China, intercambio disfrazado de amistad y beneficios

Por Pablo Kulcar

China ya no es la fábrica del mundo sino su laboratorio. Su productividad está cambiando y modificando su propia vida social. En 1978 el promedio de vida en ese país era de 65 años, hoy llega a los 76. Su población urbana era del 19% y hoy es del 56%. Tiene en la actualidad más de 100 ciudades con un millón de habitantes a los que alimentar, y una infraestructura energética que sostener. Por lo que su complejo industrial es el principal consumidor del mundo de minerales como el litio y el carbón, y produce la mitad del acero de todo el mundo. También es el mayor consumidor de estaño, zinc, soja y azúcar.

Su relación con América latina es básicamente de extracción de recursos, dato que reafirma la ecuación de Centro-Periferia que comenzó a popularizar el economista argentino Raúl Prébisch.

En 2009, con la publicación de lo que dieron en llamar Libro Blanco, China delineó la relación con nuestro continente, proyectándola hacia el futuro. Basada en una inversión brutal en el sector hidrocarburífero, siempre orientada al control de productos extractivos primarios, por lo que sus inversiones a partir de 2013 se dirigen a una infraestructura que sólo busca abaratar los costos de traslado de las mismas a sus puertos.

La relación de China con América latina es básicamente de extracción de recursos, dato que reafirma la ecuación de Centro-Periferia que comenzó a popularizar el economista argentino Raúl Prébisch”

De esta forma han invertido e invierten en megaproyectos que tienen la intención de estimular la conexión Atlántico-Pacífico con la construcción de corredores bioceánicos por ferrocarril y por vía terrestre. Despliega en consecuencia una retórica hacia América latina en la que la relación obedece al determinismo más exponencial de la dependencia.

Estos postulados hablan de una cooperación con los gobiernos locales que no existe. Son meras declaraciones tomadas de los pensamientos de los propios gobiernos de América latina, para China periféricos y subdesarrollados, y lo muestran como un país amigable que impulsa el desarrollo Sur-Sur. Pero esconden una nueva penetración cultural, que sólo la mirada entrenada descubre.

Basta con revisar los fundamentos de la instalación por parte de una agencia científica China de una base aeroespacial en Bajada del Águilaterritorio nacional cedido al gobierno y ejército chino por 50 años para la construcción de una antena que supuestamente será utilizada como observatorio lunar en un lugar donde nuestro país, con la implementación de este tratado científico, pierde soberanía. No se sabe a qué intereses responde, ni en qué contexto de desarrollo regional se implementa.

Debemos analizar la actitud de los países de nuestra región que muestran a China como un país amigo que invierte y que nos aleja de la hegemonía de los Estados Unidos proponiendo un cambio por un mundo más multipolar y más justo. En nuestra región, Chile, Brasil, y Perú son los que mayor intercambio comercial tienen con los chinos. Allí dirigen el mayor porcentaje de sus exportaciones, mostrándolo como un mercado estratégico insustituible. Hay varios ejemplos. Evo Morales presidente de Bolivia, firmó acuerdos militares y de desarrollo. Venezuela firmó contratos por envíos petroleros a cambio de préstamos por el termino de 10 años.

Estamos en contacto con productos chinos desde la década del ’70, cuando China comenzó una política de descolectivización de sus tierras y aumentó su producción agraria y crecimiento industrial. De esta manera atrajo a grandes multinacionales, que pensando en aprovechar los bajos salarios chinos, se radicaron allí. Esto le permitió al país asiático apropiarse de tecnologías vía transferencias de empresas que conformaban de forma mixta con el extranjero.

Allí incorporaron lo que necesitaban para su desarrollo industrial. Actualmente han decidido crecer al 7% anual, ya que ese ritmo le permite a su mercado interno acoplarse. Mientras que Occidente cree que pasar de un crecimiento 10% (es el que venía teniendo anualmente) a un 7% es una muestra de debilidad, para China es potenciarse.

China no es un país amigo que intenta desarrollarse. Esto se ve en los proyectos que negocia en forma bilateral con cada uno de los gobiernos de nuestra región. Uno de ellos es un corredor por ferrocarril que unirá la costa atlántica brasileña pasando por Bolivia, con Chile, y de allí, a otros dos conectándolos con Mendoza y Chubut. Estos emprendimientos son pactados con cada país en forma individual y no se negocia con el bloque del MERCOSUR, por ejemplo.

Buscan cooperación en energía nuclear pero no comparten sus conocimientos sobre energía fotovoltaica y eólica”

Los gobiernos creen que son acuerdos beneficiosos, pero una mirada más amplia observa que son sólo consecuentes con los procesos de seducción que el capitalismo ejerce por nuestras tierras. Esto debilita la región en el orden internacional y en lo que respecta a Argentina, buscan cooperación en energía nuclear (estamos muy avanzados en comparación con ellos) pero “no” comparten sus conocimientos sobre energía fotovoltaica y eólica. Es decir, exigen información, haciendo de la relación científica un eje desigual e ineficaz para nuestro desarrollo.

En los temas ecológicos repiten la misma estrategia. China tomó la decisión a partir de 2016 de reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera para bajar sus propios índices de contaminación en las mediciones de organismos internacionales. Pero exporta sus empresas contaminantes a regiones como la nuestra, que lo interpretan como una posibilidad de nuevos caminos de desarrollo científico-productivo.

