a Zhenya ante la proximidad de verse abandonada por Cyril, su caprichoso y seductor, además de violento, novio artista. La narración parece simple y en realidad lo es, porque las historias figurativas que se dividen entre el mundo de los espectros y el de los vivos son más cercanas de lo que el espectador puede sentir, a través del interés provocado por las acciones de los protagonistas. 

En ese sentido, ‘Boda negra’’ puede ser una adecuada advertencia para los intereses secretos de los seres humanos. O como advierte el dicho: cuidado con lo que deseas. 

El cine ruso y los Lumière

El cine arribó a Rusia por obra y gracia de los hermanos Lumière en 1896. De hecho, el primer film rodado en territorio ruso lo realizó un camarógrafo de los célebres hermanos y se trató de la coronación del Zar Nicolás II.

Diecisiete años después del primer contacto, Rusia contaba ya con 18 productoras cinematográficas y las salas de exhibición superaban las 1400.

El cine ruso –muy apreciado en la Argentina, al punto de haber tenido una sala exclusiva para su exhibición, como fue el Cine Cosmos– tuvo grandes participantes que contribuyeron  al desarrollo de la industria interna  y magníficos aportes a la historia del cine mundial, con nombres como Serguei Eisenstein, Dziga VertovLev Kuleshov y Vsévolod Pudovkin.

En general los géneros más visitados en las producciones soviéticas fueron el cine documental, el drama histórico, la comedia y posteriormente el Western rojo, (también conocido como  Eastern), que fue la réplica al Western clásico, además, claro, de la ciencia ficción, con Andréi Tarkovski como su más grande representante.

Pequeña semblanza del cine de terror ruso

Al menos hasta pasada la mitad de la década de 1960, el cine de género ruso, más precisamente de terror, no tuvo presencia alguna, hasta que los directores y guionistas Georgi Kropachyov y Konstantin Yershov estrenaron ‘El Viyi’, en 1967.

La película, basada en el cuento homónimo de Nikolai Gogol, forma parte de la selección de producciones más relevantes de la filmografía soviética en el canal Soviet Films, y pudo verse en 2020 en el Festival de Sitges, restaurado por la propia organización para su exhibición, en calidad mejorada. 

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