“Si eliminan PAMI, será un genocidio de 5.000.000 de personas”

Osvaldo Barreñada, dirigente de UTI, gremio de origen del organismo, revela detalles acerca del Programa de Asistencia Médico Integral que deben conocerse.

Osvaldo Barreñada, Secretario General de UTI.

Osvaldo Barreñada, Secretario General de UTI.

Por Nicolás Avellaneda

Por su ley de creación, el mal llamado PAMI nunca fue ni es ahora un organismo estatal. Su personal está regido por la misma Ley de Contrato de Trabajo que contempla a todos los trabajadores de la órbita privada.

Cualquiera de ellos puede ser despedido con el solo envío de un telegrama y, lo más importante, el dinero del PAMI no es del Estado. Muy al contrario, la caja de la mayor obra social de América Latina y el Caribe (cuenta con casi cinco millones de afiliados) suele ser una tentación para cada gobierno de turno.

Un poco de historia

Su nombre deriva de la denominación de un programa que se aplicó en los comienzos del organismo, a principios de los años 70, bajo la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse y por iniciativa del ministro de Bienestar Social de entonces, Francisco Manrique, verdadero impulsor y creador del organismo.

Aquel programa se había denominado Programa de Asistencia Médico Integral (PAMI, según la sigla) y era apenas una parte de la gestión del Instituto a favor de los jubilados y pensionados. Como el nombre del programa era muy largo, el común denominador comenzó a utilizar la sigla, primero, para denominar al programa.

En tanto, en las farmacias que iban adhiriendo al sistema, se exhibía la siguiente leyenda en las vidrieras: “Se atiende PAMI”. Muy poco tiempo después, lo que era el nombre de un programa inicial de atención, pasó a ser el nombre de todo un organismo.

Pero aquel PAMI (Programa de Atención Médica Integral) que empezó con muchos menos servicios y afiliados que los que hoy tiene, fue creciendo y creciendo. Con el paso del tiempo se fueron agregando prestaciones y también categorías de afiliados.

Hoy, el PAMI no sólo atiende a jubilados y pensionados de diversas categorías, sino que también a discapacitados de toda edad e incluso a los veteranos de la guerra de Malvinas. Así, las prestaciones del organismo amparan a casi 5.000.000 de personas.

Osvaldo Barreñada, Secretario General de UTI.
Osvaldo Barreñada, Secretario General de UTI.

Dos mil bajas en el personal

Muchas veces hay quejas en relación a la atención dispensada por el PAMI como asimismo respecto de la calidad de sus servicios. Es cierto que en numerosas oportunidades la atención no es buena. Tan cierto como que también hay fallas en el nivel de más de un servicio.

Sin embargo, y para empezar con la calidad de la atención, debemos señalar que para todo ese universo de afiliados, el PAMI cuenta, apenas, con alrededor de 13 mil empleados (eran 15 mil pero dos mil de ellos se jubilaron y nunca fueron reemplazados).

Pareciera una excusa sin sentido. Está claro que estos cinco millones de afiliados no recurren al organismo ni el mismo día ni a la misma hora. Sin embargo, hay que aclarar que de esos 13 mil empleados la gran mayoría son lo que en la jerga se denomina “efectores”.

Se trata de médicos, enfermeras, terapistas de todas las disciplinas existentes, choferes y auxiliares de ambulancia y otras varias disciplinas, por lo cual, el sector administrativo -en el cual se engloba al personal de atención al público-, es más reducido. De allí que en las agencias del organismo haya siempre muchos afiliados esperando ser atendidos.

“Es que como siempre digo, al PAMI, que no es estatal sino que se sostiene con los aportes de los trabajadores activos y de los propios jubilados, no le sobra gente, le falta”, afirma Osvaldo Barreñada, titular de UTI, gremio de origen del organismo, y el que más afiliados posee entre todos los que tienen representación paritaria.

Tucumano, uno de los muy pocos dirigentes históricos del gremio que aún siguen en actividad, reelecto hace poco más de un año al frente de la entidad gremial, no duda en afirmar que el organismo al que pertenece desde hace más de 30 años debiera tener más empleados.

Ignorancia y mala intención

“Lo que ocurre es que la generalidad de la gente no tiene ni idea de todos los servicios que prestamos“, dice Barreñada, y agrega que “no existe una sola obra social que cubra todos los servicios que cubrimos nosotros. Nadie te va a dar una silla de ruedas, ni un marcapasos, ni una cama ortopédica, ni una prótesis de cualquier tipo sin cargo, como el PAMI lo hace”.

Barreñada subraya que “así como no se tiene en cuenta eso, tampoco se consideran todas las actividades sociales que se organizan para nuestros afiliados. Por eso me molesto cuando se critica al PAMI o a sus trabajadores, porque se critica desde la ignorancia, desde el desconocimiento y, a veces, también desde la mala fe”.