Su expansión demográfica y económica tiene consecuencias en lo que es la ecología, la economía, la política. Por ejemplo: en el uso del agua, reduce su consumo local y se exporta a sí mismo, desde sus empresas localizadas en el exterior productos que la contienen o la consumen. Estos temas son aspectos de un intercambio tan desigual como premeditado. Los dirigentes regionales, enceguecidos por el enriquecimiento agrícola-industrial, no lo ven o lo subestiman en forma cómplice. El desafío es actuar en consecuencia desmitificando el comercio con China como algo que es inobjetable e inherente a la única manera de construir un desarrollo sustentable y autóctono, que sea determinante en el contexto de un país y no de intereses de un imperio disfrazado de amigo.

En el uso del agua, reduce su consumo local y se exporta a sí mismo, desde sus empresas localizadas en el exterior productos que la contienen o la consumen”

La construcción de las represas Kirchner y Cepernic en la provincia de Santa Cruz y de una cuarta central nuclear, son sólo un paso más para que Argentina juegue a ser socia del imperio chino. Aunque un nuevo recorte en inversiones las paralizara momentáneamente.

Consolidada como una potencial mundial y ocupando el centro del mundo capitalista y financiero, China realiza inversiones a cambio de la exigencia en contraprestaciones, siempre en condiciones desiguales, como lo es habitualmente en el caso de Argentina. Sin esta relación comercial, la misma no se efectúa ni realiza. Las represas son contratos gestionados por la anterior gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El dictamen judicial que exigió un estudio de impacto ambiental retrasó lo que ya estaba comenzando. Aquel stand by hizo que automáticamente los chinos dejaran de comprar soja por un año y medio.

El intercambio con China no le trae a la región todos los beneficios con los que se publicita.
El intercambio con China no le trae a la región todos los beneficios con los que se publicita.

Este intercambio es deficitario para Argentina desde hace una década. En 2016 la inversión de China en América latina fue de 24.800 millones de dólares. Argentina espera, además del resultado del tratado mencionado, que los chinos adquieran la mina de Veladero en San Juan (la misma que este año tuvo una serie de accidentes contaminantes y que sufrió cierres momentáneos del gobierno sanjuanino ante el reclamo popular por los daños que causaba al medio ambiente), y la construcción de 7.000 casas prefabricadas en un país con la madera y la técnica para estas tareas.

Otra aspiración de las autoridades en su último viaje, fue que Argentina participara en el BAII (Banco Asiático de Inversión e Infraestructura) que financia proyectos en la región. El reacomodamiento del Belgrano Cargas y el San Martín, dos líneas de ferrocarril, eran uno de ellos. Lo que afirma la postura asiática por construir corredores comerciales (por vía férrea) para abaratar el traslado de materias primas primarias que representan uno de los ejes de su expansión comercial. Sumaron además la compra del 50% de las acciones de Esso Argentina, compañía petrolera, afirmando su participación en el área de hidrocarburos y de la cerealera Cofco en el rubro sojero.

En todas partes del mundo este tipo de energía nuclear propone un debate social muy grande, previo a su instalación. Incluso en lugares donde ya están instaladas, como Alemania por ejemplo, hay un proceso de desinversión y se están cerrando .Esta decisión del Gobierno está generando un malestar social enorme, y rápidamente en la Patagonia la gente se está organizando. Incluso están despertando algunos sectores u organizaciones que estaban dormidas. No será fácil la instalación de estas centrales, sobre todo en la Patagonia, donde hay una historia de lucha muy grande contra este tipo de energía. Hay mucha gente allí que tiene conciencia de la peligrosidad que generan los residuos.

Por treinta o cuarenta años de energía generaremos residuos que vamos a tener que gestionar y sostener durante más de diez mil años”

Este acuerdo con China compromete a la Argentina para siempre. Recordemos que los residuos de una central nuclear retienen ese enorme índice de peligrosidad durante más de diez mil años. Por treinta o cuarenta años de energía generaremos residuos que vamos a tener que gestionar y sostener durante más de diez mil años. Y a esto hay que sumarle la potencialidad catastrófica permanente que presenta una energía cara, sucia y contaminante, no sólo en el proceso en sí mismo sino también en la extracción de uranio para alimentarla.

Llama la atención que los gobernantes locales no puedan pensar en el futuro. Ni en la Patagonia como el lugar para la explosión de las energías renovables, la gran alternativa de desarrollo. Las energías renovables más limpias podrían generar puestos de trabajo, muchísimos más que una central nuclear, y por más tiempo. También se generaría conocimiento y esto es justamente lo que los chinos no quieren compartir. El conocimiento científico que poseen. Como todo imperio, lo atesoran para sí mismos mientras estudian modelos foráneos de producción que están diseñados para otro contexto.

La idea de productividad de la Republica China se basa justamente en establecer un apoderamiento de recursos y para ello imponer condiciones que la favorezcan y hagan valer el peso de su lugar en el mundo”

En este caso, la idea de productividad de la Republica China se basa justamente en establecer un apoderamiento de recursos y para ello imponer condiciones que la favorezcan y hagan valer el peso de su lugar en el mundo. El centro en el que se encuentra es constructor directa e indirectamente de esa periferia satélite que sólo aspira a acercarse cada vez más a lo que imaginan su pase al progreso. La idea de un país que comercia como capitalista y produce como comunista, construye el imaginario en el que creyeron algunos gobiernos progresistas de nuestra región.

No es tal cosa. La amistad esconde la necesidad de imponer de forma hegemónica un imperialismo que no sólo es económico vía préstamos financieros sino que en este caso ya es cultural, construyendo el gran mito de la amistad y conveniencia de comerciar con los chinos. Mandato del que sólo puede estar convencida una clase política y dirigente incapaz de soñar con igualdades, o que no esté determinada a construir matrices de producción nacional en los rubros que sea posible. Se necesita una clase política y dirigente que comercie sin aceptar de forma casi infantil una amistad disfrazada.

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