La Bitcoineta recorre Latinoamérica con un mensaje: «Bitcoin para millones»

Por Gabriela Composto (gabriela.composto@elcafediario.com)

Edición: Florencia Romeo (florenciaromeo06@gmail.com)

La Bitcoineta es una iniciativa sin fines de lucro que nació a principios de 2018, con la idea de divulgar tecnologías Blockchain y Bitcoin en distintos pueblos y ciudades de Latinoamérica, que comenzó por Argentina y luego fue extendiéndose a varios países del Cono Sur.

La idea madre fue y es llevar la información a lugares donde, en condiciones normales, no llegaría y darles a las personas la posibilidad de interiorizarse y preguntar sobre estas tecnologías. A la vez, intercambiar conocimientos y poder ver cómo pueden beneficiarse tanto los ciudadanos en particular, como las distintas regiones de Latinoamérica.

La Bitcoineta en Punta del Este.

Chevy Contreras, uno de los responsables de esta aventura, actualmente en El Salvador, dialogó con El Café Diario para dar a conocer más sobre este singular y original proyecto.

¿Este es el viaje que tenían planeado para 2020 o es completamente nuevo?

El viaje a El Salvador es el mismo que teníamos previsto en 2020 hacia Guatemala, porque la ruta es muy similar, pero tomó mucho más sentido cuando El Salvador declaró Bitcoin como moneda de curso legal. Nosotros pensábamos que Centroamérica era una tierra muy fértil para el desarrollo de Bitcoin, simplemente por la necesidad de tener una moneda soberana y poder usar una moneda sin fronteras, como es Bitcoin, para comunicarse con todo el mundo. 

¿Cuánto tiempo les llevó preparar este viaje?

Nos llevó mucho tiempo planificarlo y día a día lo seguimos haciendo, porque nos vamos encontrando con nuevos desafíos por el camino.

Chevy Contreras, uno de los responsables del proyecto de La Bitcoineta (Instagram).

¿Qué tiene de particular el viaje que han comenzado ahora y dónde los encuentra esta entrevista?

El Salvador es el primer experimento de Bitcoin como moneda de curso legal y debemos apoyarlo para que pueda suceder de la mejor manera posible y todo lo que tenga que fallar, genere el menor daño posible, y no sea el pueblo de El Salvador el que sufra por esto, sino más bien que sea un gran beneficiado por ser los primeros en adoptar esta tecnología. 

Lleva un tiempo acostumbrarse a tecnologías y conceptos tan novedosos.

Era impensado hablar de Bitcoin para personas de bajos recursos o Bitcoin para millones en lugar de para millonarios. Y que El Salvador esté teniendo una buena experiencia hasta el momento con Bitcoin, es la confirmación de que nuestra tarea estaba bien encaminada, que dio sus frutos y que sienta bases en los 6 o 7 países que ya hemos visitado.

¿Siempre viajan los mismos tripulantes?

Nos involucramos muchísimas personas pero solo viajan dos o tres cada vez. Nos vamos rotando y mientras unos van viajando, otros van planificando cosas de la gira o ayudan en redes sociales generando algún otro tipo de contenido. Trabajamos de manera colaborativa y cada uno tiene su rol.

Tripulantes de La Bitcoineta, en la ruta (Instagram).

¿Qué actividades van a realizar en el viaje que están cursando en este momento?

Los tres tripulantes van a estar haciendo capacitaciones y charlas y compartiendo experiencias con las personas que hoy por hoy están disfrutando de Bitcoin, porque el gobierno de El Salvador les donó, ya que ahora es moneda de curso legal allí. Entonces la idea es darles información a esas personas que de un día para el otro se encontraron con que tenían un regalo del gobierno, o del propio país, de 30 dólares en Bitcoin cada uno.

En la ruta del Bitcoin

¿Cuántas expediciones hicieron incluyendo la actual?

Hasta el momento ya hemos hecho más de diez giras y recorrido más de cincuenta mil kilómetros, que incluyen cruzar en barco para llegar a Tierra del Fuego y al punto más austral del continente. También hemos visitado La Quiaca y Bolivia más al norte, y algunas regiones de Brasil. Cruzamos los Andes para una conferencia y cuando Chile estaba en crisis con los bancos, y nos pareció conveniente ir a hacer un encuentro ahí. La idea es seguir sumando muchísimos kilómetros más y quizás generar nuevas «bitcoinetas» en distintas partes del mundo.