Orgulloso del organismo que integra y del gremio que conduce, el dirigente no niega problemas pasados ni acciones cuestionables, pero aclara que “a veces sonrío cuando me vienen con determinados reclamos, porque algunos parecieran no entender que nosotros no gestionamos. Ni como trabajadores, ni como entidad gremial”.

“En UTI defendemos la estabilidad laboral, las condiciones de trabajo, el salario… Pero no podemos ser, ni lo somos, responsables de las decisiones que adoptan los interventores de turno. Yo, como dirigente, debo intervenir y lo hago ante una decisión injusta o arbitraria que afecte a un trabajador del PAMI”, marca el dirigente.

Hace un tiempo resurgieron algunas voces que, con un inocultable deseo de que ello ocurriera, aludían al “ajuste” que afectaría al PAMI, esto en el marco del recorte de gastos en el área estatal. Por esos días, UTI publicó de inmediato un comunicado que aclaraba la cuestión.

Barreñada decidió volver a hablar del tema como para que a nadie le quede alguna duda al respecto: “el Estado no aporta ni es dueño del PAMI, por lo que las versiones periodísticas que hablen de que la entidad es o debe ser parte del plan de ajuste impuesto por el FMI, son incorrectas y malintencionadas”.

PAMI

En todos los rincones del país

A diferencia de otros organismos públicos -sin duda por la gran defensa de la fuente laboral que realizó y realiza permanentemente la dirigencia de UTI-, en el PAMI no se produjeron en todo este tiempo despidos masivos. Sin embargo, de todos modos hubo y sigue habiendo un ajuste de personal de modo casi encubierto.

¿Cómo? Barreñada lo explica: pasa que desde 2015 a la fecha se han jubilado más de 3.000 compañeros y ninguno de esos puestos ha sido cubierto por nuevos trabajadores”.

Es que desde 2015 a la fecha no se han producido incorporaciones en la planta del organismo que atiende a los jubilados y pensionados del país. Así, la falta de personal repercute directamente en la atención a los afiliados.

Barreñada lo confirma, y con todas las letras: “sí, somos pocos, falta personal. Porque, aparte de todo esto que acabo de señalar, el PAMI está en todos los pueblos de la Argentina; es el único organismo público que está en todos los pueblos. El PAMI está donde no están ni la ANSES, ni el Banco Nación ni ninguna otra entidad pública de alcance nacional”.

“Ahora, cuando nos critican por las demoras en la atención y los turnos que se dan para dentro de uno, dos o tres meses, o por la falta de insumos, son críticas injustas, porque nada de eso es responsabilidad de los empleados de PAMI, sino de la gestión”, insiste.

El dirigente de UTI alude a “la gestión” y se refiere, obviamente, al gobierno de turno que tiene intervenido al organismo, al igual que todos los gobiernos anteriores. Y la expresión de Barreñada ya ni siquiera es una queja o una acusación, sino un simple dato de la realidad.

“Cualquier gestión, de cualquier signo, que no gestione bien, nos lleva a los trabajadores del PAMI a vivir situaciones incómodas, y a la vez problemáticas para el afiliado. Es que cuando la prestación no es la correcta, sufrimos nosotros”, reconoce.

“¿Por qué sufrimos? Porque tenemos que afrontar las quejas justificadas y a veces violentas de los afiliados o sus familiares, y también sufren ellos al ver cómo se dilata la llegada de un turno o de algún elemento. Usted imagínese. Viene alguien a solicitar un marcapasos y nosotros le decimos que venga dentro de un mes… Y bueno, ese alguien -afiliado o familiar- nos va a querer matar…”, narra.

Sin embargo, y a pesar de tantos sinsabores y contratiempos, Barreñada sabe que el PAMI es imprescindible, y lo dice: “a quienes quieren hacer desaparecer el PAMI hay que advertirles que, si eso ocurriera, se cometería un genocidio con cinco millones de personas”.

“Las prepagas no los aceptarían -además de que la gran mayoría no podría pagarlas- y el sistema público de salud, que ya está al límite, terminaría absolutamente colapsado. Así que el mensaje es: al PAMI hay que mejorarlo, no eliminarlo”, define el dirigente de UTI.

Para Barreñada, “al PAMI hay que dejarlo que se solvente solo como lo hace, pero sin sacarle toda la plata que se le saca por año. Y a nosotros, simplemente, permitirnos hacer nuestro trabajo”.

“Es un trabajo que nos gusta y que hacemos a conciencia por varias razones, pero principalmente porque, además de que todos tenemos algún jubilado o pensionado en nuestra familia, como escribiera (Joan Manuel) Serrat alguna vez, ya sabemos que “todos llevamos un viejo encima”, recuerda.

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