Burano, una perla escondida en la laguna de Venecia

Por Nora Mazzini (mazzini.press@gmail.com)

Venecia, ciudad elegante, bella, melancólica y sofisticada. Venecia hace feliz sólo por estar ahí. Pero Venecia no es sólo la ciudad de los canales, las góndolas y las postales. Fundada sobre una laguna de mar en el Adriático al norte de Italia, son más de cien las islas donde viven los venecianos, en las cuales hay, además de villas medievales y lujosos palacios, viñedos, campesinos y pescadores, escuelas y oficios, una vida propia que supera el turismo. En esa Venecia profunda, hay una bella y colorida perla: Burano.

Los tours ofrecen al visitante corto de tiempo una excursión por las islas. En dos o cuatro horas y por 20 euros, se recorre Murano, la isla donde se concentra la producción del famoso cristal; Torcello, el primer asentamiento veneciano, y Burano, famoso por su producción de hilados de lino. 

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Pero estos tours de «toco y me voy» siempre dejan gusto a poco. Por los mismos 20 euros, se puede sacar el pasaje en el vaporetto, una lancha colectiva como las del Delta bonaerense de Tigre, utilizada tanto por los lugareños como por los visitantes. El abono turista también se vende por 48 horas a 30 euros, lo cual da una gran capacidad de movilidad. Con la libertad de ir y quedarse todo el tiempo que uno guste en cada lugar, el recorrido es más ameno y permite elegir los horarios y los tiempos.

Burano y sus casas de colores

Burano es la gran sorpresa, la perla de las islas venecianas: un caleidoscopio explosivo de colores que sorprende apenas bajar del vaporetto. Es que cada casa está pintada de un color distinto, fuerte y vibrante, recorrido por canales de aguas espejadas que se iluminan con los reflejos de esos tonos.

Los colores que se repiten en los quietos canales de Burano. (Foto de Nora Mazzini)

La isla, en donde viven unas 3.000 personas, tiene un campanario inclinado (sí, Pisa no es la única torre inclinada de Italia). La torre de la iglesia de San Martino Vescovo tiene 53 metros de altura y una inclinación de casi dos metros de la punta a la base. 

Burano es para tomársela con calma. Recorrer y adentrarse en los pequeños rincones de gran belleza, disfrutar de un atardecer bebiendo un spritz (típico aperitivo que los lugareños preparan con tres partes de espumante seco, dos de Aperol o Campari y un splash de soda), en la plaza principal San Baldassare Galuppi. Esperar el atardecer y cuando se van los turistas, disfrutar de ese aire transparente y el dialecto que resuena en sus callejuelas y muestra la vida propia de la isla.

La torre de la iglesia de San Martino Vescovo en Burano tiene 53 metros de altura y una inclinación de casi dos metros de la punta a la base. (Foto de Nora Mazzini)