Del documental de La Bitcoineta (Instagram).

¿Cómo deciden los destinos para las charlas?

Muchas veces se eligen por cercanía, por concepto. Al principio queríamos tratar de vincularnos con algunos pueblos que quedaban cerca, mientras probábamos la camioneta y entendíamos cuál era el contenido que teníamos que transmitir. Pero después el concepto se amplió e implicaba salir del país y Uruguay era una de las posibilidades más a mano.

También estaba Chile.

En otro momento, el cruce de los Andes tenía una épica pero no nos quedamos sólo con el cruce, sino hacer algún encuentro, alguna charla en cada pueblo por el que pasábamos. O compartir simplemente con gente, siempre es muy importante. Así que los destinos muchas veces se van eligiendo porque nos invitan, y cuando elegimos el punto más lejos al que vamos a ir, tratamos de conectarlo con distintas paradas que justifiquen actividades y encuentros.

¿Qué resultados ven luego de las charlas? ¿Hacen algún seguimiento?

Al ser una iniciativa sin fines de lucro y donde el objetivo es hacer crecer el conocimiento y una comunidad que se pone a disposición, no dedicamos demasiado tiempo a hacer un seguimiento, qué es lo que pasó.

¿Y al revés, la gente los contacta después?

Sí, muchas veces nos contactan y nos cuentan. Y siempre son muy buenas experiencias, porque nunca insistimos en que alguien tiene que usar Bitcoin, sino más bien comentarle qué es Bitcoin y para qué sirve. Y si las personas entienden que eso es una herramienta que los beneficia, pueden elegirlo.

¿Lo eligen?

Sí, también se han dado casos de gente que ha emprendido, incluso plataformas a partir de información que han obtenido en las charlas o inspiración misma, porque encontrarse con La Bitcoineta para alguien que está divulgando en un pueblo, el uso de la tecnología a veces le es muy inspirador para seguir con su labor. Empieza a haber una comunidad y pueden empezar a cobrar en Bitcoins. Y que haya un pequeño ecosistema en sus ciudades, les permite, que una vez que cobran en esa moneda, intercambiarla por bienes y servicios.

En Tierra del Fuego para difundir el bitcoin (Instagram).

¿Cómo solventan los viajes? 

Esta actividad es sin fines de lucro y puede realizarse gracias la colaboración de muchísimas personas de la comunidad. Tenemos gran cantidad de gastos (combustible, alojamiento, hisopados…) y las donaciones que realiza en su mayor parte la Fundación Bitcoin Iberoamérica –que es la que desarrolló este proyecto– son con el objetivo de lograr mayor conocimiento de la tecnología.

¿A qué se dedica la Fundación Bitcoin Iberoamérica?

Son un grupo de personas que se dedican a divulgar bitcoin y realizan conferencias, proyectos como La Bitcoineta y Blockchain for Humanity, todos proyectos de educación, divulgación y crecimiento. Todos los que viajamos en La Bitcoineta creemos en el proyecto, en que Bitcoin es una moneda que es resguardo de valor o que es un activo, y por eso divulgamos. Pero en ningún momento de la gira está en nosotros convencer ni obligar a nadie y eso es algo interesante, que nos ha permitido no decir quiénes son los donantes que están detrás de esta campaña. 

En su paso por Porto Alegre, Brasil (Instagram).

¿Qué mensaje daría, que les llegue a todos, para que se acerquen al mundo Bitcoin?

Creo que lo más importante que transmite La Bitcoineta es que Bitcoin es para todos, porque para comenzar a usarlo solo hace falta bajarse una billetera, aceptarlo a cambio del producto o servicio, o lo que tengas para ofrecer. También es inspirador para quienes hace muchos años vienen desarrollando o apostando sobre esta tecnología, o tratando de contarles a sus amigos qué es.

Los ayuda a seguir divulgando.

El que lo entendió, tiene la confirmación de que no es un loco hablando de algo que solo pasa en internet, sino que somos personas reales compartiendo una tecnología, que al igual que hizo internet en la década de 1990, está transformando algo, para años más tarde transformar del todo la forma de vincularnos, de comunicarnos y en este caso, de ser soberanos con nuestro valor.

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